San Anastasio de Persia, originalmente llamado Magundat, fue un soldado persa que se convirtió al cristianismo y sufrió el martirio en el año 6281,2,3. Su conversión se produjo después de que el rey Cosroes llevara la Santa Cruz de Jerusalén a Persia, lo que despertó su curiosidad y lo llevó a buscar información sobre la fe cristiana3. Tras su conversión, Magundat dejó el ejército y se hizo monje en Jerusalén, adoptando el nombre de Anastasio3.
Después de siete años de estricta observancia monástica, Anastasio sintió el impulso del Espíritu Santo para buscar el martirio3. Viajó a Cesarea, entonces bajo dominio persa, donde reprochó a sus compatriotas su práctica de la magia y el culto al fuego, prácticas que él mismo había ejercido anteriormente3. Fue arrestado y cruelmente torturado para que abjurara de su fe3.
Finalmente, Anastasio fue llevado cerca del Éufrates, a un lugar llamado Barsaloe o Bethsaloe3. Allí, sus sufrimientos se renovaron, y se le prometieron los más altos honores al servicio del rey Cosroes si renunciaba al cristianismo3. Sin embargo, Anastasio se mantuvo firme en su fe, declarando que despreciaba la pompa del mundo y que las riquezas de un rey mortal no eran tentación para él2. Fue golpeado sin piedad con bastones, y en un tormento posterior, le colocaron una pesada viga sobre las piernas, aplastando la carne hasta el hueso2. Su tranquilidad y paciencia asombraron a sus verdugos2.
Finalmente, Anastasio y otros sesenta y seis cristianos fueron estrangulados y decapitados el 22 de enero de 6282,3. Su cuerpo fue arrojado a los perros, pero estos no lo tocaron2,3. Posteriormente, los cristianos lo rescataron y lo depositaron en el monasterio de San Sergio, que más tarde fue llamado Sergiópolis (actual Rasafa, en Irak)2. Sus reliquias fueron trasladadas a Palestina, luego a Constantinopla y finalmente a Roma, donde fueron consagradas en la iglesia de San Vicente2,3. Por esta razón, San Anastasio de Persia y San Vicente son celebrados juntos en una misma fiesta2. El Séptimo Concilio General, convocado contra los iconoclastas, utilizó la imagen milagrosa de este mártir, conservada en Roma, como prueba del uso de las imágenes sagradas2.
