La enciclopedia católica en español

San Andrés Apóstol

San Andrés Apóstol fue uno de los Doce Apóstoles de Jesucristo, hermano de Simón Pedro y uno de los primeros discípulos llamados por el Señor. Los Evangelios lo presentan como pescador de Galilea, discípulo de Juan el Bautista y testigo privilegiado de algunos momentos de la vida pública de Jesús. La tradición cristiana lo venera como evangelizador del mundo griego y mártir en Patras, aunque varios detalles de su actividad misionera, de su muerte y de la forma de su cruz pertenecen a la tradición hagiográfica y no poseen el mismo grado de certeza que los datos conservados en el Nuevo Testamento.

Martirio de San Andrés
Ver información de la imagenMartirio de San Andrés, c. 1540. Galería online, Museo del Prado, Juan Correa de Vivar, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreSan Andrés Apóstol
CategoríaPersona
Descripciónfortaleza, valor
TítuloApóstol, Protocleto
Lugar de NacimientoBetsaída
Lugar de MuertePatras, Acaya
Año de Muerte60
Atributoscruz decusada (X), redes de pescador, peces, libro evangélico
Contexto HistóricoPrimer siglo, persecución bajo el reinado de Nerón
EnseñanzasEscocia, Rusia, Grecia, Patras y numerosas ciudades, parroquias y asociaciones vinculadas a la pesca y la navegación
Fecha30 de noviembre
Fecha de Trasladosiglo IV
ImportanciaUno de los Doce Apóstoles, primer llamado (Protocleto), evangelizador del mundo griego, mártir, figura clave en la relación ecuménica entre Roma y Constantinopla
Lugar de OrigenGalilea
Lugar de TrasladoConstantinopla; posteriormente Amalfi
OcupaciónPescador
Personas RelacionadasSimón Pedro (hermano), Juan el Bautista (maestro), Papa Benedicto XVI (comentario doctrinal)
TipoSanto

Tabla de contenido

Identidad y significado de su nombre

El nombre Andrés procede del griego Andreas, relacionado con andreia, término que expresa fortaleza, valor o condición varonil. Su presencia en una familia judía de Galilea refleja el ambiente cultural plural de aquella región, donde convivían las tradiciones religiosas de Israel con la lengua y la cultura griegas.1

Andrés aparece en el Nuevo Testamento como hermano de Simón Pedro. Ambos procedían de Betsaida, localidad situada junto al lago de Genesaret, y ejercían el oficio de pescadores. Más adelante, los Evangelios relacionan también su actividad familiar con Cafarnaún, donde ambos hermanos tenían una casa.1

La tradición litúrgica griega le otorga el título de Protocleto, es decir, «el primer llamado». Este título nace de la presentación que hace el Evangelio según san Juan: Andrés figura entre los primeros discípulos que siguieron a Jesús después de escuchar el testimonio de Juan el Bautista. La expresión no pretende establecer una jerarquía independiente respecto de Pedro, sino subrayar la prontitud con la que Andrés acogió a Cristo y condujo a su hermano hasta él.2

Andrés en el Nuevo Testamento

Origen y oficio

Los Evangelios identifican a Andrés como hijo de Jonás o Juan y hermano de Simón Pedro. Mateo y Marcos lo presentan junto a Pedro, echando las redes en el mar de Galilea. Jesús los llamó con estas palabras: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres». Ambos abandonaron las redes y siguieron al Señor.1

El oficio de pescador no constituye un detalle meramente biográfico. En la llamada apostólica, Jesús transforma una actividad cotidiana en una imagen de la misión evangelizadora. Andrés conocía el lago, las redes, la espera y el esfuerzo comunitario. Cristo tomó esa experiencia y la orientó hacia una tarea nueva: reunir a los hombres en la comunión del Reino de Dios.

Discípulo de Juan el Bautista

El cuarto Evangelio ofrece el relato más desarrollado sobre el primer encuentro de Andrés con Jesús. Antes de seguir al Señor, Andrés había sido discípulo de Juan el Bautista. Cuando Juan señaló a Jesús como el Cordero de Dios, Andrés y otro discípulo comenzaron a seguirlo. Jesús les preguntó qué buscaban y los invitó a acercarse a su morada. Ellos permanecieron con él aquel día.2

El relato presenta a Andrés como un hombre en búsqueda, atento a la palabra profética y dispuesto a reconocer la acción de Dios. Su discipulado nace de la escucha. Juan el Bautista no retiene a sus discípulos para sí: los conduce hacia Jesús, y Andrés responde inmediatamente a ese testimonio.

Andrés conduce a Pedro hasta Jesús

Después de encontrarse con Cristo, Andrés buscó a su hermano Simón y le anunció: «Hemos encontrado al Mesías». A continuación, lo llevó hasta Jesús. Este episodio constituye uno de los rasgos más característicos de la figura apostólica de Andrés: encuentra a Cristo y conduce a otros hacia él.2

El Evangelio atribuye a Jesús la transformación del nombre y de la misión de Simón, que recibió el nombre de Pedro. Andrés no ocupa aquí el centro de la escena; su servicio consiste en facilitar el encuentro entre su hermano y el Mesías. La tradición espiritual ha visto en este gesto una imagen de la evangelización discreta: el apóstol puede actuar de manera decisiva sin buscar protagonismo.

La llamada definitiva

Los Evangelios sinópticos narran una llamada posterior y más solemne. Mientras Andrés y Pedro trabajaban como pescadores, Jesús los llamó a seguirle de forma estable. Ellos dejaron las redes y comenzaron una vida enteramente dedicada al anuncio del Evangelio.1

Conviene distinguir los dos relatos evangélicos. El Evangelio según san Juan describe el primer contacto de Andrés con Jesús y su reconocimiento del Mesías; Mateo y Marcos narran la llamada pública junto al lago. La diferencia responde a perspectivas literarias y teológicas distintas, no obliga a considerar incompatibles ambos episodios.

Andrés entre los Doce

Andrés perteneció al grupo de los Doce Apóstoles, escogidos por Jesucristo para acompañarle y participar de manera singular en su misión. Los cuatro listados apostólicos del Nuevo Testamento -Mateo, Marcos, Lucas y los Hechos de los Apóstoles- incluyen su nombre. En Mateo y Lucas ocupa el segundo lugar, mientras que en Marcos y en los Hechos aparece en el cuarto.2

Los Evangelios sinópticos lo nombran también cuando Pedro, Santiago, Juan y Andrés preguntan a Jesús en privado acerca de la destrucción del templo y de los acontecimientos últimos. El episodio aparece en el discurso escatológico de Marcos.1

La multiplicación de los panes

El Evangelio según san Juan conserva una intervención concreta de Andrés durante la multiplicación de los panes. Al advertir la necesidad de la multitud, señaló que un muchacho llevaba cinco panes de cebada y dos peces, aunque reconoció la desproporción entre aquellos alimentos y el número de personas reunidas.1

La observación de Andrés combina realismo y apertura a la acción de Jesús. Él ve la insuficiencia de los recursos humanos, pero presenta a Cristo lo poco que existe. La tradición cristiana ha leído este gesto como una enseñanza sobre la colaboración apostólica: el discípulo no produce por sí mismo el milagro, pero ofrece a Jesús los medios humildes que tiene a su alcance.

Los griegos que desean ver a Jesús

Poco antes de la pasión, algunos griegos que habían acudido a Jerusalén con motivo de la fiesta pidieron a Felipe: «Señor, queremos ver a Jesús». Felipe comunicó la petición a Andrés, y ambos acudieron después al Señor.1

Este pasaje posee un significado teológico especial. La llegada de aquellos griegos anticipa la apertura universal del Evangelio. Andrés aparece nuevamente como mediador de un encuentro: primero llevó a Pedro hasta Cristo y después participó en la presentación ante Jesús de quienes procedían del mundo no judío.

Actividad apostólica después de Pentecostés

Datos históricos y tradición posterior

El Nuevo Testamento ofrece muy pocos datos sobre Andrés después de la resurrección de Jesucristo. Los Hechos de los Apóstoles lo incluyen en la lista de los discípulos reunidos en Jerusalén, pero no narran de forma individual sus viajes ni sus actividades misioneras. Las cartas apostólicas y el Apocalipsis tampoco añaden noticias biográficas sobre él.1

La tradición antigua atribuyó a Andrés diversos campos de evangelización. Eusebio de Cesarea, siguiendo una tradición relacionada con Orígenes, lo vinculó con Escitia. Otros autores antiguos lo relacionaron con Epiro, Acaya, Grecia, Tracia, Macedonia, Capadocia, Galacia y Bitinia. La variedad de estos testimonios impide reconstruir con seguridad un itinerario completo.1

La tradición más influyente lo considera apóstol de los griegos. El papa Benedicto XVI explicó que, mientras Pedro quedó vinculado en la tradición a la misión universal ejercida desde Roma, Andrés apareció como predicador e intérprete de Jesucristo para el mundo griego. Esta interpretación conserva un valor teológico y eclesial, aunque no permite convertir todos los detalles de los relatos posteriores en hechos históricamente demostrados.2

La tradición de Bizancio

Una tradición medieval sostuvo que Andrés llegó a Bizancio y dejó allí como obispo a san Estaquis, identificado a veces con el personaje mencionado por san Pablo en la Carta a los Romanos. Esta tradición otorgaba a la sede de Constantinopla un origen apostólico comparable al de otras grandes sedes cristianas.

La crítica histórica ha observado que el primer obispo de Bizancio cuya existencia cuenta con una base histórica firme fue Metrofanes, a comienzos del siglo IV. Por ello, la relación directa entre Andrés y la fundación de la Iglesia de Bizancio pertenece al ámbito de la tradición eclesial y no puede presentarse con el mismo grado de certeza que su pertenencia al grupo de los Doce.3

Martirio y muerte

La tradición de Patras

La tradición cristiana sitúa el martirio de Andrés en Patras de Acaya, ciudad portuaria del Peloponeso. Según los relatos hagiográficos, el apóstol sufrió la crucifixión durante el gobierno del procónsul Egeas o Egeates. El antiguo escrito conocido como Pasión de Andrés describe a un apóstol que, incluso suspendido en la cruz, continuaba predicando a la multitud.4

Un testimonio atribuido a Hipólito de Roma relaciona a Andrés con la predicación entre escitas y tracios y con su muerte en Patras. El mismo testimonio habla de una suspensión en un árbol de olivo, detalle que muestra la diversidad de las antiguas tradiciones sobre el modo exacto de su ejecución.5

La fecha litúrgica del 30 de noviembre aparece con gran continuidad tanto en los calendarios latinos como en los griegos. La tradición sitúa habitualmente su muerte hacia el año 60, durante el reinado de Nerón, aunque la fecha exacta no puede establecerse con absoluta seguridad mediante los datos bíblicos.1

Valor histórico de los relatos martiriales

Los relatos de la pasión de Andrés pertenecen a la literatura hagiográfica antigua. Estos textos no funcionan como actas judiciales modernas: combinan memoria martirial, exhortación espiritual, narración edificante y elementos dramáticos. Su finalidad principal consiste en proclamar la fidelidad del apóstol a Cristo y presentar el martirio como testimonio de la fe.

La tradición de Patras posee una recepción muy antigua y extendida, pero algunos historiadores han discutido la solidez documental de determinados detalles. La prudencia exige afirmar con mayor seguridad que Andrés fue uno de los apóstoles y que la Iglesia lo veneró desde antiguo como mártir que precisar todos los pormenores de su ejecución.3

La cruz de San Andrés

La cruz decusada

La cruz de San Andrés, también llamada cruz decusada o saltire, presenta dos maderos cruzados en forma de aspa o de letra «X». El término decusada procede de la semejanza con el signo romano de la cifra diez. La tradición la relaciona con el martirio del apóstol, cuyos miembros habrían quedado sujetos a los cuatro brazos de la cruz.6

La identificación entre Andrés y la cruz en forma de aspa no aparece con claridad en los testimonios más antiguos. La tradición parece consolidarse especialmente a partir de la Edad Media, y algunos estudios históricos sitúan su difusión iconográfica en época relativamente tardía, desde el siglo XIV.1

Por tanto, una representación de San Andrés con la cruz decusada comunica una tradición cristiana venerable, pero no constituye por sí sola una prueba histórica de la forma exacta de su martirio.

La cruz como signo de humildad

La cruz decusada no debe interpretarse únicamente como un instrumento de ejecución. Dentro de la espiritualidad cristiana, también expresa la humildad del apóstol ante la cruz de Cristo. La tradición cuenta que Andrés habría pedido una cruz distinta de la de Jesús porque no se consideraba digno de morir de la misma manera que su Señor. La disposición diagonal de los maderos recuerda así que el discípulo no ocupa el lugar del Maestro.

Esta interpretación aparece en la antigua Pasión de Andrés, donde el apóstol saluda la cruz como el instrumento que recibió la belleza de los miembros de Cristo y que conduce al discípulo hacia su Maestro.2

La cruz decusada expresa, por ello, una doble realidad:

  • Martirio: Andrés entrega su vida por la confesión de Jesucristo.
  • Humildad: el apóstol reconoce que su gloria procede de Cristo y que no puede equipararse a él.
  • Configuración con el Redentor: la muerte del discípulo participa de la entrega del Señor sin confundirse con el sacrificio único de Cristo.
  • Esperanza cristiana: la cruz deja de ser únicamente signo de sufrimiento y se convierte en camino hacia la vida eterna.

Benedicto XVI presentó esta espiritualidad como una enseñanza aplicable a todos los cristianos: las cruces personales adquieren su sentido pleno cuando quedan iluminadas por la cruz de Cristo. El sufrimiento no posee valor salvador autónomo, sino en cuanto participa de la entrega redentora de Jesucristo.2

Traslado y veneración de las reliquias

La tradición afirma que las reliquias de Andrés fueron trasladadas desde Patras a Constantinopla durante el siglo IV, en tiempos del emperador Constancio II, y depositadas en la iglesia de los Santos Apóstoles. Después de la conquista de Constantinopla por los cruzados en 1204, parte de las reliquias llegó a Italia y quedó vinculada a la catedral de Amalfi.3

La historia de las reliquias refleja la compleja relación entre memoria apostólica, culto litúrgico y cambios políticos en el Mediterráneo cristiano. Constantinopla conservó durante siglos un vínculo privilegiado con Andrés, mientras que Amalfi se convirtió en uno de los principales centros occidentales de su veneración.

La tradición ortodoxa y la católica han conservado una especial estima por estos restos, aunque las vicisitudes históricas de las reliquias aconsejan distinguir entre la veneración eclesial y la posibilidad de verificar científicamente cada traslado antiguo.

Culto litúrgico

La Iglesia católica celebra la memoria litúrgica de San Andrés el 30 de noviembre. En el calendario romano, su celebración tiene rango de fiesta. Su nombre aparece en la plegaria eucarística romana junto al de los demás apóstoles y vuelve a figurar en la oración que sigue al Padrenuestro.3

La liturgia presenta a Andrés como:

  • Apóstol de Jesucristo, elegido entre los Doce.
  • Primer llamado, por su temprana respuesta al Señor.
  • Evangelizador, especialmente vinculado por la tradición con el mundo griego.
  • Hermano de Pedro, signo de la comunión apostólica.
  • Mártir, porque confirmó con la entrega de su vida la fe que había anunciado.

La celebración litúrgica no pretende satisfacer una curiosidad biográfica, sino hacer presente el testimonio de un discípulo que escuchó la llamada de Cristo, condujo a otros hasta él y perseveró hasta el martirio.

Importancia ecuménica

Andrés y Constantinopla

La figura de San Andrés posee una relevancia singular en las relaciones entre la Iglesia católica y el Patriarcado Ecuménico de Constantinopla. La tradición oriental considera a Andrés fundador y patrono de la sede de Constantinopla, mientras que la Iglesia de Roma venera a su hermano Pedro como apóstol vinculado de modo especial a Roma. Esta fraternidad apostólica ofrece un lenguaje común para expresar la relación entre ambas Iglesias.

Benedicto XVI presentó a Pedro y Andrés como hermanos tanto en la vida como en la muerte. Según su interpretación, esa fraternidad posee una dimensión simbólica para las relaciones entre Roma y Constantinopla, llamadas a reconocerse como Iglesias hermanas.2

La fiesta del 30 de noviembre

La celebración de San Andrés facilita cada año contactos entre Roma y Constantinopla. El Patriarcado Ecuménico celebra solemnemente la fiesta del apóstol en Estambul, mientras que una delegación católica participa habitualmente en la celebración. La Iglesia ortodoxa de Constantinopla, por su parte, envía una delegación a Roma para la solemnidad de los santos Pedro y Pablo.

Estos intercambios no eliminan las diferencias doctrinales todavía existentes, especialmente las relacionadas con la primacía del obispo de Roma, la estructura de la comunión eclesial y algunas cuestiones teológicas y canónicas. Sin embargo, expresan una comunión real, aunque todavía imperfecta, basada en la fe apostólica, el bautismo y la veneración de los mismos testigos de Cristo.

Pedro y Andrés como imagen de unidad

La relación entre los dos hermanos contiene una enseñanza ecuménica de gran fuerza. Pedro y Andrés recibieron juntos la llamada de Jesús, compartieron la misión apostólica y entregaron su vida por el Evangelio. La tradición vinculó después a Pedro con Roma y a Andrés con Constantinopla. La memoria común de ambos recuerda que las Iglesias de Oriente y Occidente no poseen orígenes apostólicos rivales, sino una herencia recibida del mismo Señor.

San Andrés cumple así una función simbólica especialmente valiosa: representa el puente entre la tradición apostólica de Roma y la tradición apostólica de Constantinopla. Su figura ayuda a comprender que el diálogo ecuménico no parte de una simple afinidad cultural, sino de una historia cristiana compartida.

Iconografía

Atributos principales

La iconografía cristiana representa habitualmente a San Andrés como un hombre de edad madura, con barba, vestido de apóstol y portador de un libro o rollo que alude a la predicación evangélica. Sus atributos más frecuentes son:

  • La cruz decusada o cruz en forma de aspa.
  • Las redes de pescador.
  • Los peces, en referencia a su oficio y a la llamada de Cristo a ser pescador de hombres.
  • El libro de los Evangelios.
  • La escena del martirio.
  • La predicación desde la cruz, tomada de la tradición hagiográfica.

La iconografía que lo muestra con redes o peces conecta al apóstol con su vida profesional antes de la llamada. La representación no pretende reducirlo a su oficio, sino mostrar cómo Cristo convirtió su experiencia de pescador en signo de la misión apostólica.

La cruz en forma de aspa

La cruz de San Andrés constituye su atributo visual más reconocible. En el arte occidental aparece a menudo apoyada junto al apóstol, sostenida por él o situada detrás de su cuerpo. En las escenas martiriales, puede aparecer atado a ella, de acuerdo con la tradición de que no fue clavado, sino ligado a los maderos para prolongar el suplicio.1

La imagen posee un significado más profundo que la mera identificación del santo. La cruz inclinada presenta a Andrés como discípulo que se entrega enteramente a Cristo, pero que no pretende ocupar el lugar de Cristo. El aspa recuerda visualmente que toda santidad apostólica depende de la cruz del Redentor.

Evolución de la representación

Las primeras representaciones cristianas de la cruz utilizaron formas diversas y, en ocasiones, veladas. La cruz decusada recibió el nombre de cruz de San Andrés por la tradición que vinculó su forma con el martirio apostólico.6

La consolidación tardía de este atributo aconseja evitar una lectura excesivamente literal. El arte sacro transmite la memoria viva de la Iglesia, pero no siempre reproduce una reconstrucción arqueológica exacta. La cruz decusada funciona simultáneamente como símbolo histórico tradicional, emblema del martirio y representación de la humildad apostólica.

Patronazgo

San Andrés es patrono de Escocia, Rusia, Grecia y Patras, además de numerosas ciudades, parroquias y asociaciones vinculadas históricamente a la pesca y a la navegación. También recibe culto particular en comunidades relacionadas con el mundo griego y con la tradición bizantina.

Su patronazgo de Escocia procede de una tradición medieval que vinculó sus reliquias con la localidad que tomó el nombre de Saint Andrews. Según esa tradición, un clérigo llamado Regulo habría trasladado parte de las reliquias hacia el extremo noroccidental de Europa y las habría depositado allí. El relato adquirió gran importancia para la identidad religiosa de Escocia, aunque sus detalles históricos resultan difíciles de verificar.3

La elección de Andrés como patrono de pueblos pescadores y marineros nace de su oficio evangélico y de su relación con el lago de Galilea. Su figura representa el trabajo cotidiano ofrecido a Dios, la confianza en la providencia y la disponibilidad para abandonar seguridades legítimas cuando Cristo llama.

Espiritualidad de San Andrés

La prontitud en la respuesta

Andrés responde con rapidez a la llamada de Jesús. No aparece como un personaje que necesite ocupar el primer plano ni como un líder que busque reconocimiento. Su grandeza consiste en escuchar, acercarse, anunciar y acompañar.

La prontitud de Andrés no significa precipitación irreflexiva. Antes de seguir a Jesús, había buscado la verdad como discípulo de Juan el Bautista. Su respuesta nace de una búsqueda religiosa ya orientada hacia la esperanza de Israel.

La mediación humilde

Andrés llevó a Pedro hasta Jesús y presentó ante el Señor a quienes deseaban verlo. En ambos episodios actúa como mediador humilde. No sustituye a Cristo ni se apropia de la fe de los demás. Su misión consiste en facilitar el encuentro con el Salvador.

La Iglesia contempla en él un modelo para padres, catequistas, sacerdotes, religiosos y todos los fieles que anuncian el Evangelio: la evangelización auténtica conduce hacia Cristo y no hacia la persona del evangelizador.

La ofrenda de lo pequeño

Durante la multiplicación de los panes, Andrés presentó los cinco panes y los dos peces de un muchacho. Aunque consideró insuficientes aquellos recursos, no los ocultó ni los despreció. Los puso ante Jesús.

Este gesto inspira una espiritualidad de la ofrenda. La vida cristiana no exige disponer de medios extraordinarios antes de comenzar la misión. Cristo puede servirse de una palabra sencilla, de un acto de caridad, de una enseñanza humilde o de una fidelidad cotidiana.

El martirio como unión con Cristo

El martirio de Andrés expresa la culminación de su discipulado. La cruz no aparece como una derrota definitiva, sino como la participación del apóstol en la entrega de Cristo. La antigua tradición de la Pasión de Andrés describe su serenidad y su predicación incluso durante el suplicio.4

La doctrina cristiana no glorifica el dolor por sí mismo. La cruz adquiere sentido cuando queda unida al amor de Cristo y a la esperanza de la resurrección. Andrés enseña que la fidelidad apostólica puede exigir sacrificio, pero también que el sufrimiento cristiano encuentra su luz en la Pascua.

Memoria cristiana

San Andrés ocupa un lugar firme en la memoria de la Iglesia por cuatro razones principales:

  1. Fue uno de los Doce, elegido directamente por Jesucristo.
  2. Fue el primer discípulo que condujo a Pedro hasta el Mesías en el relato de san Juan.
  3. Representa la apertura del Evangelio al mundo griego, especialmente dentro de la tradición oriental.
  4. Fue venerado como mártir, con Patras como lugar tradicional de su muerte.

La información bíblica sobre Andrés es breve, pero posee una gran densidad teológica. El apóstol aparece siempre orientado hacia Cristo: escucha su voz, reconoce su identidad, lleva a otros hasta él, presenta ante él las necesidades humanas y finalmente entrega su vida por su nombre.

Conclusión

San Andrés Apóstol encarna la figura del discípulo que encuentra a Jesucristo y conduce a otros hacia él. El Nuevo Testamento ofrece datos seguros sobre su origen galileo, su oficio de pescador, su relación con Pedro, su pertenencia a los Doce y varias intervenciones significativas durante la vida pública del Señor. La tradición posterior lo relaciona con la evangelización de Grecia, con la sede de Constantinopla y con el martirio en Patras, aunque esos elementos requieren una lectura diferenciada entre historia y hagiografía.

La cruz decusada resume su legado espiritual: recuerda su martirio, expresa su humildad ante la cruz única de Cristo y proclama que el discípulo alcanza su plenitud cuando configura su vida con la entrega del Redentor. Su memoria une de modo especial a Roma y Constantinopla, y conserva para toda la Iglesia una llamada a la prontitud, a la humildad evangelizadora y a la fidelidad hasta el final.

Citas y referencias

  1. San Andrés. Enciclopedia Católica, San Andrés (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12
  2. Andrés, el protoclete, Papa Benedicto XVI. Audiencia General del 14 de junio de 2006: Andrés, el «Protoclete», 1 (2006). 2 3 4 5 6 7 8
  3. Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Volumen IV, 455 (1990). 2 3 4 5
  4. Autor desconocido. Los Hechos de Andrés, 1 (260). 2
  5. Sobre los doce apóstoles - dónde predicó cada uno y dónde encontró su fin, Hipólito de Roma. Sobre los apóstoles y discípulos, 2.
  6. Arqueología de la cruz y el crucifijo. Enciclopedia Católica, Arqueología de la Cruz y el Crucifijo (1913). 2
Modificado el 20 de agosto de 2026 • FideScore™ 9.54Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónPermalink: ark:28736/tvgk7qhsv

Logo Wikitólica
Autor:
Artículo supervisado por el Comité editorial de Wikitólica. Las afirmaciones del artículo están basadas y contrastadas usando fuentes catolicas: escritos patrísticos, de santos, artículos teológicos, documentos históricos, actas de concilios, encíclicas, fuentes magisteriales y documentos oficiales de la Iglesia. Proceso editorial →