La riqueza espiritual del grupo procede de la variedad de vocaciones que lo integran. Los 117 mártires no forman una comunidad homogénea: representan a toda la Iglesia local, desde sus pastores hasta las familias cristianas.
Obispos y sacerdotes
Entre ellos hay ocho obispos, responsables de los vicariatos apostólicos y de la atención pastoral de comunidades dispersas. Destacan los dominicos Jerónimo Hermosilla, Valentín Berrio-Ochoa, José María Díaz Sanjurjo y Melchor García Sampedro, junto con los obispos de la Sociedad de las Misiones Extranjeras de París Pedro Rosa Ursula Borie y Esteban Teodoro Cuénot.
El grupo incluye también sacerdotes vietnamitas y misioneros europeos. Los sacerdotes dominicos desarrollaron una labor especialmente significativa en Tonkín, mientras que los miembros de la Sociedad de las Misiones Extranjeras de París atendieron otros territorios misioneros. La colaboración entre clero extranjero y clero autóctono permitió mantener la predicación, la celebración de los sacramentos y la formación de catequistas.,
Dominicos
La Orden de Predicadores está ampliamente representada. Entre sus miembros figuran obispos, sacerdotes, catequistas y terciarios dominicos. Pertenecieron a ella, entre otros, Francisco Gil de Federich, Mateo Alonso Leciniana, Jacinto Castañeda, Jerónimo Hermosilla, Valentín Berrio-Ochoa, José María Díaz Sanjurjo, Melchor García Sampedro y Pedro Almató.,
La presencia dominicana muestra que la misión no dependía solo de los sacerdotes ordenados. Los terciarios y catequistas vinculados a la Orden participaron en la transmisión de la fe y compartieron con sus pastores la prisión, los interrogatorios y la muerte.,
Sociedad de las Misiones Extranjeras de París
La Sociedad de las Misiones Extranjeras de París aportó varios misioneros franceses. Entre ellos se encuentran Francisco Isidoro Gagelin, José Marchand, Juan Carlos Cornay, Francisco Jaccard, Pedro Francisco Néron, Teófanes Vénard y los obispos Pedro Borie y Esteban Cuénot.,
Estos misioneros trabajaron junto a las comunidades locales y dependieron con frecuencia de la ayuda de catequistas y familias vietnamitas. Su martirio no puede entenderse separado del testimonio de los cristianos del país, que los escondieron, alimentaron y ayudaron a desplazarse durante las persecuciones.
Sacerdotes diocesanos, catequistas y laicos
Los mártires vietnamitas incluyen sacerdotes diocesanos, seminaristas, catequistas, terciarios dominicos, soldados, padres de familia y otros fieles. La canonización reconoce así que la evangelización arraigó en el pueblo vietnamita y no quedó reducida a la actividad de misioneros extranjeros.,
Los catequistas desempeñaron una función esencial: instruían a los convertidos, reunían a las comunidades, transmitían oraciones y doctrinas, protegían a los sacerdotes y mantenían la vida cristiana cuando la presencia pública de la Iglesia resultaba imposible. Algunos fueron marcados en el rostro con la expresión que los acusaba de pertenecer a una «falsa religión».
Entre los laicos destaca santa Inés Lê Thi Thành, madre de seis hijos. Su presencia manifiesta que el martirio alcanzó también a mujeres y madres de familia, no solo a quienes ejercían un ministerio eclesiástico.,