Las persecuciones contra los cristianos en Vietnam se intensificaron a partir de mediados del siglo XVIII, extendiéndose hasta bien entrado el XIX. Durante este tiempo, miles de fieles fueron enviados al martirio, muchos de ellos pereciendo en montañas, selvas o regiones insalubres donde habían sido exiliados.1,2
Entre 1745 y 1862, los gobernantes vietnamitas promulgaron edictos draconianos contra la fe cristiana, considerando a los católicos como una amenaza al orden imperial. Se calcula que unos 130.000 a 300.000 cristianos murieron por su adhesión a Cristo. Estas persecuciones afectaron tanto a misioneros extranjeros como a nativos convertidos, incluyendo laicos, sacerdotes y obispos. El grupo de San Andrés Dũng Lạc forma parte de los 96 mártires de nacionalidad vietnamita reconocidos en esta canonización, junto con otros 21 misioneros.1,2

