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San Andrés Kim Taegon y compañeros

San Andrés Kim Taegon y compañeros es la denominación litúrgica de los 103 mártires coreanos canonizados por san Juan Pablo II en Seúl el 6 de mayo de 1984. El grupo reúne al primer sacerdote católico coreano, Andrés Kim Taegon, a Pablo Chong Hasang y a otros 101 cristianos: sacerdotes, misioneros y laicos, hombres y mujeres de distintas edades y condiciones sociales. La Iglesia católica celebra su memoria el 20 de septiembre.1

Les douze martyrs coréens de la Société des Missions Étrangères de Paris
Ver información de la imagenLos doce mártires coreanos de la Sociedad de las Misiones Extranjeras de París. Imagen del libro « Le catholicisme en Corée, son origine et ses progrès », 1924. , c. 1924. Esta imagen ha sido extraída de otro archivo, Paris Foreign Missions Society, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreSan Andrés Kim Taegon y compañeros
CategoríaPersona
DescripciónCorea del siglo XIX bajo el confucianismo y persecuciones contra los católicos
Fecha de Muerte1846
Lugar de MuerteCorea
Canonización6 de mayo de 1984, Seúl
Fecha de Celebración20 de septiembre
FestividadMemoria litúrgica
Importancia EclesialPrimer canonización fuera de Roma; muestra la fe laical y la unidad de la Iglesia coreana con la universal
LugarSeúl
ObservacionesGrupo de 103 mártires coreanos canonizados
Personas relacionadasSan Juan Pablo II
TipoSanto, Martirio

Tabla de contenido

Contexto histórico

La Corea del siglo XIX

Durante el siglo XIX, Corea constituía una sociedad profundamente organizada según los principios del confucianismo, que regulaban la autoridad política, la familia, la educación, los ritos y las relaciones sociales. La posición de cada persona dependía en gran medida de su pertenencia a una jerarquía hereditaria que distinguía a los grupos aristocráticos, los funcionarios letrados, los campesinos, los artesanos y los sectores serviles.

La lealtad al soberano, el respeto a los antepasados y el cumplimiento de los ritos familiares formaban parte del orden público, no solo de la vida privada. Por ese motivo, las autoridades interpretaron determinadas prácticas cristianas -especialmente el rechazo de los sacrificios rituales en honor de los antepasados- como una amenaza simultánea a la religión tradicional, a la autoridad familiar y a la estabilidad política.

El cristianismo también cuestionaba las barreras sociales. La primera comunidad coreana acogió a personas de distintas clases y promovió una fraternidad religiosa que no dependía de la categoría hereditaria. San Juan Pablo II recordó que los primeros cristianos coreanos «despreciaron las diferencias de clase» y fomentaron las vocaciones religiosas.2

Los libros llegados desde China

La fe cristiana llegó a Corea por una vía excepcional. Los intelectuales coreanos recibían libros procedentes de China a través de las embajadas que viajaban periódicamente a Pekín. Entre esas obras científicas, literarias y filosóficas circularon también escritos cristianos, conocidos en Corea como los «Libros de Occidente».

Aquellos textos presentaban la doctrina cristiana, la persona de Jesucristo y determinadas cuestiones de filosofía natural y moral. Algunos estudiosos coreanos comenzaron su acercamiento al cristianismo como una búsqueda intelectual de la verdad y de la palabra de Dios. Posteriormente, esa investigación desembocó en la conversión y en una vida cristiana organizada.2

Origen laical de la Iglesia coreana

Pedro Yi Seung-hun

En 1784, Yi Seung-hun viajó a Pekín, donde recibió el bautismo con el nombre de Pedro. A su regreso, bautizó a otros intelectuales y organizó con ellos la primera comunidad cristiana del país. La Iglesia de Corea nació así antes de la llegada estable de sacerdotes y misioneros extranjeros.3

Este origen distingue a la Iglesia coreana dentro de la historia del catolicismo. La comunidad fue fundada enteramente por laicos, que estudiaron la doctrina, transmitieron la fe, organizaron la oración y buscaron la comunión con la Iglesia universal. San Juan Pablo II calificó esta fundación laical como un hecho único en la historia de la Iglesia.2

Organización de la comunidad

Durante sus primeras décadas, los cristianos coreanos mantuvieron la fe con una asistencia sacerdotal muy limitada. Dos sacerdotes procedentes de China atendieron temporalmente a la comunidad durante la primera mitad de su historia, pero los fieles vivieron largos periodos sin clero propio.2

Los catequistas laicos sostuvieron la evangelización, instruyeron a los nuevos bautizados y mantuvieron unidos a los cristianos dispersos por las persecuciones. La comunidad escribió al obispo de Pekín y al papa para solicitar sacerdotes y una organización eclesial más estable.3

En 1831, la Santa Sede creó el vicariato apostólico de Corea, confiado a la Sociedad de las Misiones Extranjeras de París. Los primeros misioneros franceses entraron clandestinamente en el país a partir de 1836. Entre ellos estuvieron Pedro Felipe Maubant, Santiago Honorato Chastan y el obispo Lorenzo José María Imbert.3

San Andrés Kim Taegon

Infancia y vocación

Andrés Kim Taegon nació en una familia católica coreana. Su familia pertenecía a una tradición cristiana marcada por el testimonio de los mártires y por la transmisión doméstica de la fe. La ausencia de sacerdotes coreanos llevó a la comunidad a buscar la formación de candidatos al sacerdocio.

Kim Taegon fue enviado fuera de Corea para recibir formación sacerdotal. Allí se preparó para regresar a su patria y servir a una Iglesia que todavía vivía en la clandestinidad. Su vocación respondió a una necesidad concreta: ofrecer a los cristianos coreanos un sacerdote nacido de su propia cultura y capaz de conocer sus lenguas, costumbres y dificultades.

Primer sacerdote coreano

Andrés Kim Taegon fue ordenado sacerdote y se convirtió en el primer sacerdote católico coreano. Su ministerio ocurrió en un contexto de vigilancia y persecución. Para entrar y desplazarse por Corea tuvo que actuar con extrema prudencia, ayudando a los misioneros y atendiendo a las comunidades cristianas.

El sacerdote ejerció también tareas de enlace. Facilitó la entrada de misioneros, transmitió información a la jerarquía y colaboró en la organización de las comunidades. La Iglesia naciente necesitaba sacerdotes, pero también personas capaces de afrontar los peligros de las rutas, las detenciones y los interrogatorios.

Arresto y martirio

Las autoridades detuvieron a Andrés Kim Taegon en 1846. Después de sufrir prisión e interrogatorios, murió decapitado por causa de la fe. Su muerte tuvo lugar durante la persecución que afectó a la Iglesia coreana en aquel año.

La Iglesia lo venera como modelo de sacerdote, evangelizador y mártir. Su testimonio une la fidelidad a la Iglesia universal con el servicio a una comunidad local perseguida. Andrés Kim Taegon no aparece aislado de los demás mártires: su santidad forma parte de la respuesta colectiva de una Iglesia sostenida por sacerdotes, catequistas, familias y laicos.

Pablo Chong Hasang

Pablo Chong Hasang fue uno de los principales dirigentes laicos de la Iglesia coreana. Trabajó para consolidar la comunidad, mantener la comunicación con la jerarquía y obtener el envío de sacerdotes. Su actividad ocurrió en una época en la que la Iglesia carecía de estructuras públicas y debía actuar en secreto.

También pertenecía a una tradición familiar vinculada al martirio. Su testimonio muestra que la persecución no afectó solo a sacerdotes o misioneros extranjeros, sino también a dirigentes laicos coreanos que asumieron responsabilidades pastorales en ausencia de clero.

Pablo Chong Hasang murió mártir durante la persecución de 1839. La Iglesia lo honra junto con Andrés Kim Taegon como una de las figuras principales de la primera evangelización coreana.

Las persecuciones contra los católicos coreanos

La persecución de 1791

La persecución de 1791 constituye uno de los primeros episodios decisivos. Pablo Yun y Santiago Kwon fueron ejecutados porque rechazaron ofrecer sacrificios rituales con ocasión de la muerte de familiares. Su actitud expresó la incompatibilidad que las autoridades percibían entre la fe cristiana y los ritos confucianos de veneración de los antepasados.3

Este conflicto no puede reducirse a una simple disputa teológica. En la sociedad coreana, los ritos familiares estaban estrechamente ligados a la continuidad del linaje y a la autoridad de los mayores. La negativa cristiana podía interpretarse como una ruptura del orden familiar y social.

La persecución de 1801

En 1794 llegó a Corea el sacerdote chino Santiago Zhou Wenmo, que encontró aproximadamente cuatro mil fieles. Durante varios años ejerció clandestinamente su ministerio, hasta que fue arrestado y ejecutado el 31 de mayo de 1801.3

La persecución de 1801 golpeó duramente a la comunidad. Muchos cristianos fueron encarcelados, torturados o ejecutados. Tras la muerte del sacerdote, los católicos coreanos permanecieron durante décadas sin asistencia sacerdotal estable, pero conservaron la fe mediante catequistas y reuniones clandestinas.

La persecución de 1827

La persecución de 1827 afectó especialmente a comunidades de la provincia de Jeolla. Algunos cristianos apresados entonces permanecieron durante años en prisión y finalmente fueron ejecutados en 1839. Los registros de los mártires documentan casos de personas detenidas en 1827 y decapitadas doce años después por orden del rey.4

Esta continuidad carcelaria muestra que las persecuciones no siempre consistieron en ejecuciones inmediatas. Las autoridades podían mantener a los cristianos encarcelados durante largos periodos, someterlos a interrogatorios y trasladarlos entre distintas jurisdicciones.

La persecución de 1839, Gihae

La persecución de 1839, conocida como Gihae, comenzó después de la llegada de los misioneros franceses y alcanzó a numerosos fieles coreanos. Las autoridades persiguieron a los sacerdotes y arrestaron a muchos cristianos. El obispo Lorenzo Imbert decidió entregarse para evitar que la búsqueda de los misioneros provocara nuevas detenciones entre los fieles. Pedro Maubant y Santiago Chastan siguieron su ejemplo. Los tres fueron decapitados el 21 de septiembre de 1839.3

La responsabilidad política de esta persecución corresponde al gobierno de la dinastía Joseon en el contexto de 1839. No debe atribuirse anacrónicamente a las autoridades que protagonizaron la persecución de 1866, pues ambas campañas pertenecen a momentos políticos distintos.

La persecución de 1846

La persecución de 1846 coincidió con la actividad de Andrés Kim Taegon. El primer sacerdote coreano fue arrestado, encarcelado y ejecutado. La represión alcanzó también a otros miembros de la comunidad católica y estuvo relacionada con el temor de las autoridades a la presencia de misioneros extranjeros y a los contactos marítimos con potencias occidentales.

Andrés Kim Taegon murió en este contexto y quedó asociado para siempre al año 1846, una de las fechas principales del martirologio coreano. La Iglesia conserva también la memoria de los mártires de las persecuciones de 1791, 1801, 1827, 1839, 1846 y 1866.2

La persecución de 1866, Byeong-in

La persecución de 1866, conocida como Byeong-in, tuvo lugar durante el reinado de Gojong y bajo la regencia del príncipe Daewongun. La represión respondió al aislamiento político de Corea, al temor ante las potencias extranjeras y a la sospecha de que los católicos mantenían vínculos con Francia y otros países occidentales.

Esta campaña no debe confundirse con la persecución de Gihae de 1839 ni con la ejecución de Andrés Kim Taegon en 1846. El grupo canonizado en 1984 incluye mártires de distintas oleadas persecutorias, desde las primeras ejecuciones de finales del siglo XVIII hasta la gran represión de 1866.

Los 103 mártires

Composición del grupo

La canonización reúne a 103 mártires. Andrés Kim Taegon aparece como el primero de la lista y Pablo Chong Hasang ocupa el segundo lugar. El grupo incluye sacerdotes, laicos y diez misioneros franceses pertenecientes a la Sociedad de las Misiones Extranjeras de París; entre estos últimos figuran los primeros obispos de la Iglesia coreana.1

La composición social del grupo resulta especialmente significativa. Entre los mártires hubo personas de origen noble y humilde, hombres y mujeres, dirigentes comunitarios, catequistas, familias enteras y jóvenes. El mártir más anciano tenía 79 años y el más joven, 13.1

Mártires conocidos y mártires anónimos

La Iglesia ha conservado los nombres y las circunstancias de muerte de 103 mártires, pero el número total de cristianos muertos durante las persecuciones coreanas fue mucho mayor. La tradición eclesial calcula en torno a diez mil los mártires coreanos de este periodo.1

La canonización no pretende excluir a quienes no dejaron un nombre documentado. Al contrario, la memoria litúrgica de Andrés Kim Taegon y sus compañeros incluye espiritualmente a muchos cristianos desconocidos que sostuvieron la fe en las cárceles, durante los interrogatorios, en el exilio o en la clandestinidad.

Canonización

San Juan Pablo II canonizó solemnemente a Andrés Kim Taegon, Pablo Chong Hasang y sus 101 compañeros el 6 de mayo de 1984, en Seúl. La celebración tuvo lugar durante su viaje apostólico a Corea y constituyó la primera canonización realizada fuera de Roma.1

La canonización reconoció la heroicidad del testimonio cristiano de una Iglesia que nació sin misioneros permanentes, soportó persecuciones sucesivas y conservó la comunión con el obispo de Pekín y con el papa. La ceremonia presentó a los mártires como hijos de Corea por lengua, cultura y origen, y como padres espirituales de las generaciones cristianas posteriores.5

Espiritualidad del martirio coreano

Fidelidad a Dios y respeto a la familia

Los mártires coreanos no rechazaron la familia ni la sociedad, pero afirmaron que la adoración pertenece exclusivamente a Dios. Su negativa a participar en determinados sacrificios rituales provocó conflictos con las autoridades, que identificaban esos actos con la lealtad familiar y política.

En sus respuestas ante los jueces, varios mártires expresaron que no podían renegar de Dios, Padre de toda la humanidad. Esta convicción permitía comprender la fe cristiana no como una traición a la familia, sino como el fundamento último de la dignidad de cada persona.

Una Iglesia de todos los estados de vida

El martirio coreano alcanzó a clérigos y laicos, nobles y pobres, adultos y niños. Esa variedad refleja el carácter comunitario de la primera Iglesia coreana. La fe no quedó limitada a una élite intelectual ni dependió exclusivamente de los misioneros extranjeros.

Los cristianos compartieron la oración, la catequesis, la ayuda mutua y la búsqueda de sacerdotes. En palabras de san Juan Pablo II, el testimonio de los mártires convirtió su muerte en fermento de una Iglesia viva, formada por discípulos y testigos de Jesucristo.6

El martirio como testimonio pascual

La Iglesia entiende el martirio cristiano a la luz de la muerte y resurrección de Jesucristo. Los mártires no buscaron la muerte por desprecio a la vida, sino que permanecieron fieles cuando renegar de Cristo parecía la única forma de conservarla.

San Juan Pablo II presentó la muerte de los mártires coreanos como un testimonio unido al de Cristo crucificado y resucitado. Su sangre, afirmó, se convirtió en semilla de nuevas generaciones cristianas.7

Culto y memoria litúrgica

La memoria litúrgica de San Andrés Kim Taegon y compañeros se celebra el 20 de septiembre. La fecha recuerda conjuntamente a los 103 santos canonizados y expresa la unidad de su testimonio.

La devoción a estos mártires ocupa un lugar central en la identidad de la Iglesia católica coreana. Su memoria recuerda el origen laical de la evangelización, la fidelidad de las familias cristianas, la entrega de los catequistas y la perseverancia de quienes conservaron la fe sin sacerdotes durante largos periodos.

Importancia para la Iglesia católica

La historia de Andrés Kim Taegon y sus compañeros posee una relevancia que supera el marco nacional coreano. Su caso muestra que una comunidad cristiana puede nacer mediante la búsqueda intelectual de la verdad, la lectura, la conversión de los laicos y la transmisión familiar de la fe.

También manifiesta la universalidad de la Iglesia. Los mártires coreanos fueron principalmente hijos de Corea, pero permanecieron unidos a la Iglesia de Pekín, al papa y a los misioneros llegados de Francia. La Iglesia coreana nació localmente y, al mismo tiempo, vivió desde el principio en comunión católica.

La canonización de 1984 presentó a estos santos como testigos de que el Evangelio puede arraigar en una cultura sin destruirla. El cristianismo entró en diálogo con la tradición intelectual coreana, purificó las prácticas incompatibles con la fe y defendió la dignidad de todos los bautizados. La expansión posterior de la Iglesia católica en Corea quedó vinculada al testimonio de aquellos mártires.2

Citas y referencias

  1. Resumen biográfico, El Dicasterio para las Causas de los Santos. Andrea Kim Taegon e 102 Soci ( 1838-1867) - biografía, 1 (1984). 2 3 4 5
  2. B6 de mayo de 1984, canonización de los 103 mártires coreanos, 3 (1984). 2 3 4 5 6
  3. Corea. Enciclopedia Católica, Corea (1913). 2 3 4 5 6
  4. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: número 2, 2017, 66 (2017).
  5. Papa Juan Pablo II. Andrea Kim Taegon e 102 Soci ( 1838-1867) - homilía, 4.
  6. B6 de mayo de 1984, canonización de los 103 mártires coreanos, 5 (1984).
  7. Papa Juan Pablo II. Andrea Kim Taegon e 102 Soci ( 1838-1867) - homilía, 5.
Modificado el 11 de septiembre de 2026 • FideScore™ 9.51 • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/0tc82w998

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