Antonio nació hacia mediados del siglo III en Coma, localidad de la región egipcia de Fayum, en una familia cristiana acomodada. Murió en el desierto egipcio hacia el año 356. La tradición lo considera fundador del monacato anacorético, aunque antes de él ya había cristianos que practicaban la oración, el ayuno y otras formas de austeridad, tanto en sus hogares como en las afueras de las poblaciones. Su importancia radica, sobre todo, en el impulso que dio a la retirada ascética y en la influencia que ejerció sobre quienes acudieron a él en busca de orientación espiritual.2,1
La fuente antigua principal para conocer su vida es la Vida de Antonio, atribuida a san Atanasio de Alejandría. También transmiten noticias sobre él los Apotegmas de los Padres del desierto y autores cristianos posteriores. La Vida ofrece un retrato espiritual de Antonio propio de la tradición monástica egipcia y combina datos biográficos con una presentación ejemplar de su vocación y su combate interior.1


