Antonio de Sant’Ana Galvão recibió el nombre religioso bajo la forma de Fra Galvão («fra», es decir, hermano franciscano), y en muchos relatos aparece como Antônio de Sant’Anna Galvão. En la tradición posterior se subraya su papel de guía espiritual y su cercanía a quienes acudían a él buscando consejo, consuelo y ayuda en momentos de especial necesidad.1
Además de su ministerio ordinario, se le atribuye una intervención carismática ligada a la devoción mariana, en la que el santo habría indicado el uso de una «medicina» preparada a partir de una invocación del Oficio de la Virgen. Esta práctica quedó asociada a la vida del monasterio y, según la documentación hagiográfica, se transmitiría después entre las comunidades vinculadas a su obra.2
