Orígenes y formación
Antonio María Zaccaría nació en Cremona, Italia, en 15021. Quedó huérfano de padre en la infancia; su madre lo educó en la compasión hacia los necesitados, haciéndolo su almonero1. Tras concluir los estudios en las escuelas locales, fue enviado a Padua para cursar filosofía y, en 1520, comenzó la carrera de medicina en la Universidad de Padua. A los veintidós años obtuvo el título de Doctor en Medicina y regresó a Cremona para ejercer la profesión. Tres años después inició los estudios de teología y recibió la sacerdotalidad en 15281.
Ministerio y obra pastoral
Zaccaría dedicó su vida a obras de caridad, visitando hospitales y prisiones para consolar a los enfermos y a los pobres. Su labor sacramental y su predicación produjeron frutos tan abundantes que sintió la necesidad de ampliar su misión. Se trasladó a Milán, donde ingresó a la Confraternidad de la Sabiduría Eterna y, junto a los sacerdotes Bartholomew Ferrari y Jacopo Morigia, concibió la fundación de una congregación de clérigos seculares destinada a «regenerar y revivir el amor al culto divino y una vida cristiana auténtica mediante la predicación frecuente y la fiel administración de los sacramentos»1.
En 1533, el Papa Clemente VII aprobó canónicamente la congregación bajo el nombre de Clérigos Regulares de San Pablo1, y Zaccaría se convirtió en su primer superior. En Milán fue conocido como apóstol por sus conferencias en iglesias y por predicar en las calles con una cruz en mano, enfocándose en la Pasión y muerte de Cristo y la necesidad de penitencia1.
Reformas y fundaciones adicionales
Angelicales de San Pablo: fundó esta comunidad femenina en Milán para acompañar su obra de reforma moral1.
Devoción de las «Cuarenta Horas»: introdujo esta práctica en Vicenza, fomentando la adoración eucarística continua1.
Movimiento Laical de San Pablo: promovió la participación activa de los laicos en la evangelización, recordándoles la llamada universal a la santidad2.
Últimos años y muerte
En 1536 renunció al cargo de superior y se trasladó a Vicenza a petición del cardenal Ridolfi, donde continuó la reforma moral y la instrucción de comunidades femeninas. Exhausto por sus penitencias y labores, contrajo fiebre durante una misión. Consciente de que su enfermedad sería la última, regresó a su ciudad natal, Cremona, donde recibió los últimos sacramentos en la casa de su madre y falleció pacíficamente a los treinta y siete años1. Su cuerpo permaneció incorrupto durante 27 años después de su muerte1.

