Infancia y formación
Antonio María Zaccaría nació en Cremona, en Lombardía, en 1502. Su padre murió cuando él era pequeño y su madre se ocupó de su educación. Desde niño aprendió a atender a los pobres y a las personas que sufrían, en parte gracias al ejemplo materno y a las obras de caridad en las que ella lo implicó.4
Estudió filosofía en Padua y después cursó medicina en la universidad de esa ciudad. Obtuvo el título de doctor en 1524 y regresó a Cremona, donde ejerció su profesión. A la atención médica añadió pronto una intensa labor de formación cristiana: enseñaba el Evangelio y la doctrina a personas de distintas edades, y visitaba a enfermos y presos pobres para ofrecerles consuelo y ayuda.4,1
Zaccaría inició más tarde estudios de teología y recibió la ordenación sacerdotal en 1528. Como sacerdote, intensificó su actividad pastoral mediante la predicación, la administración de los sacramentos y la atención a quienes padecían enfermedad o pobreza.4,1
Actividad en Milán
Para ampliar su labor, se trasladó a Milán y entró en la Cofradía de la Sabiduría Eterna. Allí colaboró con los sacerdotes Bartolomeo Ferrari y Jacopo Morigia. Los tres compartían el deseo de renovar la vida cristiana y fundaron una nueva familia de clérigos dedicados a la predicación y al servicio pastoral.4,5
La fundación nació en una época marcada en el norte de Italia por guerras, hambre, epidemias y una profunda crisis de la vida religiosa. Zaccaría y sus compañeros buscaron responder a esa situación con una reforma espiritual desde dentro de la Iglesia, dirigida tanto al clero como a los fieles.4,5
El nuevo instituto recibió el nombre de Clérigos Regulares de San Pablo. Su finalidad consistía en reavivar el culto a Dios y promover una vida verdaderamente cristiana mediante la predicación frecuente y la administración fiel de los sacramentos. El papa Clemente VII aprobó canónicamente la congregación en 1533.4,6
Zaccaría fue su primer superior. Predicaba en iglesias y también en las calles, con especial insistencia en la pasión y muerte de Jesucristo, la conversión y la penitencia. Su predicación, dirigida a clérigos y laicos, perseguía una renovación concreta de la vida cristiana, no una reforma limitada a las instituciones.4,5
En 1536 dejó el cargo de superior, que pasó a Morigia, y marchó a Vicenza a petición del cardenal Ridolfi. Allí trabajó en la reforma de las costumbres y ayudó a dos comunidades femeninas a observar con mayor fidelidad su regla. También introdujo la devoción de las Cuarenta Horas, dedicada a la adoración eucarística.4





