Relato tradicional
La Passio de San Apolinaris describe una vida marcada por la predicación, las conversiones y la persecución. Según este relato, los milagros atribuidos al obispo y su anuncio del Evangelio despertaron la hostilidad de los grupos paganos. Sus adversarios lo golpearon y lo expulsaron de Rávena. Después de encontrarlo malherido junto al mar, los cristianos lo ocultaron y cuidaron de él.
La narración cuenta varias expulsiones y regresos a la ciudad. En una ocasión, Apolinaris habría sido obligado a caminar sobre brasas; en otra, sus perseguidores lo habrían golpeado, herido con cuchillos y arrojado a una prisión. También relata que lo enviaron por mar hacia Grecia, donde continuó predicando, antes de devolverlo a Italia.
El episodio final sitúa la agresión en las proximidades de Classe. Tras una nueva paliza, Apolinaris habría sobrevivido durante siete días y anunciado que las persecuciones aumentarían, pero que la Iglesia acabaría triunfando. El Martirologio Romano resume esta tradición presentándolo como un buen pastor que difundió las riquezas de Cristo y adornó la Iglesia de Rávena con el honor del martirio.
Valor histórico de la Passio
La redacción conservada de la vida pertenece, probablemente, a una época posterior a los acontecimientos que narra. Butler sitúa su composición no antes del siglo VII y considera que no existe una razón suficiente para tratar todos sus episodios como una tradición histórica directa.
La hagiografía antigua emplea con frecuencia motivos literarios destinados a expresar la santidad del mártir: curaciones, conversiones multitudinarias, torturas repetidas, expulsiones, intervenciones providenciales y profecías. Estos elementos transmiten una interpretación teológica de la vida del santo, pero no equivalen automáticamente a una crónica moderna.
Por tanto, conviene distinguir dos niveles:
- La tradición antigua presenta a Apolinaris como obispo de Rávena y mártir.
- Los detalles concretos de sus viajes, tormentos, milagros y sucesivos encarcelamientos pertenecen a una narración hagiográfica tardía y requieren una lectura crítica.
Esta distinción no elimina el valor religioso de la tradición. La Iglesia conserva la memoria de los mártires como testimonio de fidelidad a Cristo, aunque la investigación histórica examine con prudencia la forma literaria y la fecha de composición de sus relatos.