Santa Aquilina es una mártir de los primeros siglos del cristianismo, particularmente venerada en las Iglesias Orientales1.
Vida Temprana y Bautismo
Aquilina nació en Biblos, Fenicia, de padres cristianos. Fue bautizada por el obispo local Eutalio. Desde una edad temprana, demostró una fe inquebrantable1.
Martirio bajo Diocleciano
A la edad de doce años, durante la persecución de Diocleciano, Aquilina fue arrestada y llevada ante el magistrado Volusiano. Con gran valentía, confesó su fe cristiana. A pesar de las promesas y amenazas, su constancia no pudo ser quebrantada. Fue golpeada con látigos y finalmente decapitada1.
Actas Posteriores y Tradiciones
Las actas de su martirio, escritas en griego siglos después de su muerte, son consideradas poco fiables, aunque podrían contener un núcleo de verdad histórica1. Según estas narraciones, se le clavaron agujas al rojo vivo en los oídos, lo que la hizo desmayarse y ser dada por muerta. Su cuerpo fue arrojado, pero un ángel la rescató y la sanó completamente. Al día siguiente, se presentó nuevamente ante Volusiano, quien, sorprendido al verla viva, ordenó que fuera encarcelada y decapitada. Sin embargo, Aquilina expiró antes de que la sentencia pudiera ser ejecutada. Se dice que cuando se llevó a cabo la mutilación de su cuerpo ya sin vida, brotó leche en lugar de sangre1. Un passio griego de Santa Aquilina se encuentra impreso en los Acta Sanctorum, volumen III de junio1.

