La obra desapareció durante siglos en su forma independiente, aunque su contenido sobrevivió de manera fragmentaria y adaptada en distintas tradiciones literarias. La recuperación moderna permitió reconstruir una parte considerable de la Apología, pero también obligó a estudiar con cautela las diferencias entre sus versiones.
La versión siríaca
En 1889, J. R. Harris descubrió en el monasterio de Santa Catalina del Sinaí una versión siríaca completa de la Apología. La traducción inglesa publicada posteriormente permitió conocer de nuevo la estructura general y el contenido doctrinal de la obra.
La versión siríaca constituye el testimonio más extenso de la obra atribuida a Arístides. No debe identificarse automáticamente con el original griego: una traducción puede reorganizar expresiones, adaptar términos filosóficos y transmitir variantes producidas durante la copia. Aun así, su extensión la convierte en el principal testimonio para reconstruir el pensamiento del apologista.
La versión griega en Barlaam y Josafat
J. A. Robinson descubrió que amplias partes de la Apología estaban incorporadas a la narración griega de Barlaam y Josafat.
La obra griega, compuesta probablemente por un monje relacionado con el monasterio de Mar Saba a comienzos del siglo VII, fue atribuida durante la Edad Media a san Juan Damasceno, aunque esa atribución no resulta históricamente sostenible.
La narración de Barlaam y Josafat adapta una antigua leyenda relacionada con la vida de Buda y la presenta dentro de un marco cristiano. En ese proceso incorporó la defensa de Aristides, que pasó a circular junto con un relato espiritual de gran difusión.,
La versión griega tiene, por tanto, un doble valor:
- Conserva una parte sustancial de la antigua apologética cristiana.
- Transmite esa apologética dentro de una obra narrativa posterior, con posibles adaptaciones lingüísticas y literarias.
Por esta razón, los investigadores comparan cuidadosamente el texto griego de Barlaam y Josafat con la versión siríaca antes de proponer una reconstrucción del texto original.
Los fragmentos armenios
En 1878, los monjes armenios de la congregación mequitarista de San Lázaro, en Venecia, publicaron una traducción latina de un fragmento armenio de la Apología, junto con una homilía armenia atribuida a Arístides.
Los fragmentos armenios poseen especial importancia porque constituyen un testimonio independiente de la transmisión siríaca y griega. Su extensión reducida impide utilizarlos como una versión completa, pero ayudan a comparar vocabulario, estructura y posibles variantes. También muestran la amplitud geográfica que alcanzó la memoria de Arístides en las Iglesias orientales.
El problema del original
La existencia de testimonios siríacos, griegos y armenios no permite afirmar que cualquiera de ellos reproduzca sin cambios el texto primitivo. El original probablemente fue compuesto en griego, dado el perfil ateniense del autor y su interlocución con la cultura filosófica helénica; pero la reconstrucción actual exige comparar:
- El texto siríaco completo.
- Los pasajes griegos conservados en Barlaam y Josafat.
- Los fragmentos armenios.
- Las referencias de autores antiguos como Eusebio y Jerónimo.
La crítica textual intenta distinguir las palabras de Arístides de las modificaciones introducidas por traductores, copistas y compiladores medievales.