Denuncia y detención
En diciembre de 1854, la fuente hagiográfica indica que Chapdelaine fue denunciado al gobernador mandarín por un familiar celoso de un converso cristiano. Fue arrestado y pasó unos días de gran ansiedad, aunque el mandarín, según la narración, no le hizo daño inicialmente.
En el Dicasterio para las Causas de los Santos, el arco temporal es: llegada a Guangxi a finales de 1854 y arresto en 1856 con tortura y condena a morir.
Un juicio marcado por la firmeza
Cuando el proceso se recrudece, la narración presenta a Chapdelaine respondiendo con valentía ante sus jueces. En un segundo momento, el texto señala que fue ordenado recibir trescientos azotes con un látigo (rattan), que lo dejaron «casi muerto».
El relato añade que, tras los azotes, no se le oyó ni quejarse ni emitir lamento alguno; posteriormente, se recuperó y las autoridades interpretaron el hecho como resultado de un «hechizo», llegando a matar a un perro y esparcir su sangre caliente sobre él para «disipar la magia».
La misma fuente describe que, al ser sometido a otros interrogatorios, fue condenado a muerte.