La denuncia
El 22 de febrero de 1856, un hombre llamado Bai San, pariente de un converso reciente, lo denunció ante el mandarín de Xilin por supuestos disturbios. El tribunal local atravesaba entonces un período de vacaciones, y el nuevo magistrado, Zhang Mingfeng, mostraba una hostilidad abierta hacia los cristianos. Los años de la rebelión Taiping, nacida precisamente en Guangxi, habían sembrado la sospecha contra cualquier comunidad cristiana.,,
Chapdelaine recibió aviso de que se preparaba una redada y se refugió en la casa de un cristiano letrado. El 25 de febrero de 1856 los soldados rodearon la vivienda y lo apresaron junto con varios fieles chinos.,
El interrogatorio
El mandarín lo acusó de fomentar la sublevación y le exigió que renegara de su fe. El misionero se negó y declaró que la religión que predicaba era la verdadera. El Martirologio Romano resume el tormento que siguió: trescientos golpes, encierro en un calabozo estrecho y, por último, la muerte.,
Los verdugos lo golpearon con varas de bambú, lo encadenaron y lo obligaron a permanecer de rodillas con las manos atadas durante una noche y un día. Él se negó además a pagar el soborno que le reclamaban.,,
El suplicio de la jaula
La sentencia lo condenó al suplicio de la jaula, un castigo reservado a los peores criminales: el cuerpo quedaba suspendido en una estructura de madera, con la cabeza asomando por un orificio de la tapa, hasta que el reo moría. Después del tormento, los ejecutores le cortaron la cabeza y la colgaron de las ramas de un árbol grande.,,
Aquel final tuvo lugar a finales de febrero de 1856, y la liturgia lo conmemora cada 29 de febrero. Con él sufrieron también otros cristianos chinos de su comunidad, laicos humildes cuyos nombres la historia de las misiones conserva en parte.,