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San Augusto Chapdelaine, mártir

San Augusto Chapdelaine (en francés, Auguste Chapdelaine; en chino, Mǎ Lài, 馬賴) fue un sacerdote normando de las Misiones Extranjeras de París que dio la vida por Cristo en la provincia china de Guangxi, a finales de febrero de 1856. Granjero en su juventud, coadjutor rural durante siete años y misionero ya entrado en la madurez, entró en un territorio cerrado a los extranjeros para anunciar el Evangelio a una pequeña comunidad de cristianos chinos que carecía de pastor. Denunciado ante el mandarín, sufrió prisión, azotes y el suplicio de la jaula. León XIII lo beatificó en 1900 y Juan Pablo II lo canonizó el 1 de octubre de 2000 entre los 120 mártires de China. La Iglesia celebra a este santo mártir el 29 de febrero, y el 28 en los años no bisiestos.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreSan Augusto (mártir)
CategoríaPersona
Nombre Completo
  • Auguste Chapdelaine
  • Auguste Chapdelaine
  • Mǎ Lài, 馬賴
DescripciónFinales de febrero de 1856
TítuloMártir
Fecha de Nacimiento1814-01-06
Lugar de NacimientoLa Métairie, La Rochelle-Normande, Francia
Lugar de MuerteXilin, Guangxi, China
Nacionalidad
  • Francesa
  • China
SexoMasculino
Cargo EclesialCoadjutor rural, misionero
Estado de VidaSacerdote
Fecha de Beatificación27 de mayo de 1900
Fecha de Canonización1 de octubre de 2000
Fecha de Celebración29 de febrero
Festividad29 de febrero
MartirioSupliciado en una jaula y decapitado por odio a la fe
Miembro de
  • Misiones Extranjeras de París
  • Coutances
OcupaciónSacerdote y misionero
Personas relacionadas
  • León XIII
  • Juan Pablo II
  • Misiones Extranjeras de París
TipoSanto, Sacerdote y misionero, Guangxi

Tabla de contenido

Nombre y distinción de otros santos llamados Augusto

El nombre Augusto procede del latín augustus, «venerable» o «digno de veneración», título que Roma reservó a sus emperadores y que el cristianismo adoptó como nombre de pila. El Martirologio Romano recoge la grafía «Agusto» para este santo, y las fuentes francesas lo citan como Auguste Chapdelaine; en español conviene escribir san Augusto Chapdelaine.

Este mártir no debe confundirse con san Augusto de Bourges, presbítero y abad del siglo VI que murió en paz hacia el año 560 y cuya memoria cae el 7 de octubre. Chapdelaine es el santo de ese nombre que derramó su sangre por la fe: san Augusto, mártir.1,2

Orígenes y vocación

Una infancia campesina en Normandía

Augusto nació el 6 de enero de 1814 en La Métairie, dentro del municipio de La Rochelle-Normande, en la diócesis de Coutances (departamento de la Mancha, Francia). Procedía de una familia cristiana de agricultores normandos, y el trabajo de la tierra llenó su juventud: ayudó a sus hermanos en las labores de la granja hasta cumplir unos veinte años.3,1

El camino al sacerdocio

La vocación al sacerdocio le llegó cuando ya era un joven adulto. Estudió en la Abbaye-Blanche de Mortain y después en el seminario mayor de Coutances. El 10 de junio de 1843 recibió la ordenación sacerdotal y la diócesis lo destinó como coadjutor a la parroquia de Boucey, donde sirvió siete años.3

Durante ese tiempo guardó el deseo de ser misionero. Un sacerdote diocesano que pasa media vida en una parroquia rural y después lo deja todo para partir a tierras desconocidas muestra una madurez poco común: Chapdelaine no buscó aventuras, sino la obediencia a una llamada que había crecido en silencio.

La misión en China

De París a Cantón

El 16 de marzo de 1851 solicitó su ingreso en el seminario de las Misiones Extranjeras de París. El 29 de abril de 1852 embarcó en Amberes rumbo a la misión de Guangdong y Guangxi (entonces Kouang-Tong y Kouang-Si). Los misioneros no llegaban a Guangxi desde hacía más de un siglo, y los cristianos de la región vivían sin sacerdote.3,1

El primer intento de alcanzar su destino fracasó: unos bandidos lo asaltaron y lo despojaron de todo en el camino, y Augusto tuvo que regresar a Cantón.3

Guizhou y Guangxi

En la primavera de 1854 llegó por otra ruta a Guiyang, capital de la provincia de Guizhou, donde estudió la lengua. En diciembre de 1854 entró por fin en Guangxi y alcanzó la aldea de Yaoshan, en el distrito de Xilin, donde halló una comunidad católica de unas trescientas personas. Allí celebró su primera misa el 8 de diciembre de 1854, solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María.3,4

El origen de aquella comunidad conmueve por su sencillez. Un vecino de la provincia se había convertido durante una visita a unos parientes y, de regreso a su aldea, evangelizó a familiares y amigos. Esos cristianos nacidos de la palabra de un laico esperaban un sacerdote que les administrara los sacramentos. Chapdelaine llevó consigo lo necesario para celebrar la Eucaristía y para enseñar el catecismo.1

Primeras persecuciones

Apenas diez días después de su llegada, la autoridad local lo encarceló. El subprefecto de Xilin lo mantuvo preso entre dieciséis y dieciocho días y lo dejó marchar con amenazas. Chapdelaine volvió a Guizhou a comienzos de 1855, pero regresó a Guangxi en diciembre de ese mismo año, convencido de que no podía abandonar a su pequeño rebaño.3,4

Durante aquellos meses entró y salió de la cárcel varias veces según el talante de los funcionarios, y siempre aprovechó cada libertad para atender a los fieles con los sacramentos y la predicación. Sus cartas revelan a un hombre que contemplaba el martirio como una posibilidad cercana y la aguardaba con una serenidad sostenida por la fe, no por la temeridad.2

Arresto, juicio y martirio

La denuncia

El 22 de febrero de 1856, un hombre llamado Bai San, pariente de un converso reciente, lo denunció ante el mandarín de Xilin por supuestos disturbios. El tribunal local atravesaba entonces un período de vacaciones, y el nuevo magistrado, Zhang Mingfeng, mostraba una hostilidad abierta hacia los cristianos. Los años de la rebelión Taiping, nacida precisamente en Guangxi, habían sembrado la sospecha contra cualquier comunidad cristiana.1,5,4

Chapdelaine recibió aviso de que se preparaba una redada y se refugió en la casa de un cristiano letrado. El 25 de febrero de 1856 los soldados rodearon la vivienda y lo apresaron junto con varios fieles chinos.1,5

El interrogatorio

El mandarín lo acusó de fomentar la sublevación y le exigió que renegara de su fe. El misionero se negó y declaró que la religión que predicaba era la verdadera. El Martirologio Romano resume el tormento que siguió: trescientos golpes, encierro en un calabozo estrecho y, por último, la muerte.2,3

Los verdugos lo golpearon con varas de bambú, lo encadenaron y lo obligaron a permanecer de rodillas con las manos atadas durante una noche y un día. Él se negó además a pagar el soborno que le reclamaban.3,5,4

El suplicio de la jaula

La sentencia lo condenó al suplicio de la jaula, un castigo reservado a los peores criminales: el cuerpo quedaba suspendido en una estructura de madera, con la cabeza asomando por un orificio de la tapa, hasta que el reo moría. Después del tormento, los ejecutores le cortaron la cabeza y la colgaron de las ramas de un árbol grande.1,2,5

Aquel final tuvo lugar a finales de febrero de 1856, y la liturgia lo conmemora cada 29 de febrero. Con él sufrieron también otros cristianos chinos de su comunidad, laicos humildes cuyos nombres la historia de las misiones conserva en parte.3,2

El martirio a la luz de la fe

La Iglesia reconoce como mártir al discípulo que acepta la muerte por permanecer fiel a Cristo o a una verdad de la fe. El Concilio Vaticano II enseña que el martirio es un don eximio y la prueba suprema del amor, porque asemeja al discípulo con el Maestro, que aceptó libremente la muerte por la salvación del mundo. El Catecismo de la Iglesia Católica añade que el martirio es el supremo testimonio de la verdad de la fe y que el mártir acepta la muerte con un acto de fortaleza.6,7

Chapdelaine cumple esas notas con claridad. Pudo escapar: un magistrado amable le aconsejó volver a Cantón, y sus amigos le avisaron de la redada. Prefirió quedarse con los suyos, rechazó la apostasía y entregó su vida. Tertuliano, a finales del siglo II, escribió que la sangre de los mártires es semilla de cristianos, y la Iglesia en China ha vivido esa verdad a lo largo de su historia.8

Consecuencias políticas de su muerte

La noticia del martirio tardó meses en llegar a las autoridades francesas. El jefe de las misiones francesas en Hong Kong informó de la muerte el 12 de julio de 1856, y el encargado de negocios de Francia en China, Courcy, presentó una protesta formal ante el virrey de Cantón. El virrey respondió que el sacerdote había quebrantado la ley china al predicar fuera de los puertos abiertos por el tratado de 1844.9

Cuando estalló la Segunda Guerra del Opio, Francia, que había comenzado el conflicto con una neutralidad declarada, se alineó con Gran Bretaña, y el asesinato del misionero sirvió de pretexto para esa decisión. Los tratados de Tianjin (1858) y la Convención de Pekín (1860) pusieron fin a la guerra y concedieron a Francia amplios derechos para la implantación del cristianismo en China.9

La Iglesia mira con serenidad esta circunstancia. Una potencia extranjera aprovechó la sangre del misionero con fines que nada tenían que ver con el Evangelio; esa utilización política no altera la naturaleza del hecho que la Iglesia juzga: Chapdelaine murió por no renegar de Cristo y por haber servido a una comunidad de creyentes, y no por ser agente de ningún Estado.

Beatificación y canonización

El proceso de beatificación comenzó el 24 de septiembre de 1857, bajo el pontificado de Pío IX, apenas año y medio después de su muerte. El 27 de mayo de 1900, el papa León XIII lo declaró beato.3,1

El 1 de octubre de 2000, durante el Jubileo del año 2000, san Juan Pablo II lo canonizó junto a otros 119 mártires de China, muertos entre los siglos XVII y XX. De ese grupo, 87 eran chinos y 33 misioneros extranjeros; había seis obispos, veintitrés sacerdotes, ocho religiosos, siete religiosas y setenta y seis laicos. La Iglesia celebra a todos ellos juntos el 9 de julio, mientras que la memoria propia de san Augusto Chapdelaine se mantiene el 29 de febrero.2,7,10

Culto, reliquias y memoria

La Sala de los Mártires de la sede de las Misiones Extranjeras de París conserva recuerdos y reliquias de san Augusto, entre ellos un mechón de sus cabellos.3

La figura del santo sigue siendo motivo de controversia en la China continental. En 2000, tras la canonización, la prensa oficial cuestionó su santidad. En 2016, las autoridades de la aldea de Dingan (Guangxi) instalaron un diorama y un mural de bronce que presentan al misionero arrodillado ante el magistrado que lo sentenció, y organizaron un concurso de poesía que premiaba el elogio de Zhang Mingfeng. La Iglesia, sin embargo, mantiene su veneración por quien, como tantos misioneros y fieles chinos, entregó su vida en silencio.5

Un modelo para los misioneros de hoy

La vida de san Augusto Chapdelaine ofrece enseñanzas que mantienen su vigencia:

  • Perseverancia en la vocación: los bandidos, las cárceles y las amenazas no le hicieron desistir de llegar hasta su comunidad.
  • Servicio a los pequeños: dedicó su ministerio a una comunidad de unos trescientos campesinos que no tenía sacerdote.
  • Fidelidad hasta el final: rechazó el soborno y la apostasía, y aceptó la cruz con serenidad.
  • Fortaleza evangélica: teniendo la posibilidad de huir, prefirió permanecer con sus fieles.

Los fieles pueden encomendarse a su intercesión por los misioneros, por los cristianos perseguidos y por la Iglesia de China.

Citas y referencias

  1. San Augusto Chapdelaine, mártir. Vatican News, Santo del día, 29 de febrero. 2 3 4 5 6 7 8
  2. Augusto Chapdelaine, Santo. Catholic.net, a partir del Martirologio Romano y de la Archidiócesis de Madrid. 2 3 4 5 6
  3. Auguste Chapdelaine (1814-1856). Instituto de Investigación France-Asie (IRFA), Misiones Extranjeras de París, 0620. 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11
  4. Auguste Chapdelaine. Wikipedia, Biografía (2024). 2 3 4
  5. Cina, un museo esalta gli assassini di un santo cattolico «nemico del popolo». AsiaNews, 11 de julio de 2016. 2 3 4 5
  6. Concilio Vaticano II. Constitución dogmática Lumen gentium, n. 42 (1964).
  7. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2473 (1992). 2
  8. Tertuliano. Apologético, cap. 50 (197).
  9. Auguste Chapdelaine. Wikipedia, Consecuencias diplomáticas (2024). 2
  10. Juan Pablo II. Canonización de 120 mártires de China, 1 de octubre de 2000. Santa Sede.
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