La cuestión de la circuncisión
La expansión de la Iglesia planteó una cuestión decisiva. Algunos cristianos de origen fariseo enseñaban que los paganos convertidos debían recibir la circuncisión y cumplir la Ley de Moisés para alcanzar la salvación. La controversia no era una simple diferencia disciplinar: afectaba a la naturaleza de la salvación cristiana y a la universalidad de la Iglesia.
Pablo y Bernabé discutieron firmemente con quienes defendían esa obligación. La comunidad de Antioquía los envió a Jerusalén junto con otros representantes para consultar a los apóstoles y a los presbíteros. Durante el viaje, anunciaron la conversión de los paganos y provocaron gran alegría entre las comunidades cristianas.
El testimonio apostólico
En Jerusalén, Bernabé y Pablo narraron todo cuanto Dios había realizado entre los pueblos paganos. La asamblea escuchó el relato de los signos y prodigios que acompañaron su misión. Su testimonio poseía una fuerza particular: no presentaban una teoría abstracta, sino la experiencia de comunidades reales que habían recibido el Espíritu Santo y vivían la fe en Cristo.
San Juan Pablo II explicó que, en aquel concilio, Pablo y Bernabé actuaron como testigos de la difusión del Evangelio entre los gentiles, mientras Pedro proclamó la acción de Dios entre los paganos y Santiago expresó la posición de la Iglesia de Jerusalén. La decisión surgió de la convergencia entre la experiencia misionera, el testimonio apostólico y el discernimiento de la comunidad.
La decisión sobre la Ley de Moisés
Pedro afirmó que Dios había purificado el corazón de los paganos por la fe y que no resultaba justo imponerles un yugo que ni siquiera los antepasados de Israel habían podido llevar plenamente. La salvación procede de la gracia del Señor Jesús, no de la circuncisión como condición necesaria para entrar en la Iglesia.
Santiago propuso no imponer cargas innecesarias a los gentiles que se convertían a Dios. La carta enviada a las comunidades paganas estableció algunas normas concretas relacionadas con los sacrificios idolátricos, la unión ilegítima y el consumo de sangre. La resolución confirmó que la circuncisión no constituía requisito para la incorporación de los paganos al pueblo cristiano.
Bernabé desempeñó un papel central en esta resolución por tres motivos:
- Defendió la autenticidad de la conversión de los gentiles.
- Presentó junto con Pablo los frutos de la misión evangelizadora.
- Contribuyó a preservar la unidad de la Iglesia sin convertir las prácticas propias del judaísmo en condiciones universales de salvación.
Su intervención ayudó a formular una verdad fundamental: la Iglesia de Jesucristo está abierta a todos los pueblos y la incorporación a ella acontece por la gracia, la fe y el bautismo, no por la pertenencia étnica ni por la circuncisión.