Bernardino degli Albizeschi nació el 8 de septiembre de 1380, en Massa Marittima, una ciudad de Siena donde su padre, miembro de la noble familia Sienesa de los Albizeschi, era gobernador1,2. Quedó huérfano antes de cumplir los siete años y fue criado con gran esmero por sus piadosas tías y su hija, quienes le proporcionaron una formación religiosa y lo amaron como si fuera su propio hijo1,2.
Desde joven, Bernardino mostró una conducta intachable y un carácter afable. Se destacó en sus estudios en Siena, donde fue enviado por sus tíos a la edad de once o doce años2. A pesar de su carácter jovial, rechazaba cualquier comentario grosero o blasfemo, llegando incluso a confrontar a quienes intentaban inducirlo al vicio2. A los diecisiete años, se unió a la Cofradía de Nuestra Señora, dedicada a prácticas devocionales y al cuidado de los enfermos, y comenzó un régimen de severa mortificación corporal2.
En 1400, cuando la peste asoló Siena, Bernardino se ofreció a hacerse cargo del hospital de Santa Maria della Scala, que había quedado casi sin personal debido a la alta mortalidad. Durante cuatro meses, él y diez compañeros trabajaron incansablemente día y noche, atendiendo a los enfermos y preparándolos para la muerte1,2. Aunque sobrevivió a la plaga, la extenuante labor afectó gravemente su salud, de la cual nunca se recuperaría por completo1,2.
Tras recuperarse de una fiebre que lo postró durante varios meses, Bernardino dedicó catorce meses al cuidado de su tía ciega y postrada, Bartolomea, hasta su fallecimiento2. Libre de ataduras terrenales, buscó la voluntad de Dios a través de la oración y el ayuno, lo que lo llevó a ingresar en la Orden Franciscana2. Recibió el hábito de los Frailes Menores en San Francesco en Siena el 8 de septiembre de 1402, y poco después se retiró al convento Observante de Columbaio, fuera de la ciudad, donde la regla de San Francisco se observaba estrictamente1,2. Fue profeso el 8 de septiembre de 1403 y ordenado sacerdote el 8 de septiembre de 14041,2.

