San Bernardino Realino es recordado en la tradición católica como sacerdote jesuita y modelo de caridad. La biografía oficial de la causa de los santos subraya que, desechados los honores mundanos, se consagró a la atención pastoral de los prisioneros y de los enfermos, y al ministerio de la palabra, así como al servicio del sacramento de la penitencia.1
En una homilía dedicada a los nuevos santos de la Compañía de Jesús, el papa Pío XII presenta a Realino como un hombre cuya santidad no se limita a gestos extraordinarios, sino que se expresa en una fidelidad interior y en una acción apostólica constante, particularmente visible en la humildad del confesionario y en la guía espiritual de quienes buscaban el camino de la salvación.2

