La información histórica sobre San Blas es limitada, y gran parte de lo que se conoce proviene de sus Actas legendarias, que no tienen un valor histórico comprobado, aunque se basan en tradiciones antiguas ligadas a su veneración litúrgica1,4. Se puede asumir con cierta probabilidad que fue obispo y que sufrió el martirio a principios del siglo IV4.
Según estas leyendas, San Blas nació de padres ricos y nobles, recibió una educación cristiana y fue nombrado obispo siendo aún joven1. Antes de su episcopado, se dice que fue médico en Sebastea4. Durante la persecución de Licinio, bajo el gobernador Agrícola, San Blas se retiró a una cueva en las montañas, donde los animales salvajes acudían a él para ser curados de sus enfermedades y heridas, recibiendo su bendición1.
Fue descubierto por cazadores enviados para conseguir animales para el anfiteatro, quienes lo encontraron rodeado de bestias. Asombrado por la escena, lo arrestaron y lo llevaron ante Agrícola1,4. En el camino, se encontró con una mujer pobre cuyo cerdo había sido llevado por un lobo; a la orden de San Blas, el lobo devolvió el cerdo ileso1.
Mientras estaba en prisión, realizó una de sus curaciones más famosas: salvó a un niño que se estaba ahogando debido a una espina de pescado clavada en su garganta1,4. Este milagro es la razón principal por la que es invocado para las afecciones de la garganta1. La mujer cuyo cerdo había sido restaurado le llevó provisiones y velas para iluminar su oscura celda1.
Finalmente, Agrícola lo sometió a torturas, incluyendo azotes y el desgarro de su carne con peines de hierro, instrumentos que se utilizaban para cardar lana1. Después de estos tormentos, fue decapitado1,4,5. Las Actas también mencionan el martirio de siete mujeres junto a él4,5.
