Bonfilio nació alrededor del año 1210 en Florencia, una ciudad próspera del norte de Italia durante la Edad Media, marcada por el auge del comercio y las tensiones entre facciones políticas como güelfos y gibelinos. Como muchos de sus contemporáneos, se dedicó al oficio mercantil, una actividad común entre las familias acomodadas de la época. La tradición hagiográfica lo describe como un hombre piadoso pero inicialmente inmerso en los asuntos mundanos, hasta que una profunda experiencia espiritual lo llevó a replantear su existencia.
En el contexto histórico de Florencia, donde las pestes y las guerras civiles azotaban la sociedad, Bonfilio y sus futuros compañeros comenzaron a reunirse en pequeños grupos de oración. Influenciados por los movimientos penitenciales que surgían en Italia, como el de los flagelantes, estos hombres sentían un llamado a una vida más austera. Bonfilio, en particular, provenía de una familia de comerciantes establecidos, lo que le proporcionaba una posición social cómoda, pero su corazón se inclinaba hacia una búsqueda interior de Dios.

