El llamado a la vida eremítica
Después de ejercer como maestro y confesor, Bruno sintió la urgencia de consagrarse al «único bien que es Dios». En una carta a su amigo Ralph manifestó su anhelo: «¿Hay algo tan bueno como Dios? … Mi alma sedienta clama por el Dios vivo».
Encuentro con San Hugo de Grenoble
En 1084 Bruno y siete compañeros, entre ellos Landuin, solicitaron al obispo de Grenoble, San Hugo, un lugar para vivir en soledad. Hugo, guiado por un sueño que mostraba siete estrellas sobre la «Chartreuse», les concedió un desierto alpino de difícil acceso, cubierto de nieve la mayor parte del año. Allí fundaron la primera comunidad cartusiana.
La primera casa: la Grande Chartreuse
Los primeros monjes construyeron una pequeña capilla y celdas individuales, inspiradas en las lauras de los Padres del desierto. Cada celda servía como lugar de trabajo, oración y descanso, mientras que la comunidad se reunía para la Misa y los Oficios en la capilla. La vida era de extrema pobreza: solo un cáliz de plata en la iglesia, vestiduras ásperas y una dieta basada en pan, agua y vegetales.,