Pietro Angelerio nació en 1215 en la provincia napolitana de Moline, de orígenes humildes1. Desde joven, mostró una inclinación por la vida espiritual, siendo descrito como «diferente»2. A la edad de veinte años, dejó el mundo para vivir como ermitaño en una montaña solitaria, donde construyó una celda tan pequeña que apenas podía estar de pie o acostado2.
A pesar de su deseo de soledad, recibió visitas ocasionales, y algunas personas lo persuadieron para que buscara las órdenes sagradas2. Viajó a Roma, donde fue ordenado sacerdote1,2. En 1246, regresó a los Abruzos, y en el camino recibió el hábito benedictino del abad de Faizola, quien le permitió retomar su vida solitaria2.
Durante cinco años, Pietro vivió en el Monte Morone, cerca de Sulmona2,3. Sin embargo, en 1251, la tala de árboles en la montaña invadió su privacidad, lo que lo llevó a refugiarse con dos compañeros en las zonas más salvajes del Monte Majella2. A pesar de sus esfuerzos por permanecer oculto, sus discípulos lo siguieron2. Después de dos intentos más fallidos de vivir en completa soledad, se resignó a lo inevitable y regresó al Monte Morone, convirtiéndose en el líder de una comunidad de ermitaños2.
Fundación de la Orden Celestina
Pietro dio a sus discípulos una regla estricta basada en la de San Benito2. En 1264, el Papa Urbano IV confirmó la orden, y en 1274, el Papa Gregorio X la reafirmó1,4. Esta congregación benedictina, conocida como los Celestinos o Ermitaños de San Damián o de Morrone, creció significativamente, llegando a tener treinta y seis monasterios y seiscientos religiosos antes de la muerte de Pietro1,4. La administración de la orden seguía un modelo similar al de Cluny, con todos los monasterios sujetos a la Abadía del Espíritu Santo en Sulmona4.
En 1284, cansado de las responsabilidades de gobierno de su orden, Pietro nombró a un vicario llamado Roberto y se sumergió nuevamente en la profundidad del desierto1.

