Heliópolis, llamada Baalbek en la actualidad, era una ciudad de la Siria romana situada al pie occidental del Antilíbano. Durante la Antigüedad tardía conservaba importantes santuarios paganos dedicados a Júpiter, al Sol y a Venus. La implantación del cristianismo en la ciudad fue progresiva y encontró la resistencia de sectores vinculados a las antiguas prácticas religiosas.1
La tradición cristiana identifica a Cirilo como diácono y mártir de Heliópolis. No debe confundirse con otras figuras homónimas, especialmente:
- San Cirilo de Jerusalén, obispo y doctor de la Iglesia, fallecido en el siglo IV.
- San Cirilo de Alejandría, patriarca y doctor de la Iglesia, fallecido en el año 444.
- San Cirilo de Constantinopla, carmelita medieval.
- San Cirilo de Tesalónica, llamado también Constantino el Filósofo, misionero de los pueblos eslavos.
- Cirilo de Escitópolis, monje y hagiógrafo palestinense del siglo VI.
La confusión entre estos personajes aparece ya en la tradición hagiográfica y en antiguos repertorios litúrgicos. El propio desarrollo de la devoción occidental a algunos santos llamados Cirilo favoreció la atribución de escritos, títulos y episodios que pertenecían a personas distintas.2,3



