Heliópolis era una ciudad importante en el ámbito oriental del Imperio romano. En la tradición hagiográfica, san Cirilo queda identificado no por un cargo eclesiástico superior, sino por su condición de diácono: se le llama «St Cyril was a deacon of Heliopolis».1
Este punto es relevante para entender cómo se le recuerda: la figura del diácono encarna, con frecuencia, la cercanía concreta al ministerio pastoral y a la vida ordinaria de la Iglesia, aun cuando en su caso el testimonio termine en el martirio. (Lo que se relata sobre su ministerio concreto no se conserva con detalle, pero su función eclesial sí queda expresada en la fuente.)1
