A partir de su regreso, Columba dedicó aproximadamente quince años a la predicación, la formación de discípulos y la fundación de monasterios. Entre sus establecimientos más importantes figuraron Derry, Durrow y, tradicionalmente, Kells. Estas casas no eran solo lugares de oración: también funcionaban como centros de enseñanza, copia de manuscritos, formación clerical y organización de la vida cristiana.
Derry
Derry fue la primera gran fundación de Columba. El emplazamiento pertenecía a una zona de robledales, circunstancia que dio origen al nombre del lugar. Allí levantó una iglesia y varias celdas para sus monjes y discípulos. La comunidad atrajo pronto a estudiantes tanto clericales como laicos, gracias a la reputación espiritual e intelectual de su fundador.
Columba conservó siempre un vínculo afectivo con Derry. La tradición literaria irlandesa conserva poemas en los que expresa su amor por aquel bosque y por la comunidad que había establecido allí. Durante siglos, Derry continuó siendo una de las principales fundaciones vinculadas a la familia monástica de Columba.
El conflicto por un manuscrito
Una antigua tradición relaciona a Columba con una disputa sobre la copia de un salterio. Su antiguo maestro, san Finniano, poseía un ejemplar que Columba copió para su propio uso. Finniano reclamó la copia, y el asunto llegó ante el rey Diarmaid, quien decidió que el duplicado pertenecía al propietario del libro original. La tradición transmite la sentencia mediante la comparación: «A cada vaca, su ternero; a cada libro, su hijo-libro».
El episodio refleja la importancia que la cultura monástica irlandesa concedía a los manuscritos. La copia de libros constituía una tarea intelectual, religiosa y apostólica, pues permitía transmitir la Sagrada Escritura y los textos litúrgicos a nuevas comunidades.