El nombre de Cornelio aparece asociado a dos figuras diferentes de la historia cristiana.
Cornelio el centurión aparece en el capítulo décimo de los Hechos de los Apóstoles. Era un oficial romano destinado en Cesarea, hombre piadoso que daba limosnas y oraba al Dios de Israel. Pedro acudió a su casa después de recibir una visión que le ayudó a comprender que Dios llamaba también a los gentiles a la salvación. El Espíritu Santo descendió sobre Cornelio y su familia, y Pedro ordenó bautizarlos. Este episodio manifestó que la entrada en la Iglesia no exigía la circuncisión ni la plena incorporación previa a las prácticas rituales de la Ley mosaica.3,4
San Cornelio papa, en cambio, vivió aproximadamente dos siglos más tarde, en el siglo III. Fue presbítero de la Iglesia de Roma y llegó a ser obispo de Roma durante el imperio de Treboniano Galo y Volusiano. Su ministerio estuvo relacionado con la organización episcopal de la Iglesia, la disciplina penitencial y las persecuciones imperiales, no con la primera evangelización de los gentiles narrada en los Hechos. San Jerónimo lo presenta como obispo de Roma, autor de cartas sobre los concilios celebrados en Roma, Italia y África, y defensor de la Iglesia frente a Novaciano.2
La semejanza de los nombres ha provocado confusiones en algunos relatos hagiográficos. La tradición católica distingue claramente a ambos: Cornelio el centurión pertenece a la generación apostólica; Cornelio papa fue un pastor y mártir de la Iglesia romana del siglo III.



