La violencia en Alejandría y la persecución de Decio
Antes de que el emperador Decio promulgara una persecución general contra los cristianos, Alejandría sufrió ataques de una multitud hostil. En una carta dirigida a Fabián, obispo de Antioquía, Dionisio relató la violencia padecida por los fieles: algunos cristianos murieron por negarse a renegar de su fe, mientras otros fueron agredidos y despojados de sus viviendas. Su relato menciona, entre otros, a Metras, Quinta, Apolonia y Serapión.
La persecución de Decio, iniciada en torno al año 250, planteó a las comunidades cristianas una prueba distinta: las autoridades exigían actos de sacrificio a los dioses. Dionisio describió respuestas diversas. Algunos cristianos cedieron por miedo o por presión de sus allegados; otros resistieron durante un tiempo, y otros mantuvieron la fidelidad pese a las amenazas y los tormentos. La experiencia de quienes habían renegado de la fe, conocidos en la tradición cristiana como lapsi-los «caídos»-, originó una difícil cuestión pastoral: qué condiciones debían cumplir para regresar a la comunión de la Iglesia.
Durante esa persecución, Dionisio fue detenido y llevado a un lugar de refugio en el desierto de Libia, desde donde continuó atendiendo a su Iglesia con la ayuda de algunos compañeros. Tras el fin de la persecución pudo volver a Alejandría.
El conflicto con Novaciano y la reconciliación de los penitentes
La readmisión de los cristianos que habían cedido durante la persecución enfrentó a dos criterios pastorales. Novaciano defendía una postura rigorista que negaba a la Iglesia la facultad de reconciliar a quienes hubieran cometido determinados pecados graves. Dionisio sostuvo, en cambio, que la Iglesia debía acoger a quienes pidieran reconciliación con las disposiciones adecuadas, incluso al final de la vida.,
Dionisio también rechazó el cisma promovido por Novaciano. Su preocupación no se limitaba a decidir quién podía recibir la penitencia: afectaba a la unidad de la Iglesia y a la ruptura de la comunión entre los cristianos. En su correspondencia exhortó a Novaciano a abandonar la división y regresar a la unidad eclesial.,
La persecución de Valeriano y el regreso a Alejandría
En tiempos del emperador Valeriano, Dionisio volvió a sufrir el destierro. Ante el prefecto de Egipto, defendió que los cristianos adoraban a un solo Dios y oraban por la paz y la prosperidad de los gobernantes, sin por ello rendir culto a los dioses romanos. Las autoridades lo enviaron a Kephro, en Libia; después de aproximadamente dos años de exilio pudo regresar a su sede, hacia 260.
El retorno no puso fin a las dificultades. Alejandría padeció nuevos disturbios y, más tarde, una epidemia. Dionisio describió el servicio de los cristianos durante la peste, en contraste con la conducta de quienes abandonaban a los enfermos. Presentó la asistencia a los afectados como una forma de caridad que podía llevar a los fieles a arriesgar la propia vida.,