San Efrén nació a principios del siglo IV, alrededor del año 306, en la ciudad de Nisibis, una localidad bajo dominio romano en la región de Mesopotamia1,2. Aunque algunas fuentes sugieren que sus padres eran paganos y que él se convirtió al cristianismo en su juventud, otras afirman que nació en una familia cristiana que le enseñó sobre Cristo desde temprana edad3,2. Se dice que sus padres fueron «confesores» ante el juez, lo que indica que profesaron su fe cristiana en tiempos de persecución3,2. Efrén fue bautizado a la edad de dieciocho o veintiocho años1,2.
Desde joven, Efrén mostró un gran interés por el estudio de las Sagradas Escrituras y se unió al obispo de Nisibis, San Jacobo, quien había establecido una reconocida escuela de exégesis bíblica en la ciudad3,2. Efrén se destacó por sus comentarios diligentes y perspicaces sobre la Biblia, superando las expectativas de su mentor y ganándose el título de «Doctor de los Sirios»3.
Nisibis era una ciudad estratégica en la frontera entre el Imperio Romano y Persia, y Efrén vivió durante un período de constantes conflictos. Participó en la defensa de la ciudad durante los asedios persas en 338, 346 y 350, y sus himnos nisibenos describen los peligros de la ciudad y su eventual rechazo del enemigo1,2. Sin embargo, en el año 363, Nisibis fue cedida a Persia como parte de un tratado de paz, y muchos cristianos, incluyendo a Efrén, optaron por el exilio antes que vivir bajo el dominio persa1,3,2.
Efrén se trasladó a Edesa (actual Sanliurfa, Turquía), la capital de Osroene, donde pasó los últimos diez años de su vida como ermitaño, conocido por su estricto ascetismo1,2. A pesar de su vida solitaria, mantuvo un interés activo en los asuntos de la población de Edesa1.

