La fama de San Efrén se extendió rápidamente por todo el mundo cristiano, desde las iglesias siríacas y bizantinas hasta las romanas,. San Jerónimo lo incluyó en su catálogo de cristianos ilustres, destacando que sus escritos eran leídos públicamente en algunas iglesias después de las Sagradas Escrituras,. Teodoreto de Ciro también elogió su genio poético y su conocimiento teológico.
El «Arpa del Espíritu Santo»
Efrén es célebre por haber introducido el canto sagrado en los servicios públicos de la Iglesia como un elemento importante del culto y un medio de instrucción,. Se le considera el pionero de genio en la poesía siríaca, un maestro a menudo imitado pero nunca igualado. Su maestría en la poesía y la música le valió el sobrenombre de la «lira del Espíritu Santo»,.
Efrén reconoció el potencial de la canción sagrada como una herramienta para la adoración pública, imitando las tácticas de los herejes, como Bardesanes, quienes propagaban doctrinas erróneas a través de canciones populares con melodías atractivas,. Efrén contrarrestó estas enseñanzas revistiendo la doctrina católica con melodía y ritmo, enseñando diligentemente estas composiciones a jóvenes y adultos,. De esta manera, no solo renovó la educación de los fieles en la doctrina cristiana y apoyó su piedad, sino que también contuvo eficazmente la herejía.
Sus himnos, conocidos como madrashe, son canciones compuestas en estrofas, a menudo con un estribillo, y fueron diseñados para ser cantados por coros, incluyendo coros de mujeres,,. El Papa Benedicto XVI destacó que Efrén producía teología en forma poética, lo que le permitía profundizar en la reflexión teológica a través de paradojas e imágenes. Esta fusión de teología y poesía convertía su obra en liturgia y música, haciendo que la verdad divina emergiera claramente en su teología.
Temas Teológicos en su Obra
La vasta obra de San Efrén abarca casi todas las doctrinas eclesiásticas. Sus escritos se pueden agrupar en cuatro categorías: obras en prosa ordinaria (polémicas o comentarios bíblicos), obras en prosa poética, homilías en verso y, la más abundante, himnos.
Algunos de los temas centrales en sus escritos incluyen:
Los misterios de la redención: Efrén anticipó una actitud hacia los sufrimientos físicos de Cristo que no se manifestó notablemente en Occidente hasta San Francisco de Asís.
La Encarnación: Expresó su asombro ante la Virgen María con imágenes inspiradas, describiendo cómo el Señor, el Verbo, el Trueno, el Pastor de todos, entró en ella y se hizo siervo, cordero, humilde y pobre.
La Santísima Trinidad: Con profunda piedad, describe las relaciones intratrinitarias, afirmando que el Hijo está en el Padre «antes de todo tiempo», es «igual al Padre y, sin embargo, distinto de Él»,. Utiliza la imagen del sol, su luz y su calor, unidos en unidad.
La Creación y el Pecado: Para Efrén, la creación es buena, y el mal fue introducido por el diablo y el mal uso de la libertad humana. El mundo, junto con la Sagrada Escritura, es una «Biblia de Dios».
Los Sacramentos: Utiliza el término siríaco rāzā, que en singular significa misterio y en plural (rāzē) se refiere a los sacramentos administrados por la Iglesia.
Efrén era adverso a las definiciones teológicas rígidas, prefiriendo la vía del misterio y el simbolismo. Su teología, aunque poética, estaba firmemente alineada con la ortodoxia nicena, y se refiere a «la gloriosa sínodo», en clara alusión a Nicea,.