Fundación y crecimiento
La localidad de Saint-Gilles, en la actual región francesa de Occitania, creció alrededor del monasterio vinculado a la memoria del santo. Durante la Edad Media, la abadía alcanzó gran prestigio religioso y económico. La fama de las reliquias, los relatos de milagros y la protección atribuida a Egidio atrajeron peregrinos de numerosas regiones europeas.
El culto se difundió ampliamente por Francia, Alemania, Italia, Polonia, Hungría y las islas británicas. Muchas iglesias y monasterios recibieron su advocación, y su figura apareció en manuscritos, poemas y ciclos iconográficos.
Saint-Gilles y el Camino de Santiago
Saint-Gilles formó parte del entramado europeo de santuarios, hospitales y rutas penitenciales que articulaban la cristiandad medieval. La abadía constituía un destino de peregrinación por derecho propio y, al mismo tiempo, quedaba relacionada con los grandes itinerarios que conducían hacia otros centros de devoción, entre ellos Santiago de Compostela.
El Camino de Santiago no fue una única carretera, sino una red de caminos que unía territorios, santuarios y comunidades. Entre los siglos IX y XVI, Compostela recibió innumerables peregrinos procedentes de distintos países; aquellas peregrinaciones poseían simultáneamente una dimensión religiosa, social y caritativa.
Dentro de ese sistema, Saint-Gilles ofrecía al peregrino un lugar de oración ante las reliquias de un santo ermitaño, además de alojamiento, asistencia y contacto con otras rutas de peregrinación. La expansión del culto jacobeo favoreció el intercambio de formas artísticas, prácticas hospitalarias y tradiciones religiosas por toda Europa.
Conviene distinguir, no obstante, entre la abadía de Saint-Gilles, santuario propio de San Egidio, y la tradición de Santiago de Compostela. Saint-Gilles no equivale a la meta jacobea, pero su importancia dentro de la geografía religiosa medieval ayuda a comprender cómo los santuarios europeos estaban conectados por itinerarios de penitencia, comercio, hospitalidad y devoción.
Reliquias y restauración del culto
Durante las guerras de religión del siglo XVI, los custodios trasladaron en secreto parte de las reliquias a Toulouse para protegerlas de la violencia. Esta situación provocó el declive de la peregrinación local. En el siglo XIX, la restitución de una parte importante de los restos y el descubrimiento de la antigua tumba impulsaron de nuevo el culto en Saint-Gilles.
La existencia de reliquias atribuidas a un mismo santo en diversos lugares refleja una práctica habitual de la devoción medieval. La piedad de los fieles veneraba aquellos restos como signos de la continuidad histórica de la santidad, aunque la identificación material de cada fragmento no siempre pueda comprobarse con los criterios históricos actuales.