Infancia y formación
Elredo nació en Hexham, en el norte de Inglaterra, hacia el año 1110. Su padre ejercía como sacerdote y pertenecía al grupo de presbíteros casados todavía existente en algunas regiones inglesas durante los siglos XI y XII. Recibió una educación esmerada, adecuada a su condición social y a las necesidades administrativas de la corte.1
Durante su juventud entró al servicio de David, hijo de santa Margarita de Escocia y futuro rey David I. Elredo vivió en la corte escocesa como compañero del príncipe Enrique y posteriormente ocupó responsabilidades de confianza en la casa real. El monarca llegó a considerar la posibilidad de promoverlo al episcopado, pero Elredo orientó progresivamente su vida hacia la vocación monástica.1,2
La experiencia cortesana le proporcionó un conocimiento directo de la política, la diplomacia y las relaciones humanas. Más tarde, como abad, utilizaría esa formación para tratar con reyes, obispos, nobles y superiores religiosos sin perder el espíritu de humildad y servicio propio de la vida cisterciense.
Ingreso en la abadía de Rieval
Elredo abandonó la corte y entró en la abadía cisterciense de Rieval, situada en Yorkshire. La comunidad había sido fundada en 1131 por monjes enviados desde Claraval bajo la dirección del abad Guillermo, gracias al apoyo de Walter Espec. El monasterio se levantaba en un valle aislado y agreste, junto al río Rye, circunstancia que favorecía la soledad, el trabajo manual y la observancia regular.3
La abadía pertenecía a una orden recientemente fundada, caracterizada por el retorno a una observancia más estricta de la Regla de san Benito. Los monjes practicaban la oración litúrgica, la lectura espiritual, el trabajo, el silencio y una vida sobria. Rieval llegó pronto a reunir una comunidad numerosa y se convirtió en uno de los principales centros cistercienses de Inglaterra.3
Elredo abrazó con intensidad la disciplina monástica. Dedicaba largas horas a la oración y a la lectura, practicaba austeridades rigurosas y procuraba dominar sus afectos mediante la conversión interior. La tradición espiritual vinculada a su vida presenta su entrada en el monasterio como una renuncia costosa, pero también como el descubrimiento de una libertad más profunda al servicio de Dios.4
Maestro de novicios y abad de Revesby
Dentro de Rieval, Elredo ejerció primero como maestro de novicios. En este cargo manifestó una combinación poco común de firmeza y ternura. Su método formativo no se reducía a imponer normas: buscaba comprender la conciencia, las dificultades y el ritmo espiritual de cada monje. La paciencia con la que trataba a los jóvenes religiosos dejó una huella duradera en la memoria de la comunidad.1
En 1143 fue enviado con doce monjes para establecer una nueva fundación cisterciense en Revesby, en Lincolnshire. La misión exigía organizar la vida comunitaria, asegurar los medios materiales de subsistencia y consolidar la observancia monástica en un lugar todavía en proceso de formación. Elredo permaneció allí poco tiempo.1,5
Abad de Rieval
En 1146 o 1147, según las distintas cronologías transmitidas, Elredo fue elegido abad de Rieval. Bajo su gobierno, la comunidad llegó a reunir aproximadamente trescientos monjes. Además de dirigir su propia abadía, desempeñó una función de gran relevancia dentro de la organización cisterciense inglesa, pues otros monasterios acudían a él para resolver asuntos de disciplina, administración y gobierno.1,5
Elredo entendía la autoridad abacial como un servicio espiritual. Su responsabilidad consistía en conducir a los monjes hacia la caridad y la santidad, no simplemente en garantizar el orden externo. La tradición conserva una oración pastoral atribuida a él, concebida como un examen de conciencia sobre los deberes de quien dirige una comunidad numerosa. Este texto muestra la preocupación de Elredo por ejercer el gobierno con prudencia, compasión y responsabilidad ante Dios.5
Los testimonios sobre su carácter describen a un superior exigente consigo mismo, pero cercano con los demás. Walter Daniel, monje de Rieval y uno de sus biógrafos, vivió durante muchos años bajo su autoridad y presentó a Elredo como un hombre afectuoso, paciente y profundamente amado por sus religiosos.5

