En la tradición hagiográfica occidental, san Erasmo aparece como un obispo y mártir cuyo culto se vincula a la ciudad italiana de Formia (en el territorio de la antigua Campania). En el Acta Sanctorum se le describe como obispo de Formia; además, se afirma que en el siglo VI se conservaban sus reliquias en la catedral de dicha ciudad.1
Con el paso del tiempo, la misma figura fue igualmente identificada con la devoción marinera que popularmente se expresó como san Telmo (St Elmo o St Telmo en la tradición textual inglesa que recoge el dato), lo que contribuyó a que en algunos lugares se le invocara como protector en peligros del mar.2,1

