Origen y formación
Esteban Harding nació en Sherborne, en Dorset, Inglaterra, hacia mediados del siglo XI. Recibió su primera formación en la abadía de Sherborne y más tarde estudió en París y Roma. La tradición también relaciona su juventud con un viaje de peregrinación a Roma, durante el cual recitaba diariamente el salterio junto con un compañero.1,3
Su itinerario intelectual combinó el estudio de las ciencias sagradas y profanas con una profunda búsqueda espiritual. El contacto con distintas formas de vida monástica le permitió conocer la situación de los monasterios occidentales y valorar la necesidad de una observancia más austera de la Regla de san Benito.4
Ingreso en Molesme
Al regresar de Roma, Esteban pasó por el monasterio de Molesme, donde conoció a san Roberto, abad de la comunidad. La vida de oración, pobreza y trabajo manual que encontró allí le impresionó profundamente, y decidió incorporarse a los monjes. Pronto se convirtió en uno de los principales colaboradores de Roberto.1,3
Molesme había nacido como una comunidad de orientación eremítica y observancia rigurosa. Con el tiempo, las donaciones y el crecimiento material del monasterio favorecieron una relajación de la disciplina. San Roberto intentó restaurar la austeridad primitiva, pero encontró una fuerte resistencia entre los monjes. Esteban compartió aquella preocupación reformadora y apoyó la búsqueda de una forma de vida más fiel a la Regla benedictina.5
Fundación de Cîteaux
En 1098, san Roberto, san Alberico, Esteban Harding y otros monjes solicitaron autorización a Hugo, arzobispo de Lyon y legado pontificio, para abandonar Molesme y establecer una comunidad dedicada a la observancia estricta de la Regla de san Benito. El grupo llegó a Cîteaux, un lugar solitario y pantanoso de la diócesis de Châlons, y fundó allí el llamado Nuevo Monasterio.1,6,5
La inauguración tuvo lugar el 21 de marzo de 1098, fiesta de san Benito. Roberto asumió el cargo de abad, Alberico ejerció como prior y Esteban desempeñó inicialmente la función de subprior. La nueva comunidad adoptó una vida marcada por la pobreza, la oración, el silencio y el trabajo manual. Los monjes rechazaron los elementos que consideraban incompatibles con la sencillez de la observancia benedictina.6,7,8
La fundación atravesó desde el principio grandes dificultades. El lugar exigía un duro trabajo de desmonte y cultivo, los recursos eran escasos y la comunidad sufrió enfermedades y una disminución progresiva del número de monjes. A pesar de estas privaciones, Esteban y sus compañeros mantuvieron la disciplina que habían adoptado.7




