Origen familiar y formación
Eulogio nació en Córdoba a comienzos del siglo IX, en el seno de una familia de posición acomodada vinculada a la ciudad desde época romana. Tuvo cuatro hermanos y dos hermanas. Su hermano José desempeñó un cargo relevante en la corte de Abderramán II, mientras que Álvaro e Isidoro ejercieron actividades comerciales. Su hermana Anulona recibió educación monástica y acabó abrazando la vida religiosa.1,3
La familia cristiana de Eulogio vivía dentro de una sociedad musulmana que permitía a los cristianos conservar parte de sus instituciones, sus propiedades y su jerarquía eclesiástica, aunque bajo restricciones jurídicas, fiscales y sociales. El culto cristiano podía continuar, pero la comunidad mozárabe carecía de plena igualdad civil y afrontaba límites para la predicación y la conversión de musulmanes.1,3
Eulogio recibió su primera educación junto al clero vinculado a la iglesia de San Zoilo, en Córdoba. Más tarde estudió con el abad Speraindeo, uno de los escritores cristianos más destacados de la Córdoba del siglo IX. Allí trabó amistad con Álvaro de Córdoba, intelectual laico que acabaría redactando la vida de su compañero. Ambos cultivaron el estudio de la Sagrada Escritura, la literatura cristiana, la filosofía, la historia y la poesía latina.1,3
Álvaro de Córdoba describió a Eulogio como un hombre dedicado desde su juventud a las Escrituras, notable por su ciencia, su elocuencia, su vida virtuosa y su humildad. El retrato presenta a un intelectual que no entendía el saber como una forma de prestigio personal, sino como un instrumento para servir a la Iglesia y fortalecer a los cristianos sometidos a presión.1,3
Sacerdocio y actividad pastoral
Eulogio eligió la carrera eclesiástica mientras Álvaro contrajo matrimonio y desarrolló su vocación literaria. El obispo Recaredo de Córdoba lo ordenó sacerdote. Desde entonces ejerció una intensa labor pastoral en iglesias, monasterios y comunidades cristianas de al-Ándalus. También mantuvo contacto con cristianos del norte peninsular, especialmente de Navarra y de otras regiones vinculadas a los reinos cristianos.1
Su actividad no se limitó a la predicación. Visitó hospitales y monasterios, atendió a los encarcelados y colaboró en la formación de comunidades religiosas. Los monjes recurrieron a su criterio para revisar reglas de vida monástica. Durante sus viajes por Navarra y Pamplona conoció diversas observancias y comparó sus normas con el propósito de seleccionar prácticas adecuadas para la disciplina religiosa.3
En su juventud proyectó peregrinar a Roma para venerar la tumba del apóstol san Pedro. Finalmente abandonó el proyecto después de escuchar el consejo de personas prudentes. Este episodio refleja un rasgo constante de su carácter: la piedad de Eulogio estaba acompañada por el discernimiento y la disposición a someter sus decisiones al juicio eclesial y comunitario.1



