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Cruz

San Euplusio

San Euplisio (también documentado como Euplius o Euplus) es conmemorado como mártir cristiano en Sicilia durante la persecución ordenada por los emperadores Diocleciano y Maximiano. Su pasión se narra vinculada a la ciudad de Catania: fue detenido mientras leía los Evangelios, respondió con firmeza ante el gobernador y, aun sometido a torturas, se mantuvo constante en la confesión de Jesucristo. El relato destaca el valor que la Palabra de Dios tuvo para él y culmina con su ejecución mediante la decapitación.1,2,3

Tabla de contenido

Nombre, variantes y contexto histórico

Nombre y formas de transmisión

En las fuentes hagiográficas se presenta el nombre del santo con variantes: Euplus o Euplius (Euplisio en español). Esta oscilación responde a la manera en que los copistas y compiladores transmitieron los nombres antiguos a lo largo del tiempo.1

Sicilia, Catania y la persecución imperial

El martirio se sitúa «durante la persecución de Diocleciano y Maximiano» y en un escenario concreto: Catania, en la isla de Sicilia.1,3

La narración lo coloca ante la autoridad civil (el gobernador) que exige una postura pública acorde con la religión del Imperio, en particular la adoración de los dioses y el abandono de los escritos cristianos.1,2,3

Fuentes antiguas y tradición hagiográfica

El relato atribuido a la tradición histórica eclesiástica

Una de las exposiciones del martirio señala que «el martirio de este santo es referido por Fleury en su Historia de la Iglesia». Esta referencia aparece en una recopilación posterior, que recoge el contenido del relato hagiográfico tradicional.3

Relato en compilaciones de vidas de santos

Otra tradición de lectura, presente en una compilación de vidas de los santos, sitúa la escena y el desarrollo del proceso: el santo es oído gritar fuera del tribunal del gobernador, declara abiertamente su identidad cristiana y muestra que lleva consigo un «libro de los Evangelios».1

Según ese mismo texto, después de un tiempo de reclusión vuelve a comparecer y el gobernador intenta de nuevo obtener una retractación o una conformidad con el culto pagano.1

Martirio en Catania

Detención mientras leía los Evangelios

El relato presenta a Euplisio como alguien que actúa con valentía pública y, a la vez, con una disposición interior arraigada en la Escritura. Se describe que fue llevado ante el gobernador con el Evangelio en la mano.1

Cuando el gobernador le pregunta por el origen de esos escritos, Euplisio responde con una fórmula que subraya que no los posee como objeto ajeno, sino que los lleva consigo: «No tengo casa; los llevo conmigo, y fui arrestado con ellos».3

Respuestas ante el gobernador: los Evangelios como «ley de Dios»

El gobernador intenta hacerle leer ante el tribunal. Euplisio responde leyendo pasajes vinculados a la persecución y a la exigencia de seguir a Cristo llevando la cruz. En el relato se citan, entre otros, los textos:

Cuando el gobernador pregunta por el sentido de esas palabras, Euplisio las identifica como la ley de Dios recibida por Jesucristo.3

En otra formulación del relato compilado, Euplisio insiste en que esos Evangelios son «la ley del Señor mi Dios» recibida de Él, y que su instrucción procede de «nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios».1

Torturas, resistencia y confesión explícita

Tras el interrogatorio inicial y la comparecencia posterior, el gobernador ordena que lo sometan a tortura hasta que consienta sacrificar a los dioses.1

En el curso del proceso, el gobernador llega a ofrecerle una salida: la libertad si adora a los dioses. La respuesta de Euplisio es clara y contraria a esa exigencia: declara que adora a Jesucristo y que detesta a los demonios, y afirma que, aunque lo torturen, seguirá proclamando su identidad cristiana.2

El relato alcanza un punto decisivo cuando el gobernador lo presiona para adorar divinidades concretas (por ejemplo, Marte, Apolo o Esculapio). Euplisio responde proclamando el monoteísmo cristiano: «Adoro al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, un solo Dios; fuera de quien no hay Dios», y rechaza la posibilidad de cambiar su convicción.2

La sentencia y la muerte

Puesto que no se logra vencer su constancia, el gobernador ordena su ejecución. En la narración, Euplisio es escuchado agradeciendo a Cristo por poder sufrir «por su causa», y finalmente el fallo culmina en la decapitación: «a su final le mandó cortarle la cabeza».2

El relato también describe un detalle significativo: el «libro de los Evangelios» se le ata alrededor del cuello mientras es conducido al lugar de la ejecución, y un pregonero público lo presenta como «enemigo de los dioses y de los emperadores».2

Fecha y memoria litúrgica

La tradición recogida en la compilación de vidas de los santos sitúa la conmemoración el 12 de agosto e identifica el martirio en torno al año 304.1,3

Asimismo, el relato relaciona su comparecencia judicial con el periodo del verano: se indica que, tras meses de reclusión, el santo vuelve a ser traído ante el gobernador el 12 de agosto.1,3

Sentido espiritual del relato de Euplisio

La Escritura como alimento de la confesión

Un rasgo constante del relato es que Euplisio no se limita a afirmar una idea religiosa de manera abstracta; responde con la Escritura en el contexto mismo del juicio. Lleva el Evangelio consigo y lo lee cuando se lo piden.1,3

Esta unidad entre confesión y lectura bíblica aparece en su modo de explicar el significado de los textos: se presentan como ley de Dios, recibida por Jesucristo, y como fundamento de su fidelidad.3,1

Persecución, cruz y perseverancia

Los pasajes escogidos por Euplisio tienen un contenido teológico directamente relacionado con la situación que atraviesa. En particular, el relato pone en primer plano:

Esa conexión refuerza la coherencia entre lo que confiesa con sus labios y lo que el proceso le exige con hechos: la persecución no es presentada como accidente sin sentido, sino como lugar donde se hace visible la fidelidad a Jesucristo.2,3

Legado: utilidad espiritual y actualidad de la figura de Euplisio

La figura de San Euplisio puede comprenderse, en clave pastoral, como un testimonio sobre cómo permanece la fe cuando la presión crece. El relato muestra un itinerario: detención por poseer y leer el Evangelio, interrogatorio, tortura, resistencia y finalmente la muerte.1,2

Además, el detalle de que el Evangelio sea «señalado» en la ejecución —atado alrededor del cuello— subraya visualmente la convicción de que la fe cristiana no es una mera opinión, sino una vida guiada por Cristo y por su Palabra.2

Culto posterior y anotaciones sobre el lugar de la sepultura

Una afirmación breve en una recopilación posterior indica que «posteriormente se elevó algo sobre el lugar de su sepultura». Aunque el texto no precisa el tipo de obra ni el autor, sugiere que el recuerdo del mártir no quedó reducido al momento del juicio, sino que se vinculó a un lugar concreto de memoria.3

Conclusión

San Euplisio aparece en la tradición hagiográfica como un mártir en Sicilia cuya constancia nace de una relación viva con los Evangelios. La narración destaca su decisión de llevar, leer y explicar la Escritura ante la autoridad civil; su resistencia ante la tortura y la negativa a adorar divinidades paganas; y su muerte por decapitación, acompañada por el gesto simbólico del Evangelio alrededor del cuello. Su memoria, fijada el 12 de agosto, conserva un mensaje central: la fidelidad a Cristo puede sostenerse incluso cuando todo parece exigir lo contrario.1,2,3

Cuadro resumen

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreSan Euplisio
CategoríaSanto
Nombre CompletoEuplisio
Tipo de PersonaMártir
Fecha de Muerte304
Año de Muerte304
Fecha12 de agosto
LugarCatania, Sicilia
Lugar de MuerteCatania, Sicilia
SigloIV
Contexto HistóricoPersecución de Diocleciano y Maximiano en Sicilia
Descripción BreveMártir cristiano decapitado en Catania alrededor del año 304, conmemorado el 12 de agosto.

Citas y referencias

  1. San Euplus, mártir (304 d.C.), Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler 🔗: Volumen III, § 317 (1990). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15
  2. Alfonso Liguori. Victorias de los Mártires, § 83. 2 3 4 5 6 7 8 9 10
  3. Capítulo XII, Alfonso Liguori. Victorias de los Mártires, § 82. 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17



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