Plácido, militar romano
La narración tradicional presenta a Plácido como un general romano al servicio del emperador Trajano. Antes de su conversión era pagano y gozaba de prestigio, riqueza y autoridad. Durante una cacería habría perseguido a un ciervo de extraordinaria belleza. El animal se volvió hacia él y Plácido contempló entre sus astas la imagen de un crucifijo.
Según el relato, Cristo le habló y le anunció que tendría que padecer mucho por causa de la fe. La experiencia produjo su conversión. Plácido acudió con su familia a recibir el bautismo y tomó el nombre de Eustaquio. La tradición sitúa el episodio en Guadagnolo, entre Tívoli y Palestrina, en las proximidades de Roma.
La imagen del ciervo con el crucifijo constituye el elemento más conocido de la iconografía de san Eustaquio. El motivo guarda semejanza con la conversión legendaria de san Huberto, aunque las dos tradiciones pertenecen a santos diferentes.,
Pruebas y separación de la familia
Después del bautismo, Eustaquio habría sufrido una serie de desgracias. Perdió sus bienes y quedó separado de su esposa y de sus hijos. La leyenda describe numerosas peripecias antes de que la familia volviera a reunirse. Durante ese periodo, Eustaquio habría mantenido la confianza en Dios a pesar de la pobreza, la soledad y la incertidumbre.,
Más adelante, las necesidades militares del Imperio habrían llevado a Eustaquio a recuperar un mando importante. La tradición relata que dirigió las tropas en una campaña victoriosa y que, tras la victoria, el emperador quiso obligarlo a ofrecer sacrificios a los dioses paganos.
El martirio
Eustaquio rechazó el sacrificio idolátrico. Como castigo, el emperador habría ordenado que él y su familia fueran encerrados dentro de un toro de bronce calentado al fuego. La tradición presenta esta muerte como el desenlace de su fidelidad a Cristo y como el origen de algunos de sus atributos artísticos, especialmente el toro o el horno.,
La tradición antigua no coincide en todos los detalles. Un relato atribuye el martirio al emperador Adriano y fecha los hechos en el año 188; otras versiones relacionan la historia con Trajano. Estas diferencias muestran que los relatos transmitidos no ofrecen una biografía histórica uniforme.