En los relatos eclesiásticos sobre el papado antiguo, el protagonista que ocupa un lugar central es san Fabián, obispo de Roma. Las fuentes consultadas sitúan su sucesión apostólica y su martirio en torno a la persecución de Decio, describiéndolo como un personaje de relieve tanto por su gobierno eclesial como por la coherencia de su vida cristiana hasta la muerte.2
Dentro de la tradición litúrgica, su conmemoración queda recogida en el Martyrologium Romanum como «el cumpleaños» (dies natalis) del santo, indicando su carácter de papa y mártir y su sepultura en el cementerio de Calisto.1
