Felipe Benizi nació el 15 de agosto de 1233 en Florencia, una ciudad renombrada por su riqueza cultural y sus conflictos internos en la Edad Media. Provenía de familias nobles: su padre pertenecía al linaje de los Benizi y su madre al de los Frescobaldi, lo que le otorgó una educación privilegiada desde temprana edad. Según la tradición, su nacimiento fue un regalo divino, ya que sus padres habían estado casados durante años sin descendencia, y atribuyeron su llegada a las oraciones fervientes a la Virgen María.1
A los trece años, Felipe fue enviado a París para estudiar medicina, inspirado en parte por las obras de Galeno, el médico griego antiguo, cuyas lecturas le llevaron a reflexionar sobre la creación divina más allá de la mera ciencia natural. Posteriormente, se trasladó a Padua, donde, con solo diecinueve años, obtuvo el doctorado en medicina y filosofía. Esta formación académica lo convirtió en un joven erudito, pero Felipe sentía un vacío espiritual que lo impulsaba a buscar un propósito mayor.2
De regreso en Florencia, practicó la medicina durante un año, atendiendo a los enfermos con dedicación. Sin embargo, dedicaba su tiempo libre al estudio de la Sagrada Escritura y los Padres de la Iglesia, así como a la oración intensa. Visitaba con frecuencia la abadía de Fiesole y la capilla de la Anunciación en Carfaggio, cerca de Florencia, donde meditaba sobre el destino de su vida. En este período de discernimiento, Felipe experimentó visiones que lo guiaron hacia una vocación religiosa, influenciado por el ambiente devocional de su ciudad natal.3

