San Félix nació en Nola, ciudad de la Campania cercana a Nápoles. La tradición lo presenta como un hombre llamado a seguir a Cristo con una decisión radical: renunció al modo de vida mundano, distribuyó gran parte de sus bienes y recibió la ordenación sacerdotal de manos de san Máximo, obispo de Nola.1,2
La Iglesia lo recuerda el 14 de enero. Los relatos antiguos describen su prisión y su liberación milagrosa durante la persecución de Decio, así como su retiro y su regreso a la vida pastoral. Con el paso de los años, Félix se mantuvo fiel a la pobreza y al servicio, incluso cuando personas cercanas buscaron su promoción eclesial.1,5,2



