La tradición presenta a Fermín como hijo del senador romano Firmo y natural de Pamplona. Habría recibido la instrucción cristiana del presbítero Honesto, enviado a Navarra por san Saturnino de Tolosa, discípulo de san Pedro. Tras su formación, Fermín habría continuado la evangelización de Pamplona y después habría viajado a la Galia, donde recibió el martirio en Amiens durante la persecución de Diocleciano.2
Este relato forma parte de una genealogía apostólica destinada a vincular las Iglesias de Pamplona, Tolosa y Amiens con la predicación de los apóstoles. La tradición atribuye a san Saturnino la misión de enviar a Honesto a Navarra y presenta a Fermín como su discípulo y sucesor evangelizador.2,3
La narración alcanzó una gran difusión, pero contiene dificultades históricas. Las tradiciones sobre los primeros obispos de Amiens fueron redactadas tardíamente y presentan incoherencias. La antigua historiografía eclesiástica llegó a distinguir entre dos santos llamados Fermín, vinculados respectivamente a las fiestas del 1 y del 25 de septiembre. Louis Duchesne rechazó el valor histórico de esa duplicación y consideró que la leyenda pertenecía al siglo VIII.1




