Las biografías tradicionales presentan a Fernando como un rey firme en la administración de justicia, pero capaz de perdonar las ofensas personales. Su criterio político incluía la elección cuidadosa de gobernadores, magistrados y generales. También procuró evitar cargas fiscales excesivas para sus súbditos.,
Una frase atribuida al monarca resume su concepción de la responsabilidad regia: temía más la maldición de una anciana pobre que un ejército entero de musulmanes. La expresión posee un carácter ejemplarizante, pero refleja una idea central de la tradición cristiana medieval: el rey debía responder ante Dios por el modo en que protegía a los débiles y administraba el poder.,
La labor legislativa y el orden jurídico
La labor legislativa de Fernando debe entenderse dentro del derecho medieval, muy distinto de los sistemas contemporáneos basados en códigos completos y en la figura del legislador como creador absoluto de la ley. El príncipe medieval actuaba principalmente como custodio, intérprete y promulgador de un orden jurídico anterior, formado por la tradición, las costumbres, la autoridad regia y los principios cristianos de justicia.
Desde esta perspectiva, el gobierno de Fernando buscó fortalecer la autoridad pública, garantizar la administración de justicia y organizar los territorios incorporados a la Corona. La unión de Castilla y León exigía armonizar prácticas políticas diversas y asegurar la obediencia de nobles, ciudades y autoridades locales.
La justicia cristiana que inspiraba este modelo no equivalía a una mera aplicación mecánica de normas. Incluía la defensa de la paz, la protección de los inocentes, la corrección de los delincuentes y la moderación en el ejercicio del castigo. Las fuentes hagiográficas describen a Fernando como severo contra los abusos, pero indulgente con las ofensas dirigidas contra su persona.,
El monarca también procuró que la conquista territorial estuviera acompañada por una reorganización institucional. En las ciudades incorporadas fundó o restauró diócesis, restableció el culto católico, levantó iglesias y favoreció monasterios y hospitales. La legislación y la administración formaban parte, por tanto, de un proyecto más amplio de reconstrucción política y cristiana.