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San Flaviano

San Flaviano de Constantinopla fue patriarca de Constantinopla entre los años 446 o 447 y 449. Defensor de la fe nicena y de la doctrina cristológica que afirmaba la plena humanidad y la plena divinidad de Jesucristo en la unidad de una sola persona, condenó las formulaciones de Eutiques en un sínodo celebrado en Constantinopla en 448. La violencia del llamado Latrocinio de Éfeso, reunido en 449 bajo la presidencia de Dióscoro de Alejandría, provocó su deposición, su destierro y su muerte poco después. La Iglesia católica lo venera como obispo y mártir.

Flavianos
Ver información de la imagenPatriarca Flaviano, ícono bizantino, c. 1850, de la web, autor anónimo desconocido, Dominio Público. 📄
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NombreSan Flaviano
CategoríaPersona
Nombre CompletoFlaviano de Constantinopla
Descripciónagosto de 449
TítuloPatriarca de Constantinopla
Cargo EclesiásticoPatriarca de Constantinopla
Lugar de MuerteHipepa, Lidia (cerca de Sardes)
NacionalidadBizantino
SexoMasculino
Contexto HistóricoSiglo V, controversia cristológica entre Constantinopla y Alejandría; sínodo de Constantinopla 448; Latrocinio de Éfeso 449; rehabilitación en el Concilio de Calcedonia 451
Fecha de Celebración18 de febrero
Importancia HistóricaDefensor de la fe nicena y de la doctrina cristológica de la plena humanidad y divinidad de Cristo; mártir por su defensa doctrinal; figura clave en la preparación del Concilio de Calcedonia
TipoSanto
VirtudesDefensor de la fe, integridad moral, coraje frente a presiones políticas

Tabla de contenido

Identidad y nombre

El nombre Flaviano procede del latín Flavianus, derivado de Flavius, antiguo nombre familiar romano relacionado tradicionalmente con flavus, «amarillo dorado» o «rubio». La etimología del nombre no guarda relación con la expresión «el pequeño», atribuida en algunos repertorios a otros nombres de raíz distinta. La forma griega correspondiente aparece como Phlabianos y la latina como Flavianus.

El santo de este artículo no debe confundirse con otros personajes cristianos llamados Flaviano, entre ellos:

  • Flaviano de Saint-Paulien, obispo y mártir venerado en algunas tradiciones occidentales.
  • Flaviano, padre legendario de santa Bibiana, personaje integrado en relatos hagiográficos tardíos.
  • Otros obispos y mártires de la Antigüedad que recibieron el mismo nombre.

La figura históricamente documentada en los debates cristológicos del siglo V es Flaviano, patriarca de Constantinopla, cuya actuación aparece vinculada a los sínodos de 448 y 449, a la intervención del papa san León Magno y a la posterior rehabilitación doctrinal de su causa en el Concilio de Calcedonia.

Vida anterior al episcopado

Las noticias sobre los primeros años de Flaviano son escasas. Antes de su elección episcopal ejerció el ministerio sacerdotal en la Iglesia de Constantinopla y desempeñó el cargo de skeuophylax, es decir, responsable de los vasos sagrados, ornamentos y demás bienes utilizados en el culto. Las fuentes antiguas lo presentan como un clérigo reconocido por la rectitud de su vida.1

Su experiencia en la administración de los bienes eclesiásticos tuvo relevancia durante su acceso al patriarcado. El eunuco Crisafio, poderoso funcionario de la corte de Teodosio II, esperaba que el nuevo patriarca ofreciera un don de valor al emperador como muestra de agradecimiento por su promoción. Flaviano envió el pan bendecido que la Iglesia utilizaba como signo de comunión y bendición. Cuando Crisafio dejó entender que esperaba oro, el patriarca respondió que los bienes de la Iglesia estaban destinados a finalidades sagradas y a la ayuda de los necesitados, no a satisfacer exigencias cortesanas.1

La negativa provocó la hostilidad de Crisafio, que desde entonces buscó desacreditar a Flaviano ante el emperador. La firmeza del patriarca no respondía únicamente a una cuestión administrativa: expresaba una concepción de la Iglesia como realidad espiritual con bienes destinados al culto y a la caridad, no subordinada a los intereses económicos de la corte.

Patriarca de Constantinopla

Flaviano sucedió a san Proclo como obispo de Constantinopla. Las fuentes sitúan su elección hacia 446 o 447. Su nombramiento no coincidió con los deseos de Crisafio, que pretendía controlar la sede patriarcal mediante una persona más dependiente del poder imperial.1

La sede de Constantinopla poseía una importancia singular dentro del Imperio romano de Oriente. La ciudad, conocida como Nueva Roma, había adquirido una posición eclesiástica inmediatamente posterior a Roma. Esta preeminencia provocaba tensiones con Alejandría, antigua sede apostólica dotada de gran autoridad teológica, prestigio histórico y considerable influencia política en Egipto y en el Oriente cristiano.2

La rivalidad no constituía una simple disputa personal entre obispos. Ambas sedes defendían modelos diferentes de autoridad:

  • Constantinopla apoyaba su peso en la capital imperial y en su posición dentro del orden político del Imperio.
  • Alejandría fundamentaba su prestigio en su tradición teológica, en la autoridad de sus grandes obispos y en su influencia sobre numerosas iglesias orientales.
  • Roma defendía su responsabilidad doctrinal y su primacía en la comunión universal de la Iglesia.

El conflicto cristológico sobre la persona de Cristo proporcionó el marco doctrinal para una lucha más amplia por la dirección de la Iglesia oriental.

El contexto cristológico del siglo V

Durante el siglo V, la Iglesia debatió cómo expresar correctamente el misterio de Jesucristo. La cuestión central consistía en confesar simultáneamente:

  1. La verdadera divinidad del Hijo de Dios.
  2. La verdadera humanidad asumida por el Verbo.
  3. La unidad personal de Jesucristo.

El Concilio de Nicea había confesado la divinidad del Hijo. Las controversias posteriores intentaron explicar cómo el Verbo eterno podía haber asumido una naturaleza humana verdadera sin dividir a Cristo en dos sujetos ni confundir su divinidad con su humanidad.

El Concilio de Éfeso de 431

El Concilio de Éfeso de 431 fue el tercer Concilio ecuménico. El emperador Teodosio II lo convocó para resolver la controversia relacionada con Nestorio, patriarca de Constantinopla, y con san Cirilo de Alejandría. La cuestión tenía como punto visible el título Theotokos, traducido habitualmente como Madre de Dios o Madre de Dios encarnado, aplicado a la Virgen María.3

La doctrina católica no sostiene que María sea origen de la divinidad. El sentido de Theotokos afirma que el Hijo nacido de ella es verdaderamente Dios hecho hombre. El Catecismo de la Iglesia Católica explica que la humanidad de Cristo no tiene como sujeto a una persona humana independiente, sino a la persona divina del Hijo, que asumió esa humanidad desde la concepción.4

Los padres de Éfeso confesaron que el Verbo, al unir consigo una carne dotada de alma racional, se hizo hombre. Por eso, la Virgen puede recibir el título de Madre de Dios según la carne: no porque la divinidad comenzara a existir en ella, sino porque el cuerpo humano nacido de ella pertenecía a la persona divina del Verbo.4

Éfeso de 431 condenó a Nestorio y confirmó la unidad personal de Cristo. Las actas conciliares recogen la adhesión de los obispos a la doctrina de san Cirilo y la condena de quienes rechazaban la confesión de Nestorio.5

Flaviano no participó como protagonista en el Concilio de Éfeso de 431. Su importancia histórica pertenece a una fase posterior de la controversia, cuando la reacción contra el nestorianismo llevó a algunos autores a fórmulas que comprometían la afirmación de las dos naturalezas de Cristo.

Eutiques y la reacción antinestoriana

Eutiques, archimandrita de un monasterio cercano a Constantinopla, había combatido con energía las posiciones asociadas a Nestorio. Su preocupación por evitar una división de Cristo lo condujo, sin embargo, a expresiones que no reconocían adecuadamente la permanencia de la humanidad y de la divinidad después de la encarnación. La tradición teológica posterior relacionó su doctrina con el monofisismo, aunque conviene distinguir entre la posición concreta de Eutiques y las formulaciones posteriores de las Iglesias no calcedonianas.

El problema consistía en que la oposición a Nestorio podía adoptar el extremo contrario: en vez de dividir a Cristo en dos sujetos, podía reducir la realidad de su humanidad o hacer desaparecer la distinción entre lo divino y lo humano. La doctrina católica rechaza ambas soluciones. Cristo es una sola persona, la persona divina del Verbo, en dos naturalezas, divina y humana.

El sínodo de Constantinopla de 448

Como obispo de Constantinopla, Flaviano convocó un sínodo el 8 de noviembre de 448 para examinar una controversia surgida entre miembros del clero. En el curso de la reunión, Eusebio de Dorilea acusó a Eutiques de apartarse de la fe de la Iglesia. Flaviano mostró inicialmente clemencia y pidió moderación, pero exigió una confesión doctrinal clara.1

Eutiques no quiso afirmar que, después de la encarnación, Cristo existiera en dos naturalezas. Ante esa negativa, el sínodo lo depuso de su cargo y lo excomulgó. La decisión no derivaba de una mera rivalidad personal: Flaviano entendía que la fe apostólica exigía mantener la integridad de la humanidad de Cristo junto con su divinidad.

El patriarca remitió a Roma un informe completo sobre las actuaciones del sínodo. El papa san León I aprobó la decisión de Flaviano y le dirigió posteriormente su célebre Carta dogmática, conocida como Tomo a Flaviano.1

Relación entre Constantinopla y Alejandría

Una rivalidad anterior a Flaviano

La rivalidad entre Alejandría y Constantinopla venía de décadas anteriores. Durante la crisis de Nestorio, san Cirilo de Alejandría había utilizado la controversia para defender la doctrina de la unidad de Cristo y, al mismo tiempo, para limitar la influencia de Constantinopla. La sede alejandrina aspiraba a conservar su primacía teológica en Oriente frente a la creciente autoridad de la capital imperial.2

El Concilio de Éfeso de 431 había favorecido a Alejandría. Cirilo presidió la asamblea que condenó a Nestorio, mientras los obispos vinculados a Antioquía llegaron tarde y organizaron una reunión separada. Las propias actas conciliares reflejan la ruptura entre las dos agrupaciones episcopales y las medidas disciplinarias adoptadas contra los partidarios de Juan de Antioquía.6

Dióscoro y la defensa de Eutiques

Dióscoro sucedió a Cirilo como patriarca de Alejandría. Crisafio buscó su apoyo para combatir a Flaviano y defender a Eutiques. El funcionario imperial ofreció a Dióscoro amistad y respaldo político, mientras la emperatriz Eudocia deseaba perjudicar a Pulqueria, hermana de Teodosio II y protectora de Flaviano. La controversia doctrinal quedó así ligada a las intrigas de la corte imperial y a la lucha por el control de las sedes patriarcales.7

La alianza entre Crisafio, Eudocia, Dióscoro y Eutiques aisló a Flaviano. La autoridad de Alejandría pretendía imponer su interpretación de la cristología y mantener a Constantinopla en una posición subordinada. Al mismo tiempo, el emperador intervenía en asuntos eclesiásticos, convocaba asambleas y respaldaba a la facción que podía garantizar la estabilidad política deseada por la corte.

La muerte de Flaviano no puede explicarse únicamente por una acusación teológica. El conflicto combinó:

  • Una disputa sobre la forma correcta de confesar a Cristo.
  • La rivalidad entre las sedes patriarcales de Alejandría y Constantinopla.
  • La intervención del emperador y de sus ministros.
  • La oposición entre la corte favorable a Eutiques y los partidarios de Flaviano.
  • La defensa romana de la doctrina de las dos naturalezas.

El Concilio de Éfeso de 449

El emperador Teodosio II convocó un nuevo concilio en Éfeso para revisar la condena de Eutiques. La asamblea comenzó el 8 de agosto de 449 bajo la presidencia de Dióscoro de Alejandría. La tradición católica la conoce como Latrocinio de Éfeso, expresión utilizada por el papa san León Magno para denunciar la violencia y la irregularidad de sus procedimientos.8

La reunión de 449 no debe confundirse con el Concilio ecuménico de Éfeso de 431. La diferencia resulta esencial:

AsambleaFechaCuestión principalValor en la Iglesia católica
Concilio de Éfeso431Condena de Nestorio y confesión de María como TheotokosTercer Concilio ecuménico
Latrocinio de Éfeso449Rehabilitación de Eutiques y deposición de FlavianoAsamblea rechazada por Roma y posteriormente anulada
Concilio de Calcedonia451Definición de la fe cristológica y rehabilitación de los condenados injustamenteCuarto Concilio ecuménico

Durante la asamblea de 449, Flaviano no recibió un trato correspondiente a un obispo que ejerciera su derecho de defensa. Dióscoro presidió los debates, los legados del papa León no lograron leer la carta dogmática pontificia y los partidarios de Eutiques ejercieron una fuerte presión sobre los obispos. Los soldados y grupos de monjes presentes intimidaron a quienes intentaban oponerse a la deposición.9

El legado pontificio Hilario pronunció la fórmula latina «Contradicitur», equivalente a «se contradice» o «lo rechazo», para protestar contra la sentencia. Después logró escapar y llevó a Roma noticias de la violencia ejercida en Éfeso. Dióscoro consiguió que Eutiques fuera rehabilitado y que Flaviano y Eusebio de Dorilea fueran depuestos.8

Las actas posteriores del concilio de Calcedonia recogieron testimonios sobre golpes, amenazas y firmas obtenidas bajo presión. La asamblea de 449 careció, por tanto, de las condiciones necesarias para una deliberación conciliar legítima.8

Muerte y martirio

Después de su deposición, Flaviano fue detenido y enviado al exilio. La tradición histórica sitúa su muerte en agosto de 449, en Hipepa o en una localidad de Lidia próxima a Sardes. Algunos relatos describen que recibió golpes y patadas durante los disturbios de Éfeso y que murió tres días después a causa de los malos tratos padecidos. Otros testimonios presentan diferencias sobre el lugar exacto y las circunstancias inmediatas de su fallecimiento.7

La prudencia histórica exige distinguir entre los elementos firmemente documentados y los detalles transmitidos por relatos posteriores. La deposición violenta, el destierro y la muerte poco después cuentan con una tradición antigua y coherente. La precisión sobre quién propinó cada golpe, el itinerario exacto del exilio o el lugar concreto de la muerte presenta, en cambio, variaciones en los testimonios.

El Martirologio Romano no utiliza necesariamente una fórmula desarrollada para describirlo como mártir, pero recuerda que la facción de Dióscoro lo atacó con golpes y patadas y que murió en el destierro después de tres días. La veneración litúrgica de Flaviano como mártir nace de su muerte sufrida en defensa de la fe y de su comunión con la Iglesia.7

El Tomo a Flaviano de san León Magno

La respuesta del papa san León a la crisis doctrinal quedó expresada en la carta dirigida a Flaviano, conocida como Tomo a Flaviano. El documento afirmó que en Jesucristo permanecen íntegramente la divinidad y la humanidad, unidas en la única persona del Hijo. La naturaleza divina y la naturaleza humana actúan conforme a sus propiedades, sin confusión ni división.

La carta tuvo una importancia decisiva para la formulación dogmática posterior. San León rechazó tanto la división de Cristo en dos personas como la absorción de la humanidad por la divinidad. La cristología católica mantuvo así el equilibrio entre dos afirmaciones inseparables:

  • Cristo es verdaderamente Dios.
  • Cristo es verdaderamente hombre.

La defensa de Flaviano coincide con la doctrina que el Concilio de Calcedonia definió en 451. Calcedonia condenó la actuación de 449, depuso a Dióscoro y reconoció la legitimidad de la posición defendida por Flaviano, Eusebio de Dorilea y el papa León.7

Rehabilitación en el Concilio de Calcedonia

La muerte de Teodosio II en 450 modificó la situación política. Pulqueria recuperó influencia y contrajo matrimonio con Marciano, que pasó a ocupar el trono imperial. Ambos se opusieron a la política favorable a Eutiques y a Dióscoro. El nuevo emperador permitió la convocatoria de un concilio destinado a reparar las injusticias de Éfeso y a resolver la controversia cristológica.9

El Concilio de Calcedonia, celebrado en 451, rehabilitó la memoria de Flaviano y confirmó la doctrina del Tomo de san León. Dióscoro fue privado de su sede y enviado al exilio. Anatolio, sucesor de Flaviano en Constantinopla, aceptó la carta dogmática del papa y abandonó la posición de Eutiques.7

Calcedonia definió que Cristo es:

Un solo y mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, perfecto en su divinidad y perfecto en su humanidad, verdaderamente Dios y verdaderamente hombre, consustancial al Padre según la divinidad y consustancial a nosotros según la humanidad.

La definición calcedonense expresó la unidad de la persona y la distinción de las naturalezas mediante cuatro negaciones clásicas: sin confusión, sin cambio, sin división y sin separación. La memoria de Flaviano quedó unida a esta confesión de fe.

Significado teológico

Defensa de la verdadera humanidad de Cristo

Flaviano defendió que la encarnación no constituye una apariencia ni una modificación superficial de la humanidad. El Hijo de Dios asumió una humanidad completa, con cuerpo y alma racional. La salvación cristiana exige esta realidad: aquello que Cristo no hubiera asumido tampoco habría quedado sanado y redimido.

La Iglesia relaciona esta doctrina con el misterio de la redención. Cristo puede salvar a la humanidad porque ha entrado verdaderamente en la condición humana, sin dejar de ser Dios. La defensa de las dos naturalezas no representa una especulación abstracta, sino una afirmación sobre la realidad de la salvación.

Unidad de la persona de Cristo

Al mismo tiempo, Flaviano no defendió dos Cristos ni dos hijos. La humanidad de Jesús no posee un sujeto humano separado del Verbo. La persona divina del Hijo actúa mediante la naturaleza divina y mediante la naturaleza humana.

Esta afirmación permite comprender correctamente expresiones como «Dios nació», «Dios sufrió» o «Dios murió»: la divinidad no nace, sufre ni muere en cuanto naturaleza; la persona divina del Hijo nació según la carne, sufrió y murió en su humanidad. La doctrina de Éfeso explicó este principio al enseñar que el Verbo nació de María según la carne.4

Fidelidad a la Iglesia frente a la presión política

La vida de Flaviano también representa la independencia moral del ministerio episcopal frente a la presión del poder. El patriarca rechazó utilizar los bienes eclesiásticos para satisfacer una exigencia cortesana y mantuvo su decisión doctrinal pese a la hostilidad del emperador, de sus funcionarios y de una parte influyente del episcopado oriental.

Su martirio no ocurrió durante una persecución pagana, sino en el interior de una crisis política y eclesial protagonizada por cristianos. El episodio muestra que la violencia contra la verdad y la libertad de la Iglesia puede aparecer también en contextos oficialmente cristianos.

Culto y memoria litúrgica

La Iglesia católica honra a Flaviano como san Flaviano, patriarca de Constantinopla y mártir. Su memoria litúrgica aparece vinculada al 18 de febrero en diversos calendarios occidentales y orientales, aunque las fechas pueden variar según la tradición litúrgica. La fecha del 18 de febrero corresponde a la conmemoración del patriarca mártir de Constantinopla, no a todos los santos llamados Flaviano.

La iconografía suele representarlo con los atributos propios de un obispo: vestiduras episcopales, báculo y, en ocasiones, la palma del martirio. Las representaciones orientales pueden presentarlo con las vestiduras de un patriarca y con un libro, signo de su defensa de la fe cristológica.

Conviene evitar la incorporación automática de relatos pertenecientes a otros santos de nombre Flaviano. La tradición hagiográfica distingue al patriarca de Constantinopla por su relación documentada con Eutiques, el sínodo de Constantinopla de 448, el Latrocinio de Éfeso y el Concilio de Calcedonia.

Valoración histórica

La documentación sobre Flaviano procede principalmente de las actas conciliares, de las cartas relacionadas con la controversia y de las narraciones eclesiásticas posteriores. El relato presenta algunos desacuerdos sobre detalles concretos de su muerte, pero ofrece una línea histórica sólida:

  1. Flaviano ejerció como sacerdote y responsable de los bienes sagrados de la Iglesia de Constantinopla.
  2. Accedió al patriarcado después de san Proclo.
  3. Entró en conflicto con Crisafio por la administración de los bienes eclesiásticos.
  4. Presidió el sínodo de Constantinopla de 448.
  5. Condenó a Eutiques por no confesar adecuadamente las dos naturalezas de Cristo.
  6. Recibió el apoyo doctrinal del papa san León Magno.
  7. Fue depuesto violentamente en Éfeso en 449.
  8. Murió poco después durante el exilio.
  9. Recibió rehabilitación póstuma en el Concilio de Calcedonia de 451.

La historia de Flaviano exige mantener separadas las dos asambleas de Éfeso. El concilio ecuménico de 431 condenó a Nestorio y confesó la unidad personal de Cristo; la reunión de 449, dominada por Dióscoro y marcada por la violencia, defendió a Eutiques y condenó injustamente a Flaviano. Calcedonia confirmó la doctrina católica y reparó formalmente la injusticia cometida contra el patriarca.

Legado espiritual

San Flaviano ocupa un lugar singular en la historia de la Iglesia porque unió la defensa doctrinal con la integridad personal. No fue únicamente un obispo implicado en una controversia teológica: también fue un pastor que protegió los bienes de la Iglesia, procuró la moderación en el juicio de Eutiques y aceptó las consecuencias de mantener una confesión de fe clara.

Su testimonio recuerda que la verdadera doctrina cristológica protege simultáneamente dos verdades: Jesucristo es plenamente Dios y plenamente hombre, y ambas realidades permanecen unidas en la única persona del Hijo. La Iglesia conserva la memoria de Flaviano como testigo de esa fe y como víctima de una injusticia que el Concilio de Calcedonia reconoció y reparó.

San Flaviano de Constantinopla murió en defensa de la fe de la Iglesia y su memoria quedó confirmada por la doctrina cristológica del Concilio de Calcedonia.

Citas y referencias

  1. San Flaviano. Enciclopedia Católica, San Flaviano (1913). 2 3 4 5
  2. El Imperio Bizantino. Enciclopedia Católica, Imperio Bizantino (1913). 2
  3. Éfeso, Edward G. Farrugia. Diccionario Enciclopédico del Oriente Cristiano, Éfeso (2015).
  4. Capítulo II: Creo en Jesucristo, el único Hijo de Dios. Catecismo de la Iglesia Católica, 466 (1992). 2 3
  5. Concilio de Éfeso (a. D. 431) - Sesión I - Extractos de los actos, Documento del Concilio. Concilio de Éfeso (a. D. 431), Sesión I (431).
  6. Concilio de Éfeso (a. D. 431) - Sesión VII (los cánones), Documento del Concilio. Concilio de Éfeso (a. D. 431), Sesión VII (Los Cánones) (431).
  7. Alban Butler. Vida de los Santos de Butler: Volumen I, 383 (1990). 2 3 4 5
  8. Dioscuro. Enciclopedia Católica, Dioscuro (1913). 2 3
  9. Concilio de Calcedonia. Enciclopedia Católica, Concilio de Calcedonia (1913). 2
Modificado el 21 de agosto de 2026 • FideScore™ 9.51Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/87cm3vdw4

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