En la tradición hagiográfica y patrística aparece el nombre Flaviano aplicado a más de una figura eclesiástica y, en algunos relatos, también a mártires con el mismo nombre. No obstante, la denominación más constante y conocida en la tradición católica como San Flaviano se refiere al patriarca de Constantinopla que sufrió la persecución durante la crisis teológica asociada al conflicto con Eutiques y que murió en el exilio a finales del año 449.1,3,4
En el caso de este San Flaviano, las fuentes que conservamos describen a un presbítero piadoso —antes de ser patriarca— vinculado al servicio litúrgico y a la custodia de bienes sagrados (skeuophylax, es decir, sacristán o responsable del tesoro de la Iglesia) y, ya como patriarca, como un pastor que defendió la integridad de la fe y la dignidad del patrimonio eclesial.1

