La enciclopedia católica en español

San Francisco de Borja

San Francisco de Borja y Aragón (Gandía, 28 de octubre de 1510-Roma, 30 de septiembre de 1572) fue un noble español, duque de Gandía, virrey de Cataluña, sacerdote y religioso de la Compañía de Jesús. Tras enviudar, abandonó progresivamente los honores y responsabilidades propias de su linaje, ingresó en la Compañía de Jesús y llegó a ser su tercer prepósito general. Su vida unió la contemplación y la acción, la responsabilidad de gobierno, la predicación, la formación sacerdotal y una intensa búsqueda de la humildad cristiana. El papa Clemente X lo canonizó en 1671.1,2

Saint Francis Borgia
Ver información de la imagenEl lienzo representa a San Francisco de Borja (1510-1572), duque de Gandía y general de la Sociedad de Jesús, c. 1624. Museo de Bellas Artes de Sevilla, Alonso Cano, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreSan Francisco de Borja
CategoríaPersona
Nombre CompletoFrancisco de Borja y Aragón
TítuloDuque de Gandía, Virrey de Cataluña, Santo confesor
Cargo Eclesiástico
  • Preposito general de la Compañía de Jesús
  • Comisario general de la Compañía de Jesús en España
Fecha de Nacimiento1510-10-28
Lugar de NacimientoGandía, Reino de Valencia, España
Fecha de Muerte1572-09-30
Lugar de MuerteRoma
NacionalidadEspañol
SexoMasculino
AtributosCalavera coronada con diadema imperial
Beatificación23 de noviembre de 1624
Canonización12 de abril de 1671
Estado de VidaSacerdote y religioso
Festividad30 de septiembre
Miembro deCompañía de Jesús
Personas relacionadas
TipoSanto

Tabla de contenido

Identidad y significación histórica

Francisco de Borja pertenece a la historia de la Iglesia del siglo XVI, periodo marcado por la renovación católica posterior a la Reforma protestante, la expansión misionera y la consolidación de nuevas órdenes religiosas. Su figura resulta especialmente significativa porque atravesó sucesivamente varios estados de vida: aristócrata cortesano, esposo y padre de familia, duque, viudo, sacerdote, jesuita y superior general.

La tradición hagiográfica lo presenta como un ejemplo de conversión de los honores mundanos hacia el servicio de Dios. Sin embargo, su itinerario no consistió en un abandono repentino e irracional de sus deberes. Francisco mantuvo durante años sus obligaciones familiares y políticas, preparó la sucesión de sus hijos y sólo después emprendió públicamente la vida religiosa. Esta cronología permite distinguir entre su primera transformación espiritual como laico y su posterior entrada efectiva en la Compañía de Jesús.3,4

La Iglesia lo venera como santo confesor no mártir y como sacerdote jesuita. La causa de canonización culminó el 12 de abril de 1671, cuando Clemente X lo inscribió en el catálogo de los santos y estableció su culto litúrgico.2

Origen familiar y nacimiento

Francisco nació en Gandía, en el antiguo Reino de Valencia, dentro de la poderosa casa de Borja. Su padre fue Juan de Borja, tercer duque de Gandía, y su madre, Juana de Aragón. Por línea paterna descendía del papa Alejandro VI; por línea materna estaba vinculado a la familia de Fernando el Católico. La posición de su familia lo situaba entre las principales casas nobiliarias de la Monarquía Hispánica.5,6

La familia Borja había alcanzado una notable influencia internacional durante el siglo XV. Alfonso de Borja había sido elegido papa con el nombre de Calixto III, y Rodrigo de Borja había ocupado después la sede de Pedro como Alejandro VI. La herencia familiar proporcionaba a Francisco una elevada posición social, pero también lo vinculaba a una memoria histórica compleja, marcada por las tensiones políticas y morales de la nobleza renacentista.5,4

Francisco perdió a su madre cuando todavía era niño. Durante su formación recibió una educación religiosa influida por familiares especialmente devotos, entre ellos su abuela y su tía, vinculadas a la vida espiritual de Gandía. En 1521, una revuelta popular puso en peligro a la familia ducal, y Francisco fue enviado a Zaragoza para continuar sus estudios junto a su tío Alfonso de Aragón, arzobispo de la ciudad.5

Formación y vida cortesana

En su juventud, Francisco completó su formación en ambientes cortesanos. A los doce años fue enviado a Tordesillas como paje de la infanta Catalina, hija de la reina Juana de Castilla. Después regresó a Zaragoza y, en 1528, entró en la corte del emperador Carlos V. La educación recibida combinó los estudios humanísticos, la disciplina cortesana, la administración política y la experiencia directa de los mecanismos de gobierno de la Monarquía Hispánica.5,4

Durante su estancia en Alcalá de Henares tuvo un encuentro indirecto con Ignacio de Loyola. Francisco vio allí a un hombre conducido a la prisión de la Inquisición; aquel hombre era el futuro fundador de la Compañía de Jesús. El episodio no produjo entonces una decisión vocacional inmediata, pero adquirió un significado retrospectivo cuando ambos quedaron vinculados años después.4

En 1529, Francisco contrajo matrimonio con Leonor de Castro, dama de la emperatriz Isabel de Portugal. El matrimonio tuvo ocho hijos. La vida familiar ocupó un lugar central en su existencia y constituye un elemento decisivo para comprender la prudencia con la que más tarde organizó su ingreso en la vida religiosa.1,3

Marqués de Lombay y virrey de Cataluña

Francisco recibió el título de marqués de Lombay y desarrolló una importante carrera al servicio de Carlos V. En 1539 fue nombrado virrey de Cataluña, con sede en Barcelona. El cargo exigía atender cuestiones políticas, judiciales, militares y administrativas en un territorio de gran importancia estratégica para la Corona.4

La experiencia del virreinato influyó profundamente en su posterior labor de gobierno dentro de la Compañía de Jesús. Francisco aprendió a examinar los conflictos desde distintos puntos de vista, a resolver litigios y a tomar decisiones de alcance público. Más tarde interpretó aquellos años como una preparación providencial para sus futuras responsabilidades como superior religioso.4

A pesar de sus obligaciones oficiales, cultivó una vida espiritual intensa. Dedicaba a la oración todo el tiempo compatible con sus deberes públicos y familiares, frecuentaba los sacramentos y manifestaba una devoción eucarística que algunos contemporáneos consideraban extraordinaria para un laico ocupado en asuntos políticos. Su práctica religiosa muestra que, para él, la vida espiritual no dependía de la separación del mundo, sino de la orientación de todas las tareas hacia Dios.4,1

El duque de Gandía

Francisco se convirtió en duque de Gandía en 1543, tras la muerte de su padre. En ese momento todavía era un hombre casado y cabeza de una familia numerosa. Su condición ducal no desapareció inmediatamente, ni su vocación religiosa anuló sus responsabilidades civiles. Durante esta etapa administró sus territorios, protegió Gandía frente a las incursiones de piratas berberiscos, promovió obras de fortificación y atendió necesidades sociales de sus súbditos. También impulsó la construcción de un convento dominicano en Lombay y la reparación del hospital local.3

Los testimonios sobre su gobierno como duque lo describen como un administrador diligente y un cristiano preocupado por la educación de sus hijos, el bienestar de sus dependientes y la relación con sacerdotes y religiosos. La santidad que la Iglesia reconocería posteriormente no nació, por tanto, de un desprecio hacia sus obligaciones familiares, sino de una manera nueva de vivirlas con responsabilidad y espíritu de servicio.3

La muerte de Leonor de Castro

Leonor de Castro murió en 1546, después de diecisiete años de matrimonio. La muerte de su esposa provocó en Francisco una profunda crisis espiritual. El duelo no produjo una decisión impulsiva, pero consolidó una orientación que ya había madurado durante los años anteriores. Poco después, el beato Pedro Fabro visitó Gandía y llevó a Ignacio de Loyola la noticia de que Francisco deseaba ingresar en la Compañía de Jesús.3

Ignacio acogió favorablemente la petición, aunque le recomendó retrasar su ejecución pública. Francisco debía asegurar primero el porvenir de sus hijos, concluir algunas obras iniciadas y estudiar teología. También debía mantener en secreto su propósito, porque la entrada de un duque en una orden religiosa podía provocar escándalo, interpretaciones políticas o conflictos familiares.3

En 1547, Francisco recibió autorización para realizar privadamente su profesión religiosa, aunque todavía no había abandonado de forma pública sus títulos ni sus bienes. Durante los tres años siguientes organizó la situación de sus hijos y preparó cuidadosamente la renuncia a sus responsabilidades ducales. El 31 de agosto de 1550 partió hacia Roma. Esta fecha marca su desplazamiento decisivo hacia la vida jesuítica, pero no debe confundirse con la fecha de su ordenación sacerdotal ni con el momento en que asumió responsabilidades de gobierno en la Compañía.3

Ingreso en la Compañía de Jesús y ordenación sacerdotal

Francisco permaneció poco tiempo en Roma antes de regresar a España. Después se retiró a Oñate, cerca de Loyola, donde obtuvo del emperador Carlos V la autorización para transferir sus títulos y posesiones a su hijo Carlos. Sólo entonces adoptó públicamente la condición de religioso, vistió el hábito clerical y recibió la ordenación sacerdotal durante la semana de Pentecostés de 1551.3

La ordenación de un antiguo duque causó una fuerte impresión en la sociedad española. Su primera misa pública congregó a una multitud tan grande que el altar tuvo que instalarse al aire libre en Vergara. La fama de su linaje, sin embargo, no determinó el trato que recibió dentro de la comunidad religiosa. Sus superiores le encomendaron tareas humildes, como trabajar en la cocina, transportar agua, recoger leña, encender el fuego y servir la mesa.3,7

Aquellas tareas expresaban una pedagogía espiritual propia de la vida religiosa: el antiguo noble debía aprender a vivir sin privilegios y a obedecer como cualquier otro miembro de la comunidad. Francisco aceptó esa disciplina y mostró especial sensibilidad ante cualquier tratamiento que lo devolviera simbólicamente a su condición ducal. La humildad no consistía para él en una representación exterior, sino en aceptar realmente la dependencia, la corrección y el servicio.3,7

Después de su ordenación recibió permiso para predicar en Guipúzcoa. Recorrió pueblos, reunió a los niños mediante una campanilla, enseñó el catecismo y predicó la doctrina cristiana. Su actividad pastoral se extendió posteriormente por Castilla, Andalucía y Portugal, donde adquirió una notable reputación como predicador y director espiritual. También reconoció pronto la importancia de Teresa de Jesús, cuya obra de renovación carmelitana comenzaba entonces a desarrollarse.7

Comisario general de los jesuitas en España

En 1554, Ignacio de Loyola nombró a Francisco comisario general de la Compañía de Jesús en España. El cargo no equivalía todavía al de prepósito general de toda la orden. Francisco ejercía la autoridad sobre las comunidades y obras jesuitas españolas, mientras la dirección universal de la Compañía correspondía al superior general elegido en Roma.7

Durante esta etapa organizó y consolidó numerosos colegios y casas religiosas. Su labor contribuyó decisivamente a la implantación de la Compañía en España y a la formación intelectual y espiritual de sus miembros. La expansión institucional no le hizo abandonar la atención pastoral ni el acompañamiento de las personas que acudían a él. Su gobierno combinaba organización, disciplina, predicación y dirección de conciencias.7

Francisco resumía el espíritu que deseaba para la Compañía en tres pilares: la oración y los sacramentos, la oposición del mundo y la obediencia perfecta. No entendía la obediencia como una pasividad mecánica, sino como una disposición interior para buscar la voluntad de Dios dentro de la misión recibida y de las decisiones legítimas de los superiores.7

Durante estos años también atendió a personas de su entorno anterior. Acompañó espiritualmente a la reina viuda Juana y ayudó a superar prevenciones contra la nueva orden. Cuando Carlos V se retiró a Yuste, conversó con él sobre su decisión de haber preferido la Compañía de Jesús a órdenes religiosas más antiguas. Francisco explicó que la Compañía ofrecía una forma de vida capaz de unir la acción apostólica y la contemplación, y que la antigüedad de una institución no constituía por sí sola garantía de santidad.7

Actividad en Portugal y traslado a Roma

Francisco continuó su trabajo al servicio de la Compañía en Portugal hasta 1561. Allí impulsó la predicación, la formación y la expansión de las obras jesuitas. Su influencia traspasó las fronteras españolas y portuguesas, en un momento en que la Compañía comenzaba a adquirir una dimensión internacional.7

El papa Pío IV pidió su traslado a Roma, a instancias del superior general Diego Laínez. Francisco llegó a la ciudad y ocupó diversos cargos antes de asumir la dirección universal de la orden. En Roma predicó ante personas de gran relevancia eclesial, entre ellas Carlos Borromeo y Antonio Ghislieri, futuro papa san Pío V.7

Superior General de la Compañía de Jesús

Tras la muerte de Diego Laínez, Francisco fue elegido tercer prepósito general de la Compañía de Jesús en 1565. Su elección no significó la recuperación de una dignidad mundana, sino la aceptación de una responsabilidad religiosa que implicaba gobernar una orden extendida por Europa, Asia y América. Durante los siete años de su mandato, dirigió la consolidación interna de la Compañía y favoreció su expansión misionera.7

Formación y noviciado

Una de sus primeras preocupaciones consistió en establecer un noviciado bien regulado en Roma y promover estructuras semejantes en las distintas provincias. Consideraba que la solidez de la Compañía dependía de la formación espiritual, doctrinal y disciplinar de sus miembros. La expansión exterior no podía sustituir la conversión interior ni la calidad de la vida religiosa.8,7

Francisco también dedicó una atención especial al Colegio Romano. Había apoyado el proyecto antes de ser elegido general y, durante su gobierno, intervino en su dirección y en la organización de sus estudios. Aunque más tarde el centro quedaría asociado a Gregorio XIII y recibiría el nombre de Universidad Gregoriana, Francisco desempeñó un papel decisivo en su desarrollo inicial.8

Obras en Roma

Durante su generalato impulsó la construcción de la iglesia de San Andrés del Quirinal y de la residencia destinada al noviciado. También participó en los comienzos de la iglesia del Gesù y promovió el Colegio Germánico, orientado a la formación de misioneros para los territorios del norte de Europa afectados por la Reforma protestante.8

Estas iniciativas mostraban su concepción de la renovación católica: la misión exigía predicadores bien formados, comunidades disciplinadas, centros de estudio y una sólida vida espiritual. El gobierno de Francisco no se redujo a una administración burocrática; trató de proporcionar a la Compañía una estructura estable capaz de sostener su actividad apostólica a largo plazo.8,7

Expansión misionera

Francisco favoreció la extensión de la Compañía más allá de los territorios en los que ya estaba establecida. Promovió la creación de la provincia de Polonia, impulsó nuevas fundaciones en Francia y apoyó la reorganización de las misiones de las Indias Orientales y del Extremo Oriente. También estimuló el comienzo de misiones en América bajo la dirección de los jesuitas españoles.1,8

Su acción contribuyó a configurar la Compañía como una orden de alcance mundial. El jesuita debía estar dispuesto a trabajar en colegios, parroquias, cortes, hospitales o territorios de misión, siempre dentro de la obediencia y de las necesidades concretas de la Iglesia. Francisco protegió esa flexibilidad apostólica sin perder de vista el espíritu original de Ignacio de Loyola.8,7

Atención a los pobres durante la peste de Roma

En 1566, una epidemia causó numerosas víctimas en Roma. Francisco reunió limosnas para socorrer a los pobres y organizó la asistencia de los jesuitas a los enfermos. Envió a los religiosos de dos en dos a diferentes zonas de la ciudad, aun con riesgo para su propia salud. La actuación revela una comprensión concreta de la caridad cristiana, unida a la responsabilidad de gobierno.8

Espiritualidad

La humildad como verdad ante Dios

La espiritualidad de Francisco de Borja giró en torno a la humildad, la oración, la obediencia, la penitencia y la devoción eucarística y mariana. Para él, la humildad no consistía en negar las capacidades recibidas, sino en reconocer que toda dignidad, inteligencia y autoridad proceden en último término de Dios.

Su vida ofrece una expresión histórica de la doctrina cristiana sobre la humildad: el valor de una persona no depende de su rango social, sino del amor con que cumple sus deberes. Francisco de Sales formuló posteriormente una idea convergente: Dios no juzga a sus servidores por la grandeza exterior del cargo, sino por la humildad y el amor con que lo desempeñan.9

La humildad de Francisco adquirió un carácter especialmente radical después de su entrada en la Compañía. Había conocido los honores de la corte y el poder ducal; por eso quiso aprender a vivir como un religioso sujeto a la obediencia común. La tradición conserva su deseo de ocupar espiritualmente el último lugar, incluso cuando las multitudes acudían a escucharlo y las autoridades civiles y eclesiásticas lo trataban con veneración.7,10

Oración y vida interior

Francisco procuró mantener una vida de oración tanto durante su etapa cortesana como en sus años de gobierno religioso. Su experiencia demuestra que la contemplación no exige necesariamente abandonar las responsabilidades públicas. Como virrey, padre de familia y superior general, buscó integrar la oración con la administración, la predicación y el servicio.

La tradición espiritual considera la oración un diálogo interior con Dios y una elevación de la mente hacia Él. En ese marco, Francisco practicaba aspiraciones breves y meditaciones vinculadas a las realidades cotidianas. Incluso durante la caza encontraba imágenes que le ayudaban a examinar la docilidad humana ante la llamada divina: contemplaba cómo el halcón regresaba a la mano del cazador y lo relacionaba con la resistencia del ser humano a volver a Dios.11,12

Esta forma de oración no separaba artificialmente la vida espiritual de la experiencia ordinaria. La naturaleza, el trabajo, la enfermedad, el gobierno y las relaciones familiares podían convertirse en ocasiones para elevar el corazón a Dios. Francisco practicó así una espiritualidad apostólica en la que la contemplación alimentaba la acción y la acción reclamaba una continua purificación interior.

Eucaristía y devoción mariana

Durante su vida como laico, Francisco mostró una intensa devoción eucarística. La frecuencia de sus comuniones provocó comentarios en una época en la que algunos consideraban impropio que un laico comulgara con asiduidad. Su práctica anticipaba una comprensión más frecuente y consciente de la Eucaristía como centro de la vida cristiana.4,1

La devoción a la Virgen María también ocupó un lugar importante en su espiritualidad. La tradición de su vida lo presenta unido a la piedad mariana y a la confianza en la intercesión de la Madre de Dios. Esta devoción no sustituyó la centralidad de Cristo, sino que la orientó hacia Él, conforme a la espiritualidad católica de la época.1

Penitencia y discernimiento

Francisco practicó austeridades y mortificaciones corporales después de su transformación espiritual. Con el tiempo reconoció que algunas de aquellas prácticas habían sido excesivas, especialmente antes de entrar en la Compañía. La obediencia religiosa moderó sus iniciativas personales y le enseñó que la penitencia cristiana necesita prudencia, dirección espiritual y conformidad con el estado de vida.7

La tradición católica no presenta la mortificación como un fin independiente. Su valor depende de que conduzca a la conversión, al dominio de sí mismo, a la caridad y a la unión con Cristo. El ejemplo de Francisco permite distinguir entre una austeridad inspirada por el Evangelio y una búsqueda desordenada del sufrimiento.

Último viaje y muerte

En 1571, el papa envió al cardenal Bonelli en una misión diplomática por España, Portugal y Francia. Francisco acompañó al legado pontificio. El viaje produjo una gran respuesta popular: numerosas personas acudieron a verlo y escucharlo predicar, y Felipe II lo recibió favorablemente.8

Las fatigas del viaje agravaron su salud. Francisco padecía ya diversas enfermedades y sentía con profundo peso la responsabilidad del gobierno de la Compañía. Durante el regreso, el duque Alfonso de Este, pariente suyo, dispuso que continuara el trayecto hacia Roma en una litera. Francisco murió poco después de llegar a la ciudad, en la noche del 30 de septiembre al 1 de octubre de 1572.8

En sus últimos momentos envió su bendición a sus hijos y nietos y rezó por cada uno de ellos mientras escuchaba pronunciar sus nombres. El gesto resume la continuidad entre su vida familiar y su consagración religiosa: la entrada en la Compañía no borró sus vínculos, sino que los incorporó a una forma más profunda de intercesión y entrega.8

Beatificación y canonización

La fama de santidad de Francisco comenzó a difundirse inmediatamente después de su muerte. Las primeras biografías fueron redactadas por personas que lo habían conocido o que participaron en la recopilación de testimonios para su causa. La documentación posterior incluyó numerosas cartas, un diario espiritual y otros escritos relacionados con su familia y con su actividad en la Compañía de Jesús.4,10

El papa Urbano VIII lo beatificó el 23 de noviembre de 1624. Clemente X lo canonizó el 12 de abril de 1671 en la basílica de San Pedro. La ceremonia lo incorporó al catálogo de los santos confesores no pontífices y autorizó su veneración litúrgica en la Iglesia.1,2

La canonización presentó a Francisco como un santo cuyo ejemplo podía inspirar a personas de estados de vida diversos: gobernantes, nobles, esposos, padres de familia, sacerdotes, religiosos y superiores de comunidades. Su itinerario permitía mostrar que la santidad cristiana puede desarrollarse en distintas situaciones históricas cuando la persona orienta sus deberes hacia Dios.6

Iconografía

La representación tradicional de San Francisco de Borja suele mostrarlo como sacerdote o religioso jesuita. Su atributo más característico es una calavera coronada con una diadema imperial, imagen relacionada con la vanidad de los honores terrenos y con la meditación cristiana sobre la muerte.

Esta iconografía recuerda la transformación interior del antiguo duque. Francisco no rechazó la dignidad humana en cuanto tal, pero comprendió que el poder, la belleza, la fama y la posición social son realidades pasajeras. La calavera coronada expresa la subordinación de toda grandeza terrena ante el juicio de Dios y la esperanza de la vida eterna.

Culto y memoria litúrgica

La Iglesia lo celebra como santo confesor y sacerdote de la Compañía de Jesús. La documentación de su canonización fija su memoria en el calendario tradicional el 30 de septiembre, fecha vinculada a su tránsito.1,2

La devoción a San Francisco de Borja arraigó especialmente en Gandía, Valencia, España y en los territorios relacionados con la expansión histórica de la Compañía de Jesús. Su culto también quedó asociado a Portugal y a diversos lugares que lo reconocen como patrono.

Legado

El legado de San Francisco de Borja comprende tres dimensiones principales.

En primer lugar, dejó un ejemplo de santificación de las responsabilidades civiles y familiares. Antes de ingresar en la vida religiosa, gobernó sus territorios, cuidó de sus hijos y organizó la sucesión familiar. Su experiencia como duque y virrey no constituye un simple prólogo de su santidad, sino una parte real de su vocación cristiana.

En segundo lugar, contribuyó decisivamente a la consolidación de la Compañía de Jesús. Como comisario general en España y como prepósito general, promovió colegios, noviciados, estudios, misiones y normas de gobierno. Su actuación ayudó a transformar la iniciativa fundada por Ignacio de Loyola en una institución internacional con una organización estable.8,7

En tercer lugar, transmitió una espiritualidad centrada en la humildad, la oración y la obediencia. Su vida enseña que el éxito apostólico no sustituye la conversión interior. El gobierno de una orden religiosa, la fundación de colegios y la expansión misionera sólo adquieren sentido cristiano cuando nacen de la oración y conducen a la gloria de Dios.

San Francisco de Borja representa así la posibilidad de pasar de la grandeza social al servicio humilde sin despreciar las responsabilidades recibidas. Su figura une la nobleza de origen, la vida matrimonial y familiar, el gobierno político, el sacerdocio, la consagración religiosa y el liderazgo apostólico en una única búsqueda de santidad.

Citas y referencias

  1. Resumen biográfico, el Dicasterio para las Causas de los Santos. Francesco Borgia (1510-1572) - Biografía, 1 (1671). 2 3 4 5 6 7 8
  2. Sanctorum Romanorum Pontificum. Magnum Bullarium Romanum: Tomo XXII, 55 (1871). 2 3 4
  3. Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Volumen IV, 79 (1990). 2 3 4 5 6 7 8 9 10
  4. B10: San Francisco Borgia (a.D. 1572), Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Volumen IV, 78 (1990). 2 3 4 5 6 7 8 9
  5. San Francisco Borgia. Enciclopedia Católica, San Francisco Borgia (1913). 2 3 4
  6. Sanctorum Romanorum Pontificum. Magnum Bullarium Romanum: Tomo XXII, 51 (1871). 2
  7. Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Volumen IV, 80 (1990). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16
  8. Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Volumen IV, 81 (1990). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11
  9. Parte III. Conteniendo consejos sobre la práctica de la virtud. - Capítulo II. El mismo asunto continuado, Francisco de Sales. Introducción a la vida devota, Parte III, Capítulo II (1609).
  10. Santos Gereón y sus compañeros, mártires (fecha desconocida), Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Volumen IV, 82 (1990). 2
  11. Parte II. Conteniendo varios consejos para elevar el alma a Dios en oración y el uso de los sacramentos. - Capítulo XIII. Aspiraciones, oración ejaculadora y pensamientos santos, Francisco de Sales. Introducción a la vida devota, Parte II, Capítulo XIII (1609).
  12. Francisco de Sales. Sobre el Amor de Dios - Libro VI, 2 (1888).
Modificado el 17 de agosto de 2026 • FideScore™ 9.57Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónPermalink: ark:28736/dtnp1m0rr

Logo Wikitólica
Autor:
Artículo supervisado por el Comité editorial de Wikitólica. Las afirmaciones del artículo están basadas y contrastadas usando fuentes catolicas: escritos patrísticos, de santos, artículos teológicos, documentos históricos, actas de concilios, encíclicas, fuentes magisteriales y documentos oficiales de la Iglesia. Proceso editorial →