Desde 1676 hasta su muerte, Nápoles se convirtió en el centro de su apostolado. Sus tareas no consistían únicamente en predicar, sino en organizar un ecosistema de colaboración, preparar a las personas para los sacramentos y sostener necesidades concretas de los asistentes y colaboradores.
La «Oratio della Missione»: cooperación para el trabajo apostólico
Francisco promovió una congregación de trabajadores llamada «Oratio della Missione», vinculada a la casa de profesos en Nápoles. Esta asociación buscaba proveer al misionero de colaboradores atentos para afrontar las dificultades que surgían en el camino misionero. La predicación y dirección del santo despertaron en sus miembros un entusiasmo real, y ellos se convirtieron en cooperadores que buscaban llevar pecadores ante Francisco.
El servicio de la asociación no ignoró el plano material de la caridad. Francisco impulsó en el marco de la «Oratio» un mont de piété (una institución de ayuda con préstamos o recursos destinados a aliviar la necesidad), y ordenó que el fondo común apoyara la salud y el entierro digno de los miembros.
Comunión general y camino sacramental
Francisco organizó también en Gesù una práctica sacramental de gran alcance: la comunión general que se celebraba el tercer domingo de cada mes, preparada con predicación que preparaba interiormente a los fieles. Esta iniciativa reforzaba el vínculo entre la misión popular y la vida sacramental de la comunidad.