Galdino nació en Milán, en el seno de la familia noble de los Valvassori de Sala. Desde niño recibió formación religiosa y, tras su ordenación, desempeñó cargos de responsabilidad en la Iglesia milanesa. Llegó a ser arcediano de la catedral y canciller, oficios que le dieron un papel destacado en la administración eclesiástica local. Mantuvo una estrecha relación con el arzobispo Huberto de Pirovano, su predecesor en la sede milanesa.1
Su carrera transcurrió en un periodo de graves conflictos entre el papado y el poder imperial. Tras la muerte de Adriano IV, Alejandro III ocupó legítimamente la sede pontificia, mientras que sus adversarios promovieron a Víctor IV como antipapa. Federico Barbarroja respaldó a este último y entró en conflicto con Milán, ciudad que apoyaba a Alejandro III.2

