El Martirologio Romano
La fuente litúrgica principal para la memoria actual del grupo es el Martirologio Romano, que ofrece una noticia relativamente extensa. El elogio identifica a Getulio como un hombre noble y docto, menciona a Cerealis, Amancio y Primitivo, atribuye el martirio al reinado de Adriano y relaciona el enterramiento con Simforosa.
El Martirologio Romano cumple una función litúrgica: conserva y organiza la memoria de los santos venerados por la Iglesia. Sus elogios no poseen todos el mismo grado de precisión histórica ni proceden de una única clase documental. Por ello, una noticia martirológica debe leerse juntamente con la crítica de las pasiones, de los calendarios antiguos, de los itinerarios y de los testimonios arqueológicos.
La pasión de los mártires
La passio de Getulio, transmitida en colecciones hagiográficas y publicada en los Acta Sanctorum, presenta un relato desarrollado con arresto, conversaciones, conversiones, prisión, tormentos y muerte. La valoración crítica de Alban Butler considera esta pasión de carácter legendario. Además, el nombre de Getulio no aparece en la antigua Depositio Martyrum ni en otros registros romanos tempranos conocidos por esa tradición historiográfica.
La palabra legendario no significa automáticamente que el culto carezca de fundamento. En la historiografía de los santos, el término describe una narración que incorpora elementos literarios, discursos elaborados, conversiones dramáticas, milagros o detalles de tormentos sin apoyo documental contemporáneo suficiente.
El uso correcto de las fuentes patrísticas
Los escritores cristianos antiguos utilizaron diversos géneros para conservar la memoria de los mártires: calendarios, martirologios, itinerarios de peregrinos, sermones, historias eclesiásticas y pasiones. Cada género tiene una finalidad y un grado de valor histórico diferente.
Eusebio de Cesarea constituye una fuente patrística fundamental para el estudio general de las persecuciones y de los mártires, pero no puede convertirse en testigo directo de Getulio si no transmite una noticia específica sobre él. Del mismo modo, autores como Basilio de Cesarea, Juan Crisóstomo, Agustín de Hipona o Juan Damasceno escribieron sobre mártires en contextos diversos, pero la atribución de una noticia concreta exige un testimonio textual preciso. La literatura cristiana antigua conserva referencias generales a los mártires, mientras que las pasiones particulares pueden haber surgido mucho después de los acontecimientos.
Tampoco resulta correcto presentar como fuente patrística primaria una obra anónima o una pasión tardía. Las pasiones anónimas pertenecen a la literatura hagiográfica y deben estudiarse como testimonios de la memoria cultual y de la espiritualidad de la comunidad que las transmitió.