Tras una terrible inundación del Tíber y un brote de peste que diezmó Roma y cobró la vida del Papa Pelagio II en enero de 590, el pueblo eligió unánimemente a Gregorio como el nuevo Papa,. Gregorio, sin embargo, intentó evitar la elección, llegando incluso a escribir al emperador Mauricio para que no la confirmara. A pesar de sus reticencias y su inclinación por la vida contemplativa, fue llevado a la basílica de San Pedro y consagrado el 3 de septiembre de 590,,.
Su pontificado duró catorce años, un período en el que llevó a cabo una cantidad de trabajo que habría agotado las energías de toda una vida, a pesar de su constante mala salud, que incluía indigestión y ataques de fiebre, y durante la segunda mitad de su papado, gota,.
Obras y enseñanzas
Gregorio Magno dejó una vasta colección de obras que tuvieron una influencia duradera en la Iglesia occidental. Sus escritos no buscaban delinear una doctrina propia, sino hacerse eco de la enseñanza tradicional de la Iglesia, actuando como portavoz de Cristo y de la Iglesia.
Regula Pastoralis (Regla Pastoral): Publicada al inicio de su pontificado, esta obra es fundamental para entender la visión de Gregorio sobre el oficio episcopal,,. Considera al obispo como un médico de almas y se divide en cuatro partes: quién es apto para el episcopado, cómo debe ser la vida espiritual del obispo, cómo debe enseñar y amonestar a sus subordinados, y cómo debe recordar su propia debilidad a pesar de sus buenas obras. La obra fue muy exitosa y el emperador Mauricio la hizo traducir al griego.
Moralia in Iob (Morales sobre Job): Iniciada en Constantinopla y completada hacia el año 600, es una interpretación literal, alegórica, tipológica y moral del Libro de Job,,,. En ella, Gregorio expone una espiritualidad con raíces monásticas y elementos orientales, mostrando una fuerte inclinación hacia la contemplatio.
Homilías sobre Ezequiel y Homilías sobre los Evangelios: Estas colecciones de sermones muestran la interpretación moral de la Biblia de Gregorio y su perspectiva escatológica,,,. Sus homilías eran populares y elocuentes, siempre concluyendo con una lección moral para la aplicación personal.
Diálogos: Esta obra hagiográfica, dirigida a su amigo el diácono Pedro, tenía como objetivo demostrar que la santidad es siempre posible, incluso en tiempos difíciles,,,. Narra la vida y los milagros de santos contemporáneos o recientes de Italia, con reflexiones teológicas y místicas que la convirtieron en un texto edificante y popular,. El Libro II está completamente dedicado a San Benito de Nursia y es el único testimonio antiguo de su vida,.
Registrum Epistolarum (Registro de Cartas): Una vasta correspondencia de más de 800 cartas, no todas escritas por el propio Gregorio, que ofrece una visión invaluable de la historia de su vida y de los asuntos eclesiásticos y políticos de su tiempo,,.
Reformas litúrgicas y musicales
Gregorio Magno tuvo un efecto considerable en la liturgia romana. Se le atribuye la compilación del Antiphonarium, la revisión y reorganización del sistema de la música eclesiástica, la fundación de la famosa Schola Cantorum romana y la composición de varios himnos,.
Aunque ya existía un canto litúrgico distintivo en Roma antes de Gregorio, fue este gran Pontífice quien le dio la mayor prominencia. La tradición del canto continuó desarrollándose y enriqueciéndose después de él, siendo preservada en gran medida por los monasterios, especialmente los benedictinos. El Canto Gregoriano, como se le conoce, se caracteriza por una cadencia meditativa y conmovedora que toca las profundidades del alma, expresando alegría, tristeza, arrepentimiento, petición, esperanza, alabanza o acción de gracias.
Si bien la tradición constante lo asocia con la organización final del canto romano, algunos estudiosos han cuestionado si él fue el compilador original del Antifonario Gregoriano,. Sin embargo, la evidencia de su autoría del canto eclesiástico se encuentra en un período tan cercano a su propio tiempo que la tesis es críticamente sostenible,. El Papa San Pío X en 1904 y el Concilio Vaticano II en 1963 elogiaron el Canto Gregoriano, reconociéndolo como propio de la liturgia romana y dándole el primer lugar en los servicios litúrgicos,.
Gregorio también introdujo algunas alteraciones en la liturgia y el ceremonial de la Misa. Por ejemplo, insertó las palabras «Y dispón nuestros días en tu paz, y manda que seamos preservados de la condenación eterna, y que seamos contados en el rebaño de tus elegidos» en el Canon de la Misa. También alteró la posición del Padrenuestro, haciéndolo decir inmediatamente después del canon, basándose en la costumbre apostólica de consagrar la ofrenda a esa oración solamente,.
Expansión del cristianismo
Uno de los trabajos religiosos en Occidente que más conmovió el corazón de Gregorio fue la conversión de Inglaterra. Seleccionó una banda de cuarenta misioneros de su propio monasterio de San Andrés, bajo el liderazgo de Agustín, a quien envió a evangelizar a los anglosajones,. El éxito de esta misión fue considerado por Gregorio como el mayor triunfo de su vida. El Venerable Beda afirmó: «Si Gregorio no es un apóstol para otros, es uno para nosotros, porque nosotros somos el sello de su apostolado en el Señor».
Gregorio también dio sabias directrices para asegurar que la conversión de nuevas naciones no se realizara sin tener en cuenta sus propias tradiciones culturales,. Aconsejó a Agustín de Canterbury que seleccionara cuidadosamente lo que encontrara más agradable a Dios en las Iglesias romana o gala, o en cualquier otra, e introdujera en la Iglesia de los Anglos, aún nueva en la fe, lo que pudiera recoger de muchas Iglesias. Argumentó que no se deben amar las cosas por los lugares, sino los lugares por las cosas, y que se deben elegir de cada Iglesia las cosas piadosas, religiosas y correctas, para plantarlas en las mentes de los anglos para su uso.
Gobierno y administración
Como Papa, Gregorio asumió iniciativas que antes eran responsabilidad del gobierno bizantino, el cual había fallado en abordar las emergencias sociales y económicas en Italia y Roma, asoladas por calamidades naturales e invasiones lombardas. Se le considera el «verdadero padre» del papado medieval, fortaleciendo la posición de la Sede Romana.
Defensa de Roma: Ante las agresiones de los lombardos, Gregorio organizó las defensas de Roma y prestó asistencia a otras ciudades. En 593, cuando el ejército lombardo de Agilulfo apareció ante los muros de Roma, fue el propio Gregorio quien salió a entrevistarse con el rey lombardo, logrando que retirara su ejército y dejara la ciudad en paz mediante su personalidad y la promesa de un tributo anual.
Caridad y asistencia social: Gregorio fue un «ideal terrateniente papal», asegurando que sus arrendatarios prosperaran y estuvieran contentos. Sus vastas obras de caridad, que adoptaron la forma de ayuda estatal, salvaron a multitudes de la hambruna en ese período de angustia. Gastó grandes sumas en el rescate de cautivos de los lombardos y llenó los graneros de Roma ante la amenaza de escasez de grano, manteniendo una lista regular de los pobres a quienes se les hacían donaciones periódicas.
Justicia y trato a los judíos: Su sentido de la justicia se manifestó en su trato ilustrado hacia los judíos, a quienes no permitió que fueran oprimidos ni privados de sus sinagogas. Decretó que debían ser ganados por la mansedumbre y la caridad, no por la coerción.
Relación con Constantinopla: Durante su pontificado, Gregorio estuvo en conflicto constante con Constantinopla, tanto con el emperador como con el patriarca. Protestó contra las exacciones de los funcionarios bizantinos y mantuvo una acalorada correspondencia con Juan el Ayunador, Patriarca de Constantinopla, sobre el título de «Ecumenico» o «Universal» que este había asumido,. Gregorio consideró este título como un signo de arrogancia y, por su parte, prefirió el título de Servus servorum Dei (Siervo de los siervos de Dios), que todavía conservan sus sucesores,.