Un clérigo inglés al servicio de la corte danesa
Los relatos hagiográficos vinculan a san Guillermo con Inglaterra y con la corte de Canuto, presentándolo como presbítero inglés y capellán del rey. El motivo decisivo del cambio interior aparece en la compasión: durante un viaje hacia Dinamarca, Guillermo contempló la ignorancia religiosa, la idolatría y la superstición en las que vivían muchos daneses, y decidió permanecer para anunciar a Cristo y su Evangelio.
Este paso -del acompañamiento cortesano a la permanencia misionera- explica el tono pastoral de su memoria: la tradición no subraya una mera «cronología biográfica», sino un itinerario espiritual orientado a la evangelización y a la reforma de costumbres.
Obispo de Roskilde y reforma moral
La memoria de san Guillermo sitúa buena parte de su actividad en un empeño constante por reformar la conducta del rey en aspectos concretos de justicia y disciplina eclesial.
Los relatos lo presentan como un obispo que afrontó con valentía al rey Sven (Svend) Estridsen, cuando el poder civil quebró gravemente las exigencias de respeto a la Iglesia. Una tradición especialmente conocida narra que el rey ordenó la muerte de algunas personas sin juicio y dentro del ámbito sagrado de una iglesia. El santo salió al encuentro al día siguiente a la entrada del templo y prohibió al rey entrar hasta que purificara sus manos de la sangre injustamente derramada.
La escena alcanza un dramatismo característico de la hagiografía medieval: los cortesanos sacaron espadas, pero Guillermo ofreció el cuello, dispuesto a morir para defender a la Iglesia de Dios. El rey reconoció públicamente el crimen, y más tarde ofreció tierras a la Iglesia de Roskilde como reparación y gesto de paz.
Cercanía y colaboración con el soberano
Lejos de una oposición meramente destructiva, la tradición describe también una afectuosa relación entre Guillermo y el rey. Durante años, el santo y el soberano arrepentido colaboraron para promover la causa religiosa. Tras la muerte del rey, la hagiografía describe la disposición de los restos del monarca y la conexión con los tiempos del culto en Roskilde: el cuerpo del rey se enterró temporalmente en el monasterio de Ringsted, mientras se preparaba la catedral de Roskilde; al mismo tiempo, se preparó la tumba del propio san Guillermo. La narración añade un gesto final de encuentro: durante el traslado del cuerpo del rey desde Ringsted hacia Roskilde, Guillermo sale a recibirlo y muere al aproximarse su llegada, de modo que ambos terminaron siendo llevados juntos a la sepultura.
Este cierre refuerza una idea teológica: la reforma cristiana no nace del miedo, sino de la verdad que convierte; la fidelidad pastoral del obispo busca el bien del pecador y la reconciliación con Dios y con la Iglesia.