La deposición de Celidonio
El conflicto comenzó con la actuación de Hilario contra Celidonio, obispo de Besançon. Hilario lo depuso alegando impedimentos canónicos relacionados con su matrimonio anterior y con el ejercicio de una función pública que había implicado la aprobación de una condena a muerte. Celidonio apeló a Roma y presentó allí su causa.,
Al mismo tiempo, Hilario intervino en la situación de Projecto, otro obispo enfermo cuya sede había administrado como si estuviera vacante. Cuando Projecto recuperó la salud, también recurrió al papa. León Magno convocó un sínodo romano hacia 445, restauró a Celidonio y devolvió a Projecto su sede.
La cuestión canónica
El problema no consistía únicamente en la culpabilidad o inocencia de Celidonio. También estaba en juego quién poseía la competencia última para juzgar a un obispo y hasta dónde llegaban las facultades de un metropolitano.
Hilario entendía que los asuntos de la Galia debían resolverse ordinariamente mediante procedimientos episcopales galos y que un obispo metropolitano podía actuar dentro de su provincia. León Magno, por su parte, defendió el derecho de la sede romana a recibir apelaciones y revisar decisiones episcopales. La delimitación de estas competencias todavía no había adquirido la precisión jurídica que alcanzaría en épocas posteriores.,
Desde una perspectiva canónica, el episodio revela una etapa de consolidación de tres principios relacionados:
- La autoridad del metropolitano sobre las diócesis de su provincia.
- El derecho de apelación a la sede romana.
- La función del papa como instancia superior de revisión y garante de la disciplina eclesial.
La práctica jurídica del siglo V no aplicaba estos principios mediante un sistema completamente uniforme. Las competencias metropolitanas, los privilegios históricos de las sedes y las intervenciones pontificias podían superponerse. Esta falta de precisión explica buena parte de la tensión entre Hilario y León.,
Las medidas de León Magno
Tras el sínodo romano, León privó a Hilario de sus derechos metropolitanos sobre otras provincias galas y limitó su jurisdicción a la diócesis de Arlés. Además, favoreció la independencia de la Iglesia de Vienne respecto de Arlés y respaldó estas decisiones mediante un decreto del emperador Valentiniano III, fechado el 8 de julio de 445.
La documentación antigua habla también de una excomunión de Hilario y de la transferencia de algunas prerrogativas de Arlés a otras sedes. Sin embargo, la escasez y complejidad de los testimonios impiden reconstruir con absoluta seguridad cada fase del procedimiento y sus efectos prácticos. La tradición histórica antigua reconoce que el conflicto tuvo causas institucionales y no permite reducirlo a una simple rebelión personal del obispo de Arlés.
Reconciliación
La ruptura no permaneció abierta hasta la muerte de Hilario. Después del conflicto, la relación entre ambos obispos mejoró. León Magno calificó a Hilario de beatae memoriae, expresión honorífica que manifiesta una valoración positiva de su memoria. Tras la muerte de Hilario, el papa mantuvo una relación cordial con su sucesor, Ravenio.
En 450, León restituyó a Arlés buena parte de la autoridad que había perdido. Vienne conservó jurisdicción sobre Vienne, Valence, Tarentaise, Ginebra y Grenoble, mientras que las restantes iglesias de la provincia quedaron bajo la autoridad del obispo de Arlés.