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San Honorio

San Honorio de Canterbury fue el quinto arzobispo de Canterbury y uno de los principales continuadores de la misión cristiana iniciada por san Agustín entre los anglosajones. De origen romano y formado en el ambiente monástico vinculado a san Gregorio Magno, gobernó la Iglesia de Canterbury desde aproximadamente 627 hasta su muerte, el 30 de septiembre de 653. Su episcopado consolidó la organización eclesiástica en el sur de Inglaterra, impulsó la evangelización de Anglia Oriental y ofreció apoyo decisivo a varios obispos durante los conflictos políticos y religiosos del siglo VII.1

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreSan Honorio
CategoríaPersona
DescripciónInglaterra del siglo VII, misión cristiana anglosajona
TítuloArzobispo de Canterbury
Cargo EclesiásticoArzobispo de Canterbury
Lugar de NacimientoRoma
Fecha de Muerte653-09-30
NacionalidadRomano
Atributosvestiduras pontificales, báculo, palio
Autoridad EclesiásticaPapa Honorio I
Fecha de Celebración30 de septiembre
Fin del Cargo Eclesial653
ImportanciaConsolidó la Iglesia inglesa y expandió la evangelización en Anglia Oriental
InfluenciaPreparó la estructura episcopal autóctona y fortaleció la sede de Canterbury
Inicio del Cargo Eclesial627
Lugar de SepulturaIglesia de los Santos Pedro y Pablo, Canterbury
Miembro deMonje
Representaciónrepresentado con atributos episcopales
TipoSanto

Tabla de contenido

Identidad y nombre

El santo recibe habitualmente el nombre de Honorio de Canterbury para distinguirlo de otros personajes homónimos, especialmente del papa Honorio I, que ocupó la sede romana entre 625 y 638. La forma latina de su nombre es Honorius. No debe confundirse tampoco con san Honorato de Arlés, obispo de la Galia y fundador del monasterio de Lérins, ni con Honorio de Autun, escritor teológico del siglo XII.1,2,3

La tradición litúrgica inglesa conmemora a san Honorio el 30 de septiembre, fecha de su muerte. La Congregación de Ritos aprobó en 1883 su inclusión en el suplemento del breviario destinado a Inglaterra. También figura en el Martirologio Romano y recibe culto particular en algunas diócesis inglesas.1,4

Origen y formación

Honorio nació en Roma y abrazó la vida monástica. Las noticias antiguas lo relacionan con san Gregorio Magno, papa entre 590 y 604, promotor de la evangelización de los pueblos anglosajones. La documentación conservada no permite precisar con absoluta seguridad el momento exacto de su llegada a Britania. Algunas tradiciones lo incluyen entre los compañeros de san Agustín que partieron en la primera expedición; otras lo relacionan con el grupo de misioneros enviado por Gregorio en 601.1,4

La misión gregoriana comenzó con una preparación previa en Roma. En 596, san Gregorio envió a san Agustín y a un grupo de monjes para anunciar el Evangelio a los anglos. Los misioneros llegaron a Britania en 597, no en 596. El año 596 corresponde al envío de la expedición, mientras que el desembarco tuvo lugar al año siguiente. En 601, el papa mandó refuerzos y concedió a Agustín, ya obispo, el palio, signo de su autoridad metropolitana.5,6

Esta cronología permite situar correctamente la posible participación de Honorio. Si perteneció al primer grupo, habría llegado en 597; si formó parte de la segunda expedición, habría alcanzado Inglaterra en 601. Ninguna de las dos posibilidades posee una certeza histórica absoluta. La tradición coincide, sin embargo, en presentarlo como miembro de la empresa misionera inspirada por san Gregorio Magno.1,4

Arzobispo de Canterbury

Elección y consagración

Honorio fue elegido arzobispo de Canterbury después de la muerte de san Justo, cuarto sucesor de san Agustín. La elección tuvo lugar aproximadamente en 627. San Paulino, obispo de York y entonces el único obispo inglés en condiciones de conferirle la consagración episcopal, lo consagró en Lincoln en 628, según la cronología tradicional. La fecha exacta de la elección y de la consagración presenta cierto margen de incertidumbre, pero la muerte de Honorio el 30 de septiembre de 653 está sólidamente transmitida.1

Honorio ocupó el quinto lugar en la sucesión de los arzobispos de Canterbury iniciada por san Agustín. Su designación tuvo lugar durante una etapa delicada para la Iglesia inglesa. La evangelización había obtenido importantes avances en Kent, Essex y Northumbria, pero la estabilidad de las comunidades cristianas dependía todavía en gran medida de la protección de los reyes y de la continuidad de los obispos.7,1

El palio y la autonomía de la Iglesia inglesa

El papa Honorio I envió a su homónimo de Canterbury el palio, vestidura litúrgica propia de los arzobispos metropolitanos. Junto con el palio, remitió una carta en la que autorizaba una solución práctica para la sucesión episcopal.

La distancia entre Roma y Britania dificultaba los viajes necesarios para solicitar la consagración de un nuevo arzobispo. Por ello, el papa concedió que, cuando quedara vacante la sede de Canterbury o la de York, el arzobispo superviviente pudiera consagrar al sucesor legítimamente elegido de la otra sede. La disposición no eliminaba la comunión con Roma; facilitaba el gobierno ordinario de la Iglesia inglesa manteniendo la referencia a la autoridad apostólica.8

La carta papal exhortaba a Honorio a perseverar en la predicación del Evangelio y en la observancia de la regla recibida de san Gregorio Magno. El documento presenta el ministerio episcopal como una tarea de evangelización, disciplina eclesial y formación de nuevos pastores.8

La evangelización de Anglia Oriental

El acto más conocido del episcopado de san Honorio fue la promoción de la misión de san Félix de Dunwich entre los anglos de Anglia Oriental. Honorio consagró a Félix como obispo y lo envió a anunciar la fe cristiana en aquella región. La misión obtuvo resultados duraderos y contribuyó a la expansión de la Iglesia fuera de los territorios originariamente vinculados a Kent.1,4

La intervención de Honorio muestra que su labor no quedó limitada a la administración de Canterbury. El arzobispo comprendió que la consolidación de la Iglesia exigía crear nuevas sedes, formar clero y enviar obispos capaces de evangelizar comunidades todavía ajenas al cristianismo. La consagración de Félix constituye, por tanto, una de las expresiones más claras de su responsabilidad misionera.

Félix fue sucedido en Anglia Oriental por el diácono Tomás, originario de Mercia, a quien Honorio también consagró obispo. Más tarde, alrededor de 652, Honorio consagró a Beretgils, llamado también Bonifacio en algunas tradiciones, como sucesor de Tomás. Estas decisiones contribuyeron a mantener la continuidad episcopal de la Iglesia de Anglia Oriental.1,4

Apoyo a san Paulino y reorganización de Rochester

La derrota y muerte del rey Edwin de Northumbria en 633 provocaron una grave crisis política y religiosa. La destrucción del poder northumbrio favorable al cristianismo obligó a san Paulino a abandonar York. Honorio acogió a Paulino y le confió la sede de Rochester, en Kent. De este modo, evitó que un obispo de gran experiencia misionera quedara sin cargo y aseguró su continuidad al servicio de la Iglesia.1,4

San Paulino murió en 644. Honorio consagró entonces como sucesor suyo a san Ithamar, natural de Kent. Ithamar fue el primer obispo inglés de Rochester, hecho que refleja el proceso gradual de integración del clero local en la estructura episcopal naciente. La Iglesia ya no dependía exclusivamente de misioneros romanos o continentales: comenzaba a formar pastores procedentes de las propias comunidades evangelizadas.1,4

Gobierno pastoral

Las fuentes describen a Honorio como un arzobispo diligente, dedicado a sus responsabilidades pastorales y fiel a la tradición espiritual recibida de san Gregorio Magno. Su actuación combinó varios aspectos:

  • Consolidación institucional, mediante la continuidad de las sedes episcopales.
  • Evangelización, especialmente a través del envío de san Félix a Anglia Oriental.
  • Formación de un episcopado local, como muestra la consagración de san Ithamar.
  • Acogida de obispos perseguidos o desplazados, como ocurrió con san Paulino.
  • Coordinación entre Canterbury y York, favorecida por el privilegio concedido por el papa Honorio I.1,8

El episcopado de Honorio duró aproximadamente veinticinco años. Durante ese periodo, la Iglesia inglesa afrontó alternancias políticas, reacciones paganas y conflictos entre diferentes tradiciones eclesiales. Honorio no destacó por la producción de tratados teológicos conservados, sino por una labor pastoral y organizativa que permitió a la misión cristiana sobrevivir y avanzar en un contexto inestable.4

Contexto de la misión cristiana en Inglaterra

La misión de san Honorio formó parte de un proceso más amplio de cristianización de los pueblos anglosajones. La presencia cristiana en Britania era anterior a la llegada de los anglos, sajones y jutos, pero la organización de una Iglesia destinada específicamente a evangelizar a los nuevos reinos comenzó con la iniciativa de san Gregorio Magno.

La expedición de san Agustín llegó en 597 y obtuvo el apoyo del rey Etelberto de Kent. En 601 llegaron nuevos ministros de la Palabra, entre ellos, según la relación cronológica tradicional, Paulino. En 604, los sajones orientales recibieron el bautismo bajo el reinado de Saeberht, mientras san Mellito ejercía como obispo. Estos acontecimientos crearon la red inicial de sedes y comunidades dentro de la cual Honorio desarrollaría más tarde su ministerio.5,6

La evangelización no avanzó de forma lineal. La muerte de reyes cristianos podía provocar reacciones paganas y el abandono temporal de las sedes episcopales. La crisis de Northumbria después de 633 constituye un ejemplo de esa fragilidad. En este escenario, el gobierno de Honorio contribuyó a conservar la continuidad de la Iglesia en Kent y a sostener la expansión hacia otras regiones.7,1

Muerte y sepultura

Honorio murió el 30 de septiembre de 653. La Iglesia de Canterbury lo sepultó junto a sus predecesores en la iglesia de los Santos Pedro y Pablo, fundada por san Agustín. El lugar, relacionado con la posterior abadía de San Agustín, acogió los restos de varios de los primeros arzobispos de Canterbury.1,4

Su culto quedó vinculado principalmente a Canterbury y a varias diócesis inglesas. La celebración litúrgica del 30 de septiembre recuerda a un obispo misionero que trabajó en la etapa fundacional de la Iglesia inglesa y que murió cuando las estructuras cristianas comenzaban a adquirir mayor estabilidad.

Canonización y culto

La veneración de san Honorio pertenece al culto tradicional de los primeros evangelizadores de Inglaterra. La Iglesia lo reconoce como obispo y confesor, título que expresa el testimonio de una vida cristiana ejemplar sin atribuirle el martirio. Su memoria litúrgica aparece asociada al 30 de septiembre.1,4

La tradición inglesa lo contempla junto a san Agustín, san Justo, san Paulino, san Félix y otros pastores que participaron en la restauración y expansión de la fe cristiana en Britania. Su importancia no depende de una obra literaria extensa, sino de la eficacia pastoral de sus decisiones y de su papel en la transmisión de la fe a las nuevas generaciones de cristianos ingleses.

San Honorio de Canterbury y el papa Honorio I

La coincidencia de nombre ha provocado confusiones. San Honorio de Canterbury fue un arzobispo misionero de origen romano que murió en 653. Honorio I fue papa entre 625 y 638 y envió a Canterbury el palio y la carta que regularizó la sucesión entre las sedes de Canterbury y York. El santo de Canterbury recibió precisamente su autoridad metropolitana del pontífice homónimo.1,8,9

La expresión «san Honorio» aplicada a este artículo designa exclusivamente al arzobispo de Canterbury. El papa Honorio I no recibe culto como santo en la Iglesia católica. Además, la controversia teológica relacionada con el papa Honorio I pertenece a la historia de la cristología del siglo VII y no a la biografía del arzobispo de Canterbury.

La controversia monotelita y el papa Honorio I

Naturaleza del monotelismo

El monotelismo fue una doctrina cristológica del siglo VII que afirmaba que Cristo poseía una sola voluntad. Su finalidad inicial consistía en favorecer la reconciliación con grupos monofisitas, pero la fórmula comprometía la integridad de la humanidad de Jesucristo. La doctrina católica enseña que Cristo posee una naturaleza divina y una naturaleza humana completas, unidas en la única Persona del Verbo. Por ello, posee también una voluntad divina y una voluntad humana.10,11

La doctrina católica no entiende las dos voluntades como una oposición interior en Cristo. La voluntad humana de Jesús actúa en perfecta armonía y subordinación a la voluntad divina. El Tercer Concilio de Constantinopla, celebrado entre 680 y 681, definió que en Cristo existen dos voluntades naturales y dos operaciones naturales, sin confusión ni división, y condenó la doctrina de una sola voluntad o una sola operación.12,13

Responsabilidad histórica de Honorio I

El papa Honorio I intervino en la controversia a raíz de las consultas del patriarca Sergio de Constantinopla. La documentación teológica posterior juzgó que sus respuestas no defendieron con suficiente claridad la existencia de una voluntad humana natural en Cristo. El problema consistió, en parte, en que Honorio interpretó la cuestión como una afirmación de armonía moral entre la voluntad humana y la divina, mientras los monotelitas utilizaban la expresión «una voluntad» en sentido ontológico, es decir, como negación de una voluntad humana real.10,14

El Tercer Concilio de Constantinopla condenó el monotelismo y también incluyó a Honorio I entre las personas censuradas por su contribución al mantenimiento del error. Esta condena pertenece al papa Honorio I, no a san Honorio de Canterbury. La homonimia no permite atribuir al arzobispo inglés una controversia en la que no participó.

Infalibilidad pontificia y responsabilidad personal

La controversia de Honorio I requiere distinguir cuidadosamente entre la infalibilidad pontificia y la responsabilidad personal de un papa en sus escritos, decisiones o silencios.

La infalibilidad pontificia no significa que cada afirmación de un papa, cada carta privada o cada decisión prudencial carezca de error. La Iglesia atribuye infalibilidad al papa únicamente cuando proclama de modo definitivo, en virtud de su autoridad apostólica, una doctrina de fe o de moral que debe sostener toda la Iglesia. Una intervención que carece de esas condiciones no constituye una definición infalible.

Las cartas de Honorio I a Sergio no fueron una definición dogmática solemne dirigida a toda la Iglesia. La controversia posterior mostró que sus expresiones resultaron insuficientes y pudieron favorecer la difusión del monotelismo. La responsabilidad personal del pontífice radicó en no haber protegido con claridad suficiente la doctrina de las dos voluntades de Cristo y en haber contribuido, por acción u omisión, a la confusión doctrinal. El hecho no convierte aquellas cartas en una enseñanza papal infalible ni demuestra un fallo de la infalibilidad pontificia.14,12,13

La distinción también impide trasladar la responsabilidad del papa Honorio I a san Honorio de Canterbury. El arzobispo inglés vivió y ejerció su ministerio en el ámbito misionero de Canterbury; no fue el autor de las cartas controvertidas ni el objeto de la condena conciliar vinculada al monotelismo. El santo tratado en este artículo murió en 653, mientras la definición conciliar contra la doctrina monotelita tuvo lugar casi tres décadas después, en 680-681.1,12

Significado eclesial

San Honorio de Canterbury representa la segunda generación de la evangelización anglosajona. San Agustín inició la misión; sus sucesores tuvieron que consolidar comunidades, superar crisis políticas, integrar clero local y extender la fe a nuevos reinos. Honorio desempeñó esa tarea con una combinación de fidelidad a la tradición romana y adaptación a las circunstancias de la Iglesia inglesa.

Su actuación manifiesta que la evangelización no termina con la primera predicación. Requiere también:

  • formar obispos y sacerdotes;
  • asegurar la sucesión apostólica;
  • establecer vínculos entre las Iglesias locales;
  • atender a los pastores perseguidos;
  • mantener la unidad eclesial en épocas de inestabilidad;
  • transmitir la fe mediante instituciones duraderas.

El envío de san Félix, la acogida de san Paulino y la consagración de san Ithamar resumen las principales dimensiones de su ministerio. Honorio fue, ante todo, un constructor de continuidad eclesial en una Iglesia todavía joven.

Representación y memoria

La iconografía específica de san Honorio de Canterbury no posee una difusión comparable a la de otros santos ingleses, como san Agustín, san Beda o san Edmundo. Habitualmente aparece representado con los atributos propios de un arzobispo: vestiduras pontificales, báculo y palio. Su imagen recuerda su condición de pastor de Canterbury y continuador de la misión gregoriana.

La memoria de san Honorio permanece unida a la historia de la Iglesia inglesa del siglo VII. La fecha del 30 de septiembre conserva el recuerdo litúrgico de un obispo que dedicó su vida a consolidar la fe cristiana en Inglaterra y a promover la misión entre los anglos orientales.

Legado

El legado de san Honorio de Canterbury puede resumirse en cuatro aspectos principales:

  1. Continuidad de la misión de san Gregorio Magno, mediante la conservación de la tradición misionera romana.
  2. Fortalecimiento de Canterbury, sede metropolitana de la Iglesia inglesa.
  3. Expansión territorial del cristianismo, especialmente por medio de la misión de san Félix en Anglia Oriental.
  4. Formación de un episcopado autóctono, representado por san Ithamar y por otros obispos vinculados a las comunidades inglesas.1,4

San Honorio murió antes de que la Iglesia inglesa alcanzara la plena estabilidad que lograría en décadas posteriores. Sin embargo, sus decisiones prepararon el terreno para ese desarrollo. La tradición católica lo venera como un pastor fiel, un obispo misionero y un servidor de la unidad de la Iglesia.

Citas y referencias

  1. San Honorio. Enciclopedia Católica, San Honorio (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18
  2. San Honorato. Enciclopedia Católica, San Honorato (1913).
  3. Honorio de Autún. Enciclopedia Católica, Honorio de Autún (1913).
  4. San Honorio, arzobispo de Canterbury (a. D. 653), Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Volumen III, 699 (1990). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11
  5. Beda el Venerable. Historia eclesiástica de Inglaterra - Libro V, 83 (1912). 2
  6. Historia eclesiástica de Inglaterra de Beda, Beda. Historia eclesiástica de Inglaterra de Beda, 1 (1907). 2
  7. Beda el Venerable. Historia eclesiástica de Inglaterra - Libro I, 11 (1912). 2
  8. Beda el Venerable. Historia eclesiástica de Inglaterra - Libro II, 52 (1912). 2 3 4
  9. Papa Honorio I. Enciclopedia Católica, Papa Honorio I (1913).
  10. Monotelismo y monotelitas. Enciclopedia Católica, Monotelismo y Monotelitas (1913). 2
  11. La encarnación. Enciclopedia Católica, La encarnación (1913).
  12. Tercer concilio de Constantinopla (a. D. 680-681) - Sesión VIII - Extractos de los actos, Documento conciliar. Tercer Concilio de Constantinopla (a. D. 680-681), Sesión VIII - Extractos de los actos (680). 2 3
  13. Papa Juan Pablo II. Audiencia General del 23 de marzo de 1988, 3 (1988). 2
  14. Monotelismo, Edward G. Farrugia. Diccionario enciclopédico del Oriente cristiano, Monotelismo (2015). 2
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