Ireneo nació en Asia Menor, probablemente en Esmirna (actual Izmir, Turquía), alrededor del año 135-140 d.C.1 Durante su juventud, fue discípulo del obispo San Policarpo de Esmirna, quien a su vez había sido discípulo directo del Apóstol San Juan1,2. Esta conexión con la tradición apostólica fue crucial para la autoridad de Ireneo en sus escritos y enseñanzas2.
No se sabe con exactitud cuándo se trasladó de Asia Menor a la Galia, pero su llegada coincidió con el crecimiento de la comunidad cristiana en Lyon1. En el año 177 d.C., Ireneo ya era presbítero en Lyon1,3. En ese mismo año, fue enviado a Roma con una carta de la comunidad de Lyon al Papa Eleuterio, en relación con la controversia del montanismo1,2. Esta misión a Roma lo salvó de la persecución de Marco Aurelio, que resultó en el martirio de al menos 48 cristianos en Lyon, incluido el obispo Pontino, de 90 años, quien murió a causa de los maltratos en prisión1.
A su regreso a la Galia, Ireneo fue nombrado obispo de Lyon, sucediendo al mártir San Pontino2,3,1. Durante su episcopado, que duró aproximadamente veinte años en un período de relativa paz, Ireneo dedicó sus esfuerzos tanto a sus deberes pastorales como a la labor misionera3,2. Se dice que envió misioneros a Valence (Santos Félix, Fortunato y Aquileo) y a Besançon (Santos Ferrutius y Ferreolus)3. Para identificarse con su rebaño, se adaptó y llegó a hablar el idioma celta en lugar de su griego natal3.
En el año 190 o 191 d.C., Ireneo intercedió ante el Papa Víctor para que levantara la excomunión impuesta a las comunidades cristianas de Asia Menor que seguían la práctica cuartodecimana en la celebración de la Pascua2. La fecha exacta de su muerte es incierta, pero debió ocurrir a finales del siglo II o principios del siglo III2. Aunque existen testimonios aislados y posteriores, no es muy probable que haya terminado su vida con el martirio2. Su festividad se celebra el 28 de junio en la Iglesia Latina y el 23 de agosto en la Griega2.

