San Jacinto, cuyo nombre en polaco es Jacek, nació en 1185 en el castillo de Lanka, Kamin, en Silesia, Polonia (actualmente parte de Prusia)1. Proveniente de la noble familia Odrowaz, era pariente cercano de San Ceslao1.
Primeros años y vocación Dominica
Jacinto estudió en Cracovia, Praga y Bolonia, donde obtuvo los títulos de Doctor en Derecho y Divinidad1. A su regreso a Polonia, recibió una prebenda en Sandomir1. Su vida dio un giro decisivo cuando acompañó a su tío, Ivo Konski, obispo de Cracovia, a Roma1. Allí conoció a Santo Domingo de Guzmán, el fundador de la Orden de Predicadores, y en 1220, en Santa Sabina, Jacinto fue uno de los primeros en recibir el hábito de la recién establecida orden1.
Obra misionera
Después de su noviciado y profesión religiosa, San Jacinto fue nombrado superior de un pequeño grupo de misioneros enviados a Polonia1. En su camino, estableció un convento de su orden en Friesach, Carintia1. En Polonia, los nuevos predicadores fueron bien recibidos, y sus sermones tuvieron un gran impacto1. Jacinto fundó comunidades en Sandomir, Cracovia y Plocko, en la Vístula de Moravia1.
Su labor misionera se extendió por Prusia, Pomerania y Lituania1. Incluso cruzó el Mar Báltico para predicar en Dinamarca, Suecia y Noruega1. También llegó a la Rusia Roja, estableciendo comunidades en Lemberg y Haletz, y se adentró en Moscovia, fundando un convento en Dieff, llegando hasta las costas del Mar Negro1. Finalmente, regresó a Cracovia, que había establecido como el centro de sus operaciones1.
Aunque sus biografías tradicionales le atribuyen un alcance misionero vastísimo, que abarcaba desde Lituania hasta Escandinavia y el Mar Negro, los historiadores modernos señalan que muchos de estos relatos «participan más de la naturaleza de una saga que de un sobrio registro histórico»2. Sin embargo, es indudable que fue un gran misionero y que los Frailes Predicadores bajo su liderazgo lograron penetrar en diversas regiones, fundando numerosos prioratos2. Su trabajo fue crucial para reparar el daño causado a las misiones después de la invasión mongola en 12382.
Muerte y canonización
San Jacinto falleció el 15 de agosto de 1257 en Cracovia, después de asistir a Maitines y Misa y recibir los últimos sacramentos1. Antes de morir, exhortó a sus hermanos a valorar la pobreza, recordándoles que es el «testamento, el documento sellado, por el cual reclamamos la vida eterna»2. Fue canonizado por el Papa Clemente VIII en 15941,2. La Iglesia católica celebra su fiesta el 16 de agosto1.
Dios glorificó a su siervo con innumerables milagros, que llenan muchas páginas de los Acta Sanctorum1. Una porción de sus reliquias se encuentra en la iglesia dominica de París1.
