Origen y formación
Jacinto nació hacia 1183 o 1185 en Silesia, región vinculada históricamente con Polonia y situada entonces en el ámbito político y cultural de Europa central. Su padre fue Eustacio Konski, miembro de la familia Odrowąż. Recibió una formación intelectual extraordinaria para su tiempo, con estudios en Cracovia, Praga y Bolonia. En Bolonia obtuvo los grados de Derecho y Teología.,
Tras regresar a su tierra, recibió un beneficio eclesiástico en Sandomir y fue incorporado al cabildo de la catedral de Cracovia. Su trayectoria inicial combinó la preparación jurídica y teológica con el servicio pastoral y la administración eclesiástica. Más tarde acompañó a su tío, Ivo Odrowąż, obispo de Cracovia, durante un viaje a Roma.,
Encuentro con santo Domingo
En Roma, Jacinto conoció a santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores. La experiencia transformó su orientación vital. Hacia 1220 recibió en Santa Sabina el hábito dominicano junto con otros compañeros destinados a extender la nueva orden en Europa central y oriental. Después del noviciado profesó en la Orden de Predicadores y asumió la misión de llevar la predicación dominicana a Polonia.,
La elección de Jacinto respondía a sus cualidades intelectuales, a su conocimiento de las lenguas y realidades religiosas de la región y a su capacidad de organización. Santo Domingo lo designó para encabezar el grupo de frailes que debía establecer la orden en tierras polacas. El beato Ceslao y Enrique el Germánico formaron parte de aquella primera expansión dominicana.
Fundación de conventos en Europa central
Durante el viaje hacia Polonia, Jacinto fundó un convento dominicano en Friesach, en Carintia. La fundación permitió consolidar la presencia de los frailes predicadores en una zona estratégica para las comunicaciones entre Italia, Alemania, Bohemia y Polonia.
Al llegar a Polonia, la predicación dominicana obtuvo una acogida favorable. Jacinto fundó comunidades en Sandomir, Cracovia y Plock, y convirtió Cracovia en el principal centro de sus actividades misioneras. Los conventos no actuaban únicamente como lugares de vida religiosa: también servían como centros de predicación, formación, estudio y atención pastoral.
La expansión de la Orden de Predicadores respondía a una necesidad concreta de la Iglesia medieval: formar clérigos preparados para anunciar el Evangelio, combatir errores doctrinales y acompañar espiritualmente a poblaciones cristianas dispersas. En Jacinto, la predicación estuvo unida a la fundación de comunidades estables, capaces de mantener la evangelización después de la marcha del misionero.
Actividad misionera
La actividad de san Jacinto desbordó pronto los límites de Polonia. Recorrió Prusia, Pomerania y Lituania, y llegó hasta territorios vinculados con la Rus. También predicó en Dinamarca, Suecia y Noruega, tras cruzar el mar Báltico. Su itinerario incluyó además regiones de la Rus meridional y zonas próximas al mar Negro.,
En los territorios orientales fundó comunidades en lugares como Leópolis-la antigua Lemberg- y Halicz. La tradición dominicana también relaciona su actividad con la llegada de la predicación a regiones de la Rus y con el deseo de favorecer la unidad entre las Iglesias de Oriente y Occidente.
La extensión geográfica de su apostolado explica el sobrenombre de Apóstol del Norte. El título no alude a un cargo oficial, sino a la amplitud de su labor evangelizadora en las regiones septentrionales y orientales de Europa. Su actividad se desarrolló en un contexto de fronteras religiosas y políticas cambiantes, con comunidades cristianas de tradición latina y oriental, poblaciones todavía no evangelizadas y territorios expuestos a conflictos militares.
Regreso a Cracovia y muerte
Después de sus viajes misioneros, Jacinto regresó a Cracovia, que había convertido en el centro de sus operaciones. Allí continuó la vida dominicana, la predicación y el gobierno de las comunidades fundadas durante sus recorridos.
El 15 de agosto de 1257 participó en el oficio de maitines y en la celebración de la misa. Recibió los últimos sacramentos y murió en Cracovia con fama de santidad. La tradición hagiográfica atribuyó a su intercesión numerosos milagros, recogidos en las colecciones antiguas de vidas de santos.