Jacobo y Juan fueron apodados Boanerges, que significa «Hijos del Trueno», por Jesús mismo,. Este sobrenombre reflejaba su espíritu impetuoso y temperamento ardiente,. Un ejemplo de esto se vio cuando sugirieron a Jesús que hiciera descender fuego del cielo sobre una ciudad samaritana que se negó a recibirlos,. Sin embargo, Jesús les enseñó que la mansedumbre y la paciencia eran las armas de la evangelización.
Junto con San Pedro, Jacobo y Juan formaron un círculo íntimo de discípulos, siendo testigos de momentos cruciales en la vida de Jesús,,. Estuvieron presentes en la curación de la suegra de Pedro, la resurrección de la hija de Jairo, la Transfiguración de Jesús en el monte, y su agonía en el Huerto de Getsemaní,,. Estas experiencias, que abarcaron tanto la gloria divina como el sufrimiento humano de Cristo, fueron fundamentales para su crecimiento en la fe. La visión de la gloria del Señor en la Transfiguración y la confrontación con su humillación en Getsemaní le permitieron comprender que el Mesías no solo estaba rodeado de honor, sino también de sufrimiento y debilidad, y que la gloria de Cristo se consumaba en la Cruz.
Aunque en un principio, Jacobo y Juan, a través de su madre Salomé, buscaron sentarse a la derecha y a la izquierda de Jesús en su reino, aún sin comprender la naturaleza espiritual del mismo, Jesús les preguntó si estaban dispuestos a beber de su cáliz de sufrimiento,. Ellos respondieron afirmativamente, y Jesús les aseguró que, en efecto, compartirían sus sufrimientos,.