La reliquia y su comportamiento ritual
El elemento que hizo mundialmente conocido el nombre de San Jenaro es la licuefacción de una reliquia: una sustancia oscura, sólida y opaca que ocupa una parte de una pequeña ampolla de vidrio, sellada y conservada en un relicario metálico. En las celebraciones vinculadas al santo, la reliquia entra en contacto con la memoria del mártir -tradicionalmente cerca de su cabeza expuesta en el relicario- y entonces se produce el cambio descrito en la tradición.,
La descripción tradicional afirma que la sangre «se derrite» y «burbujea», como si acabara de ser vertida. Los relatos litúrgicos señalan la excepcionalidad del fenómeno y su repetición en fechas señaladas del año.,
Fechas destacadas en el calendario devocional
La devoción popular y eclesial asociada a Nápoles identifica momentos concretos en los que la reliquia suele presentar el cambio. La tradición describe tres referencias intensamente vinculadas al culto: el sábado anterior al primer domingo de mayo (fecha ligada a la llegada o establecimiento de los restos), el 19 de septiembre (fiesta del santo) y el 16 de diciembre (aniversario atribuido a la preservación de la ciudad frente a una erupción del Vesubio).,,
Celebración pública y plegaria de la ciudad
En esas jornadas, la catedral organiza una exposición solemne de los signos de la veneración. El relato tradicional describe la presencia de fieles y clero, el canto del Te Deum y la proclamación del cumplimiento del «milagro».
Además, la devoción neapolitana recuerda el papel de un grupo femenino venerado por su insistencia en la oración en tales ocasiones: las llamadas «tías de San Jenaro» (zie di San Gennaro), conocidas por su fervor cuando el cambio tarda en producirse.
Un fenómeno contemplado también con espíritu crítico
La tradición católica no ignora la existencia de dudas y de objeciones. En el ámbito católico, algunos autores históricos subrayan la necesidad de examinar el fenómeno con seriedad, sin convertirlo en un atajo presuntuoso de la fe. También señalan variaciones observadas en volumen, color, rapidez del cambio y circunstancias del acto de exposición, además de dificultades para una explicación puramente natural.,
A la vez, la lectura eclesial propone un criterio teológico: los milagros ligados a la Escritura poseen un estatuto distinto respecto a otros prodigios. La fe del cristiano no descansa de modo absoluto en fenómenos extraordinarios, y el discernimiento mantiene un puesto central para evitar una adhesión precipitada.